Las constructoras confían en Lula para abolir la regla que limita el gasto público

Bolsonaro estableció que no podía crecer más que la inflación para no descuadrar las cuentas públicas.

Lula Da Silva celebra el domingo por la noche la victoria en las elecciones brasileñas.
Lula Da Silva celebra el domingo por la noche la victoria en las elecciones brasileñas.

La victoria de Lula Da Silva en las elecciones para elegir presidente en Brasil puede representar un punto de inflexión en las relaciones comerciales entre España y Brasil, deterioradas por la limitación del gasto público (solo puede crecer en la misma cuantía que la inflación del ejercicio anterior) impuesta por Jair Bolsonaro desde 2018, lo que redundó a su vez en una paralización de los planes de inversión en infraestructuras en un país que solo en la actualidad tiene en marcha obras para tres aeropuertos, 21 autopistas, 4 redes de ferrocarriles y 29 puertos en construcción a través del programa estatal de inversiones, conocido como PPI por sus siglas en portugués.

En cualquier caso, el nuevo presidente brasileño ha dejado claro que el mayor gasto irá acompañado de responsabilidad fiscal para evitar que la deuda pública o el déficit fiscal crezcan sin límites. Las últimas cifras, hechas públicas ayer, muestran que la diferencia negativa entre ingresos y gastos escaló un 9,7% en los nueve primeros meses de 2022 hasta los 58.525 millones de euros, un 9,7% más anual. Esa cira representa un 4,26% del PIB, ligeramente por debajo del 4,33 % que alcanzó en los nueve primeros meses de 2021.

Desde la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (Seopan) confían en que suprima el límite al gasto, algo que ya transmitieron en octubre de 2019, ya con Bolsonaro en el Gobierno, al ministro de Infraestructuras de Brasil, Tarcisio Gomes de Freitas, durante su visita a España para presentar el programa nacional de concesiones a las empresas españolas.

Barreras comerciales

Además de la flexibilización de la regla del gasto público, el programa económico con el que Lula compareció a las elecciones incluía un impulso para ratificar el apoyo de Brasil al acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur, organización económica formada por Brasil, Argentina, Paraguay e Uruguay, lo que serviría para reducir el excesivo proteccionismo de la economía local y sus trabas a la entrada de empresas españolas, recogidas por la Secretaría de Estado de Comercio en su portal sobre Barreras Comerciales.

Brasil es el tercer país por el tamaño de la cartera de activos y pasivos para Santander

Entre ellas destacan la preferencia en la adquisición de bienes y servicios de procedencia nacional para una licitación o concurso público, lo que provoca que los bienes y servicios extranjero pueden concurrir con precios un 25% superior, lo que supone una fuerte desventaja competitiva. El informe también critica “un opaco sistema de licencias automáticas y no automáticas para un gran número de productos”, entre los que destacan los productos agroalimentarios o químicos, que ocupan la primera y la tercera posición entre los más exportados desde España a Brasil.

Las relaciones económicas bilaterales alcanzaron el mayor hito en 2017, cuando Brasil se convirtió por primera vez en el tercer destino mundial de la inversión española, solo por detrás de EE UU y Reino Unido, con un stock acumulado de 41.124 millones de euros. Posteriormente fue superada por México. Grandes empresas españolas como Santander, Telefónica, ACS, Indra, Elecnor, Acciona, Iberdrola, Naturgy, Repsol o Gestamp, presentes desde hace muchos años en el mercado brasileño, confían en que Lula impulse la inversión pública ligada a los planes de crecimiento y que se eleve la participación privada en los planes de infraestructuras.

Es el cuarto mayor receptor de inversión española tras EE UU, Reino Unido y México

Otra de las claves será si esos planes de inversión servirán para cambiar la estanflación (estancamiento económico más inflación) a la que se dirige la economía brasileña. Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional auguran que el PIB cerrará este año con un crecimiento del 2,8% frente al 4,6% de 2021 y que el avance se ralentizará hasta el 1% en 2023.

Estanflación

Revertir esas previsiones será clave para Santander y Telefónica, las dos mayores empresas españolas con presencia en Brasil, cuyas cifras de negocio dependen en gran medida de la evolución del consumo interno y del ahorro de las familias en una coyuntura que se presume compleja.

La dirección de Telefónica ha mantenido siempre una excelente relación con Lula da Silva. Una prueba de ello fue la visita privada realizada por el mandatario brasileño a la sede central de la operadora en Madrid, en abril de 2011, pocos meses después de dejar la presidencia de Brasil. Lula fue recibido por el entonces presidente de la compañía, César Alierta; el consejero delegado, Julio Linares; y por José María Álvarez-Pallete, actual presidente y principal responsable, en aquel momento, de Telefónica Latinoamérica. En su visita al campus del Distrito C, Lula recibió de Alierta la Medalla de Oro TISA de manos del propio Alierta, y se reunió con los profesionales brasileños que trabajaban en la sede de la operadora. Durante esos días, Lula fue también el invitado estrella de la Conferencia con Inversores que Telefónica celebró en Londres, y en la que se expusieron las perspectivas de la compañía en Latinoamérica. Alierta, que en numerosas ocasiones viajó a Brasil para reunirse con Lula en su despacho presidencial, para explicar los diferentes planes de inversión en el país, también incorporó al consejo de administración de Telefónica al brasileño Luiz Fernando Furlan. El directivo había sido ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior entre 2003 y 2007, en el primer mandado de Lula.

El futuro de Telefónica en Brasil también está ligado a la evolución de las cifras microeconómicas. El pasado mes de abril cerró la compra de los activos de telefonía móvil de su competidora Oi. Con la transacción, incorporó cerca de 12,5 millones de clientes. En los resultados de los nueve primeros meses, la compañía comunicó que contaba con 97 millones de accesos, de los que 57 eran de contrato, mientras que ya contaba con 22,3 millones de clientes de fibra. Entre enero y septiembre, la facturación de la filial de la teleco creció un 8,8% anual hasta los 6.632 millones de euros, mientras que el beneficio neto cayó casi un 20% hasta los 550 millones de euros.

Santander también está muy pendiente de la evolución de la economía brasileña. Al cierre del tercer trimestre, la filial de Brasil rozaba los 58 millones de clientes (de los que 19,9 millones eran digitales) y tenía 54.000 empleados, 2.903 oficinas y obtuvo un beneficio de 2.027 millones de euros. Brasil es la filial internacional más rentable. En los nueve primeros meses de 2022, la filial brasileña obtuvo un resultado de explotación de 4.618 millones de euros, casi un 31% del ebitda logrado en todo el grupo. La aportación al beneficio ordinario atribuido a la sociedad dominante también fue relevante, con 2.325 millones, un 27% de los 8.654 millones logrados en el citado período.

En busca de alternativas limpias a la hidroeléctrica

Mix energético. El sector energético en Brasil es uno de los que posee mayor proporción de energías renovables tiene entre las economías desarrolladas, con un 46,1% del total. Un porcentaje que el Ejecutivo quiere que crezca todavía más para reducir la dependencia de la hidroeléctrica, que supone el 65% de la energía que produce el país.

Neoenergía. Es uno de los gigantes de las renovables en Brasil, controlado por Iberdrola, y cuenta con 15,9 millones de clientes y una capacidad instalada de 4,8 gigavatios en operación y otros 0,4 gigavatios en construcción. En los nueve primeros meses de 2022 ganó 732 millones de euros y facturó 5.755 millones. Solo en el tercer trimestre de este año ha invertido 1.367 millones de euros, un 12% más que en el mismo período de 2021.

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