Los fabricantes chinos de chips se preparan para una larga y dura guerra entre EE UU y China

Pierden en un día 7.700 millones de dólares de valor en Bolsa

Las excepciones al bloqueo evitan que Samsung y SK Hynix pongan reticencias

Empleados de  Semiconductor Manufacturing International Corp en rn una planta de Shanghái.
Empleados de Semiconductor Manufacturing International Corp en una planta de Shanghái.

Los principales fabricantes chinos de chips sufrieron este lunes un duro castigo en Bolsa. Perdieron 7.700 millones de dólares en una jornada negra que respondía a las nuevas restricciones impuestas por el Departamento de Comercio de EE UU el pasado viernes, que impiden suministrar a las compañías chinas ciertos semiconductores fabricados en cualquier parte del mundo con equipos estadounidenses, salvo que los vendedores obtengan permiso para ello, algo que se vislumbra poco probable.

El mayor fabricante de chips de China, Semiconductor Manufacturing Internacional Corp (SMIC), cayó un 4% en la Bolsa de Hong Kong (llegó a bajar hasta un 5,2%), mientras Hua Hong Semiconductor retrocedió un 9,4% y Shan­ghai Fudan Microelectronics, hasta un 24,6%. También se vieron penalizadas Naura Technology, que cayó un 10%; ACM Research Shanghai, que se desplomó un 19,99%, y Advanced Micro-Fabrication Equipment, que sufrió una caída del 19,40%.

El castigo bursátil es solo el reflejo de un nuevo capítulo de la guerra tecnológica que libran EE UU y China. El Departamento de Comercio de EE UU dijo el viernes que había agregado 31 compañías a su “lista” en un esfuerzo por dificultar que las empresas chinas fabriquen u obtengan chips de computadora avanzados fundamentales para las tecnologías de vanguardia. La Administración de Joe Biden busca obstaculizar aún más la industria de chips de China y, por tanto, la autosuficiencia tecnológica de este país, en un momento en que EE UU contempla con preocupación el avance de China en áreas clave como el 5G, la inteligencia artificial, la fabricación de superordenadores o conducción autónoma, importantes para el ámbito civil y militar.

“Las tensiones entre China y EE UU no van a disminuir (...). Tenemos que esperar que en el corto plazo se agreguen más a la lista”, señaló al Financial Times Dickie Wong, jefe de investigación de Kingston Securities en Hong Kong. Este periódico recordó ayer cómo las nuevas restricciones ya habían provocado que el índice de semiconductores de la Bolsa de Filadelfia cayera un 6% el viernes, tras advertir los analistas que los fabricantes chinos de chips sufrirán un duro golpe con las nuevas restricciones.

Antecedente

La situación recuerda a la sufrida por Huawei. El gigante tecnológico chino ha visto caer sus ingresos con fuerza desde 2020, cuando el Gobierno de Donald Trump le prohibió que utilizase tecnología estadounidense. Huawei no solo ha desaparecido del top 5 mundial de fabricantes de móviles, pese a haber peleado el primer puesto a Samsung, sino que ha perdido su posición líder en equipos de red, después de que EE UU presionara a Gobiernos de todo el mundo para que echaran a Huawei de sus redes 5G argumentando problemas de seguridad.

Ahora, la Administración de Biden prohíbe a los ciudadanos y empresas estadounidenses trabajar con productos chinos de semiconductores, salvo que reciban una aprobación específica. Y limitan estrictamente las exportaciones a China de herramientas y tecnologías de fabricación de chips que las empresas chinas podrían usar para desarrollar sus propios equipos.

Expertos consultados por CincoDías destacan que “el hecho de que el bloqueo impuesto por EE UU el pasado viernes no sea total, ya que permite exportar tecnología estadounidense a fábricas de chips establecidas en China que no sean propiedad de empresas de este país, está evitando que gigantes surcoreanos de la industria de semiconductores como Samsung y SK Hynix pongan reticencias, al menos por ahora”.

No obstante, estas dos empresas ya empezaron a revaluar sus inversiones en China el pasado agosto tras aprobar el Congreso de EE UU la Ley de Chips y Ciencia, que prohíbe a los beneficiarios de fondos federales expandir o actualizar su capacidad de chips avanzados en China en 10 años.

Aunque Szeho Ng, director gerente de China Renaissance, aseguró al FT que “para decirlo suavemente, [las empresas chinas] básicamente están volviendo a la Edad de Piedra”, las fuentes consultadas por este periódico se muestran convencidas de que las restricciones impuestas a las empresas chinas “afectarán al sector de chips en su conjunto” y no dudan en que el impacto de las mismas “ralentizarán la innovación a nivel global, puesto que afectarán tanto a EE UU como a China, las dos superpotencias tecnológicas”.

Ya en 2020, la Asociación de Industria de Semiconductores de EE UU ya alertó a Trump de que “los cambios bruscos en las regulaciones crearán incertidumbre para toda la industria tecnológica, pues los semiconductores son la base de la electrónica moderna, de las TI, de la nube, de la industria de defensa”. En este sentido, no hay que olvidar que el mercado chino representa casi una cuarta parte de la demanda mundial de chips, dado el impulso experimentado por los fabricantes chinos de electrónica de consumo y la población de este país.

TSMC, también cae

Este martes, los efectos de las nuevas restricciones se dejaron sentir también en las acciones de TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo por contrato, que se desplomaron un 8,3%. Y volvieron a golpear los títulos de SMIC, Hua Hong Semicondutor, Neura Technology, ACM Research Shanghai o Advanced Micro-Fabrication Equipment, que retrocedieron por segunda jornada consecutiva.

La sacudida también ha llegado al Nasdaq. A media jornada de hoy, las acciones de KLA Corporation, la empresa estadounidense que suministra herramientas para la industria de semiconductores, caían un 5%, después de trascender que iba a dejar de ofrecer su tecnología y servicios a clientes con fábricas en China, incluida la empresa surcoreana SK Hynix, el segundo mayor fabricante de chips de memoria del mundo, e Intel. KLA, que ya vió caer sus acciones un 5% el lunes, quiere cumplir la nueva regulación estadounidense.

Como indicó la consultora TrandForce el pasado sábado las nuevas restricciones anunciadas por Washington también afectarán a compañías no chinas como TSMC o las surcoreanas Samsung y SK Hynix, debido a su implantación en China. Además, este país es el mercado geográfico más grande para compañías como KLA, por ejemplo, que en su último año fiscal, finalizado en junio, le aportó 2.666 millones de dólares en ventas, casi el 30% de sus ingresos.

Taiwán cumplirá los nuevos controles de exportación

Controles. El Gobierno taiwanés aseguró este fin de semana que las empresas de semiconductores de Taiwán otorgan “una gran importancia” al cumplimiento de la ley y señaló que cumplirían con los nuevos controles de exportación establecidos por EE UU. Taiwán cuenta con el fabricante de chips por contrato más grande el mundo, Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC), un importante proveedor de empresas como Apple. TSMC se negó a valorar las nuevas reglas de EE UU, acogiéndose a que está en periodo de silencio antes de presentar sus resultados trimestrales esta semana.

Viaje político. La ministra de Economía de Taiwán, Wang Mei-hua, visitará EE UU esta semana para tratar diferentes cuestiones geopolíticas y sobre las cadenas de suministro. En su viaje planea visitar varias empresas tecnológicas estadounidenses que son clientes importantes de TSMC y otras firmas de semiconductores de Taiwán.

Subvenciones. Entre tanto se están produciendo curiosas subvenciones cruzadas entre países de la llamada alianza Chip4 (EE UU, Japón, Corea del Sur y Taiwán), que quieren construir una cadena de suministro de semiconductores. El último ejemplo lo pone Japón, que otorgará a Micron Technology un subsidio de hasta 320 millones de dólares para que pueda fabricar chips de memoria avanzados en su planta de Hiroshima.

Personal. Las empresas chinas están preocupadas por los intentos de Washington de prohibir que los ciudadanos estadounidenses trabajen para fabricantes de chips chinos. “Esto es una bomba más grande que impedirnos comprar equipos”, dijo al FT un ejecutivo de recursos humanos de un fabricante de semiconductores respaldado por el Estado.

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