El lanzagranadas económico de Estados Unidos para meter en cintura a Rusia y China

Más allá del poderío militar, Biden utiliza las presiones económicas para lograr fines estratégicos. Las restricciones a Pekín para la venta de chips o las sanciones a Moscú son algunas de ellas

El presidente de EE UU, Joe Biden, desembarca del Air Force One en el aeropuerto de Los Angeles
El presidente de EE UU, Joe Biden, desembarca del Air Force One en el aeropuerto de Los Angeles AFP

Estados Unidos tiene el ejército más fuerte del mundo y algunas de sus armas de alta tecnología más potentes, como los aviones furtivos y los cohetes de precisión, pero cada vez se apoya más en medidas económicas selectivas para lograr sus objetivos estratégicos. Y la nación ya no limita sus objetivos a países relativamente pequeños como Cuba, Irán, Corea del Norte y Venezuela.

"Antes, la mayoría de los países a los que se dirigían las sanciones de EE UU  no eran, casi por definición, grandes participantes en la economía mundial", dice Daniel Drezner, profesor de política internacional en la Universidad de Tufts. "Eso ha cambiado claramente".

El Gobierno de Biden respondió a la invasión de Ucrania por parte del presidente ruso Vladimir Putin no solo canalizando armas y más ayuda a Kiev, sino también presionando a los aliados para que impusieran sanciones al gobierno de Rusia. También utilizó la posición de EE UU en el centro de las finanzas mundiales para aislar a Rusia de los mercados de capitales y de las redes de transacciones, como el sistema de pagos SWIFT. Contra China, Estados Unidos está ejerciendo presión en múltiples frentes en un momento en el que las tensiones sobre Taiwán están aumentando.

En las próximas décadas, el poder vendrá menos de la acción militar y más de la económica

Las nuevas restricciones al acceso de China al mercado de semiconductores ha sido la última de una serie de medidas dirigidas a la segunda economía mundial. Estados Unidos también ha renovado las leyes para dificultar los negocios con algunas empresas extranjeras, ha amenazado con expulsar a las empresas chinas de las Bolsas de valores debido a problemas de divulgación de información y contabilidad, y ha mantenido a empresas como la matriz de TikTok, ByteDance, bajo un control férreo.

"Los determinantes del poder para las próximas dos décadas van a ser menos sobre la confrontación militar", señala Julia Friedlander, una ex asesora del Departamento del Tesoro de EE UU que ahora dirige Atlantik-Brücke, una organización sin ánimo de lucro que promueve conexiones entre EE UU y Alemania. "Más bien cuestiones como la regulación y la integración de los mercados de capitales y las cadenas de suministro van a estar en el punto de mira. Esta es la vanguardia de las relaciones internacionales".

Este arsenal económico complementa la capacidad de poder militar de Estados Unidos, que ha empleado con resultados dispares en las últimas décadas. Las armas suministradas por EE UU han sido fundamentales en la reciente contraofensiva de Ucrania, cambiando el rumbo más de lo que han podido hacer las sanciones contra Rusia. Por otra parte, los atolladeros de Afganistán e Irak -y, antes de ellos, Vietnam- sirven para recordar los límites de la acción militar. Al minar tanto los recursos como el apoyo público, esas guerras hicieron más atractivos otros métodos de proyección de poder.

Estados Unidos ha usado su arsenal militar con resultados dispares

"Estamos en medio de una competición estratégica para dar forma al futuro del orden internacional", dijo el 12 de octubre el presidente de EE UU, Joe Biden, en un documento que resume su estrategia de seguridad nacional. El Ejecutivo estadounidense se fija como prioridad "mantener una ventaja competitiva duradera" sobre China y a "limitar a una Rusia todavía profundamente peligrosa".

La batalla se libra con especial intensidad en torno a los chips informáticos. Las nuevas restricciones de la administración Biden pretenden frenar el impulso de Pekín para desarrollar su propia industria y avanzar en sus capacidades militares. Aunque Estados Unidos estuvo a la vanguardia del desarrollo de chips y gran parte de la industria sigue dependiendo de la propiedad intelectual estadounidense, hace tiempo que cedió su liderazgo de fabricación a China, Corea del Sur, Taiwán y otros países. Ahora está intentando recuperar terreno, acordando proporcionar decenas de miles de millones de dólares en subvenciones para ayudar a las empresas a fabricar chips en Estados Unidos. El problema es que esas empresas no pueden fabricar los tipos de semiconductores más pequeños y avanzados de China.

La capacidad de utilizar estas armas se basa en el papel preeminente que desempeña Estados Unidos en el comercio mundial. También controla la principal moneda de reserva del mundo y es más autosuficiente -y está más aislado- que la mayoría de sus homólogos mundiales.

El papel preeminente de EE UU en el comercio mundial y controlar el dólar le da capacidad de maniobra

El conjunto de herramientas de la política económica de Estados Unidos se ha ampliado para incluir controles de las exportaciones, revisiones de las inversiones extranjeras, restricciones a la propiedad intelectual y denegación de acceso a las principales redes financieras. Las sucesivas administraciones estadounidenses también han empleado la política industrial interna, los aranceles, los acuerdos comerciales y la reducción de la deuda.

El Gobierno "se encuentra en un entorno en el que tu objetivo es demasiado complicado o demasiado crítico para un compromiso militar, al mismo tiempo que el estado de ánimo del país se ha vuelto en contra", dice Friedlander. "Así que empiezas a ver este desarrollo de herramientas reguladoras cada vez más sofisticadas".

La guerra económica también está llena de escollos. Estados Unidos no es una economía dirigida, por lo que el gobierno tiene que recurrir a la técnica del palo y la zanahoria para hacer que los actores comerciales cumplan sus órdenes. Estas medidas no están exentas de costes, y la pugna con los rivales podría acabar socavando la estabilidad si se maneja mal.

Dale Copeland, profesor de la Universidad de Virginia que ha estudiado la interdependencia económica y la guerra, dice que cuando las expectativas de un país sobre futuras oportunidades comerciales son positivas, tiende a jugar limpio, pero cuando esas perspectivas se vuelven negativas, el riesgo de conflicto aumenta. Un ejemplo histórico que señala es la situación de Japón antes de la Segunda Guerra Mundial, que fue objeto de embargos antes de atacar a EE UU en Pearl Harbor en 1941.

La guerra económica también está llena de escollos y las medidas elevan los costes

El papel de China en la economía mundial es, por supuesto, muy diferente al de Rusia. "No podríamos hacer ni la mitad de lo que hemos hecho con Rusia en China porque estamos muy integrados en la economía china", dice Friedlander. "Es una dependencia mutua. Así que es, en muchos sentidos, mucho más que un disparo en el pecho si consideráramos cualquier tipo de medidas draconianas que hemos puesto en marcha sobre Rusia".

Y golpear demasiado a la economía china podría ser contraproducente, ya sea desestabilizando la economía mundial en su conjunto o empujando a los países hacia la guerra en lugar de alejarlos de ella. "La mayoría de los expertos en sanciones no han contemplado las implicaciones de esto porque nunca hemos hablado de sancionar a un país que tiene implicaciones sistémicas globales para la economía", dice Drezner de Tufts.

 

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