Cambiar al CEO, Alan Jope, es la parte fácil del resurgir de Unilever

Cotiza a 17 veces sus beneficios futuros, muy lejos de P&G y Nestlé (22 y 21 veces)

Alan Jope, el día 19, en Manhattan, Nueva York.
Alan Jope, el día 19, en Manhattan, Nueva York. reuters

Unilever dijo ayer que su CEO, Alan Jope, se retirará a finales de 2023. Pero empezó hace poco, a principios de 2019, y la firma no ha nombrado a un sucesor. El problema es que dar un giro no es solo una cuestión de nuevo personal.

Jope atrajo la ira de algunos inversores por cuestiones ASG, pero es más probable que su salida se deba a los números. El plan era impulsar las defensas del grupo renovando margen operativo, fuente de mucha atención en 2017, cuando Kraft Heinz abortó su oferta de 148.000 millones de euros por el gigante. Pero se prevé que ese margen caiga al 16%, desde el 19% de cuando él comenzó. Peor aún, se vio obligado a retirarse de una compra por 56.000 millones de la parafarmacia de GSK en enero, después de que Unilever cayera en Bolsa. Mientras, el activista Nelson Peltz se ha abierto paso en el consejo.

El sucesor de Jope tendrá al mismo problema. Unilever cotiza a 17 veces sus beneficios futuros, muy lejos de P&G y Nestlé (22 y 21 veces). El camino a seguir es centrarse en los productos sanitarios, de mayor crecimiento.

Reckitt Benckiser, que carece de un CEO permanente, sería un objetivo jugoso. La unión permitiría a Unilever reforzar su gama de cuidado del hogar, que solo aportó el 20% de sus ingresos en 2021. Pero la reacción de los inversores a la oferta por una parte de GSK sugiere que las fusiones audaces están fuera del debate.

Vender unidades de bajo retorno suena mejor. Un nuevo CEO podría intentar vender Dollar Shave Club, de afeitado por suscripción, que fue comprado por la friolera de 1.000 millones en 2016. Pero puede ser difícil, dado que Unilever ha reconocido que no va bien. En términos más generales, los pretendientes que podrían estar interesados en los restos de Unilever, como el capital privado, se ven limitados por el creciente coste de la deuda.

El sucesor de Jope tendrá estos dolores de cabeza al tiempo que intenta capear una tormenta inflacionista que podría hacer que los clientes se decanten por productos más baratos y sin marca. Un CEO que cuente con el apoyo de los inversores es un buen comienzo, pero poco más que eso.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías