Las empresas de chips anuncian despidos y recortes de inversión para evitar más daños en Bolsa

El índice de semiconductores de Filadelfia se sitúa en los valores de hace dos años

El enfriamiento del consumo y el bloqueo a China golpean el negocio

Fábrica de chips en China.
Fábrica de chips en China.

El año 2021 se convirtió en un ejercicio dorado para las empresas de chips que contemplaron el diseño de diversos programas de ayudas públicas, destinados a elevar la producción de semiconductores, como un revulsivo para su actividad tras la escasez de este componente durante la pandemia, que desató todas las alarmas. El presente año parecía que iba a ser la materialización de aquellas promesas de abundancia, comenzando con la aprobación final de la ley de chips en EE UU y la promesa de un instrumento similar en Europa. Sin embargo, diversas turbulencias en el sector han hecho que, tras una espectacular subida en 2021, el índice bursátil de semiconductores de Filadelfia, donde están las empresas más relevantes, se halla situado de nuevo en los valores de octubre de 2020.

La caída en Bolsa de las empresas de chips está espoleada por una caída en ventas que parece no tener fin desde enero y por una acumulación de inventario. Según la Asociación de la Industria de Semiconductores de EE UU (SIA), las ventas globales en el tercer trimestre cayeron un 3% comparado con el mismo periodo de 2021 y un 6,3% frente al segundo trimestre de 2022. Y ambos problemas tienen al menos dos causas. Por un lado, el enfriamiento del consumo por la crisis inflacionaria, que se estima rebajará en 150 millones las ventas de teléfonos 5G y en un 13% las de PC, según datos, respectivamente, de Strategy Analytics y Gartner. Por otro lado, el bloqueo comercial del sector de semiconductores sobre China decretado por la Administración Biden dificulta las ventas de cualquier elemento de la cadena de valor a un país que supone, según SIA, el 34% del mercado global.

Los gigantes del sector están comenzando a adoptar medidas ante el sobrecalentamiento de la producción de semiconductores para evitar más daños en su valor bursátil. Intel anunció en octubre algún tipo de reducción de personal a lo largo del trimestre y Global Foundries hizo lo mismo hace unos días sin desvelar la fecha en que ejecutaría los despidos. Algunos de los planes de expansión pueden verse también recortados. Por ejemplo, TSMC ha anunciado que la futura fábrica de Kaohsiung se limitará a fabricar chips de 28 nanómetros, descartando incluir una línea de 7 nanómetros, y SK Hynix ha anunciado un recorte del 50% en inversiones en 2023. También empresas como Micron están recurriendo a recortar producción para aliviar el exceso de inventario.

Una de las escasas excepciones al panorama restrictivo del sector es ASML, el fabricante de las máquinas de producción de los chips más avanzados. La empresa, en su reunión con los inversores, confirmó hace unos días que continuará con su programa de crecimiento. La semana pasada, en una gira por Asia, su presidente anunció el establecimiento de nuevas plantas de manufactura de sus máquinas en Taiwán y Corea, donde TSMC y Samsung necesitan de las mismas para su particular rivalidad hacia la producción de chips de 3 y 2 nm.

La caída en ventas y la acumulación de inventario han penalizado sus cotizaciones este año

La coincidencia en el tiempo de la crisis de las grandes tecnológicas americanas con las caídas bursátiles y el replanteamiento de inversiones en el sector de los chips ha hecho establecer paralelismos. Pero es un caso diferente. La variación anual de la producción global de semiconductores ha tenido grandes fluctuaciones en su crecimiento en los últimos 35 años, si bien casi nunca han sido negativas.

Además, la expansión de la digitalización va a requerir que continúe el crecimiento de la producción de estos componentes. En la ya mencionada presentación a inversores de ASML, esta compartió su previsión de un 9% de incremento de la demanda de chips hasta 2030 en los mercados finales más significativos (PC, smartphones, centros de datos, industria, electrónica de consumo, telecomunicaciones y automoción). Ello hace pensar que, tras la liquidación de inventario excedente, el sector seguirá necesitando reforzar y aumentar su capacidad de producción.

Los inversores parecen compartir la visión optimista a largo plazo, presagiando un sector que continuará su crecimiento tras el leve ajuste. Una muestra de ello es que Berkshire Hathaway, el brazo inversor de Warren Buffett, desvelara el pasado martes una inversión de 4.000 millones en TSMC. Los analistas no prevén de momento grandes renuncias a inversiones ya anunciadas o la discontinuación brusca de los planes de expansión, ya que, además de la previsión de crecimiento de la demanda, existe el sentimiento de la necesidad de diversificar el origen de la producción para poder hacer frente, si fuera necesario, a futuras crisis geopolíticas, como la que enfrentan hoy EE UU y China, situando a Taiwán en el centro de la batalla.

Una llamada a una diversificación radical que es rechazada por las autoridades de Taiwán, que consideran que las inversiones en la isla no suponen un riesgo. Para reforzar su escudo de silicio, Taiwán elevó el pasado jueves los incentivos fiscales para atraer y retener inversiones en microelectrónica.

Las complicaciones en la industria ralentizan la diversificación de la producción

Solo las tres mayores empresas de chips (TSMC, Samsung e Intel) han comprometido ya inversiones en los próximos años por 300.000 millones de euros, en Taiwán, Corea, Japón y EE UU. Los próximos meses serán críticos para ver si las empresas del sector recuperan su fuerza y optimismo y las inversiones se extienden a otras latitudes definitivamente (Europa, India y Brasil) o si la producción sigue concentrada en la próxima década en las mismas áreas económicas que ahora.

Las inversiones en Europa van despacio

Ventajas. El ganador en la carrera de captación de inversiones en la Unión Europea es Alemania. Aprovechando las ventajas que da el marco de ayudas de Estado comunitario a las inversiones en la antigua Alemania del Este, Intel e Infineon se han comprometido a situar en el entorno de Dresde sendas fábricas. La primera con una inversión de 17.000 millones; la segunda, con 5.000 millones. TSMC también parece estar evaluando esta opción, aunque aún no habría tomado ninguna decisión. España está pugnando por entrar en la carrera y el pasado viernes Pedro Sánchez trató de convencer a Samsung para que abra una fábrica de chips en España. El presidente del Gobierno mantuvo un encuentro en Corea del Sur con el presidente de la tecnológica, que acordó que un equipo de la compañía viajará el próximo año a España, previsiblemente en el primer trimestre, para evaluar esa posibilidad.

Temores. Los expertos tienen dudas sobre la capacidad de Europa de captar inversiones. Los compromisos revelados en otras áreas económicas son ya cuantiosos y Europa puede haberse quedado sin mercado donde captar más inversiones relevantes. Existe también el temor a que una política agresiva de Europa para captar inversiones en el sector de semiconductores lleve a un enfriamiento de las relaciones comerciales globales con sus socios preferentes.

Necesidad de mejora. El Parlamento Europeo ha manifestado la necesidad de mejorar sustancialmente la Ley de Chips. Los parlamentarios no ven claras las cuentas que ha realizado la Comisión Europea para estimar un presupuesto de inversiones de 43.000 millones de euros. También es reacio a que el presupuesto se obtenga de reducir otras partidas destinadas a la I+D. Finalmente, existe entre los parlamentarios el temor de que solo los grandes Estados miembros puedan aprovechar las herramientas de captación de inversiones de la Ley.

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