Musk, Twitter y la devolución del poder al usuario

El último capítulo de esta accidentada historia tiene implicaciones para el creador de Tesla y para la red del futuro

Y una vez más, Elon Musk ha sorprendido a todos. El millonario estadounidense nacido en Pretoria (Sudáfrica) ha escrito un nuevo capítulo de la saga Twitter con un sorprendente giro de guion: ahora da marcha atrás y está dispuesto a seguir adelante con su compra inicial de 44.000 millones de dólares de la empresa de medios sociales. Este cambio de rumbo puede ser un reflejo de las aparentemente largas probabilidades de anular el controvertido acuerdo en los tribunales.

La noticia constituye un alivio para los sufridos accionistas de Twitter, una empresa obligada a buscar de nuevo su lugar ante la velocidad a la que cambian las preferencias de los usuarios de redes sociales. La capitulación de Musk ha impulsado los títulos de la compañía, que se dispararon ante la última posibilidad de adquisición, pero siguen estando muy por debajo del precio de la oferta de abril de 54,20 dólares. El visionario emprendedor lleva activo en Twitter desde 2009 y tiene alrededor de 108 millones de seguidores.

El último capítulo de esta accidentada historia tiene profundas implicaciones directamente sobre el universo de empresas controladas por Musk, pero también sobre la definición de internet en el futuro y sobre la idea de la devolución del poder al usuario. En definitiva, la aspiración de situar de nuevo al individuo en el centro de todo. Esta es una noción que entronca directamente con el concepto de la descentralización y la red distribuida.

Empezando por las consecuencias sobre las acciones de las empresas involucradas en esta historia bajo la influencia de Musk, observamos comportamientos dispares que obedecen a distintas razones. Mientras que las acciones del pájaro azul emprendían el vuelo al alza tras conocerse la noticia, en Tesla las cosas pintan de forma muy distinta.

A la espera de los resultados del Q3, que se conocerán el próximo 19 de octubre, sabiendo ya que Tesla ha producido 365.000 vehículos y que se han entregado 343.000, los datos quedan por debajo de las expectativas. Mientras esto sucedía en medio de caídas de cotizaciones, la noticia de los avances en la operación de Twitter generaron una nueva ola vendedora en las acciones de Tesla debido a varias razones. En primer lugar, surgen dudas sobre la capacidad de Musk de liderar proyectos como el de Tesla, SpaceX y Twitter, todos al mismo tiempo. En segundo lugar, Musk vendió un paquete de acciones de la compañía para afrontar la compra de Twitter y, en caso de seguir adelante la operación, ese importe no se destinará a la recompra de acciones de Tesla, como manifestó en su momento el propio Musk. El mercado teme que el hombre más rico del mundo no solo tenga que reducir aún más su participación en Tesla para poder financiar la adquisición de su último sueño, sino que además deje de prestar atención a la compañía de vehículos eléctricos, justo en un momento de mercado que resulta particularmente desafiante.

Respecto al concepto de cómo será el internet del futuro, el movimiento de Musk supone en cierta medida una mirada retrospectiva hacia ese momento primigenio, hace ya más de 30 años, cuando la red constituía el Nuevo Mundo digital, un vasto continente por explorar. Fue entonces cuando se definió la web1 como red de redes. Musk busca ahora desarrollar, según sus palabras, una plataforma pública que goce de credibilidad, sea inclusiva e importante para el mundo. Una narrativa que encaja con los grandes movimientos sociales que han tenido lugar en los últimos años, como, por ejemplo, la entrada cada vez mayor de los inversores minoristas en los mercados, donde exigen que su voz sea escuchada y tenida en cuenta.

Por lo tanto, ¿existe una relación, aunque sea a nivel filosófico, entre la compra de Twitter y la web3? Puestos a divagar sobre las consecuencias de un cambio de propietario en Twitter, uno podría pensar que Musk, furioso por sufrir la censura en carne propia en diversas ocasiones, quiere hacer grande de nuevo la red vía devolución de la libertad de expresión. Y es justo ahí donde convergen los ideales, pese a tener un origen muy distinto, con la revolución que la web3 quiere lograr mediante un usuario que sea dueño de su contenido y de propiedades digitales en un entorno descentralizado.

Twitter sigue siendo una de las redes sociales preferidas por los criptousuarios, con contenido de calidad y comunidades especializadas capaces de generar valor. Si bien no es oro todo lo que reluce, un análisis de ciertas cuentas inmersas en la materia nos lleva a poder afirmar que algunas de ellas sí son capaces de ­generar información válida en tiempo real, potenciar la formación de los seguidores, generar corrientes críticas con sus debates correspondientes y hasta proporcionar un contenido adaptado a distintos perfiles de conocimiento. Hacerlo en un entorno de menor ataque publicitario al observado en otras plataformas, como Facebook, no es un tema menor.

La compra de Twitter le puede dar mayor poder a Musk como forma de ampliar sus narrativas e influencia. La web3, en su concepción original, también pretende ampliar la influencia y poder de sus usuarios, poniéndolos de nuevo en el centro. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad; he ahí el desafío.

Javier Molina es Analista sénior de mercados para eToro