La inflación y la escalada de los tipos zarandean las divisas

Los mercados rechazan la bajada de impuestos británica, que es lo contrario de lo que defendió el candidato despreciado por los conservadores

La última semana las subidas de tipos de EE UU provocaron un nada pequeño tsunami en los mercados de divisas, con una atracción de fondos por parte del dólar y un debilitamiento general de billetes como la libra esterlina, el euro, el yen y hasta el inmutable franco suizo. El dinero se moviliza buscando las mayores tasas de rentabilidad que ofrecen las distintas zonas monetarias, pero de una manera sorprendentemente unilateral, refugiándose en el dólar, pese a que todos los bancos centrales, a excepción del japonés, habían elevado la rentabilidad vía tipos de interés. Incluso algunos bancos centrales tuvieron que echar mano de intervenciones extraordinarias en el mercado de divisas para frenar la súbita depreciación de sus monedas: Japón lo hizo por vez primera desde 1998, y esta misma semana no se descartan movimientos en el mismo sentido por parte del Banco de Inglaterra.

La libra esterlina se ha mostrado como la parte más débil de la cadena, y además de posibles intervenciones que lógicamente nunca se reconocerán de forma pública, el mercado baraja ya subidas de tipos de interés en el Reino Unido del 5% nominal a fin de año, lo que es prácticamente el doble del nivel actual. La libra ha encadenado varias jornadas de depreciación frente a todas las divisas fuertes, y se acerca a la paridad con el euro y con el dólar, un hecho que no ocurría desde 1971 frente al billete verde.

Detrás de esta debilidad de la moneda británica está el vasto programa de rebaja fiscal anunciado por la flamante primera ministra, Liz Truss, que supone una pérdida de ingresos fiscales más de 45.000 millones de libras, con rebaja en todas las escalas del impuesto sobre la renta, pero más intensa en las rentas más elevadas. Ni dentro ni fuera del Reino Unido, los mercados han interpretado positivamente esta bajada de impuestos, que, por otra parte, es justo lo contrario de lo que el candidato despreciado por el Partido Conservador y exministro de Finanzas había defendido en los últimos meses como medida de rigor fiscal y de herramienta contra una inflación galopante.

El mercado interpreta ahora que una inyección tan intensa de recursos en manos de la demanda cebará más los precios, cuando las previsiones llevan la tasa de inflación en Reino Unido más allá del 15%. Únicamente añade dudas sobre el desempeño de una economía como la británica, que se ha desvinculado del continente europeo con la operación del Brexit, y que traducirá todos los problemas de suministros en tensiones inflacionistas, que a la larga solo pueden solucionarse con subidas de los tipos muy abultadas, llevando la economía a una recesión muy intensa.