Hacia las elecciones legislativas en EEUU: de nuevo Biden vs Trump

Cientos de encuestas preelectorales dan la victoria a los republicanos en los comicios del próximo noviembre, aunque los medios apoyan al presidente

Rex nunquam moritur, “el rey nunca muere”, decían antiguamente, y ahora los británicos lo repiten con el ascenso al trono de Carlos a la muerte de su madre. Isabell II conoció a muchos mandatarios extranjeros durante su reinado, anormalmente largo: 70 años. Poco más y no se cumple otro adagio latino, que vemos en los cuadros de Valdés Leal en el Museo del Prado: “sic transit gloria mundi”, “así pasa la gloria del mundo”, porque también fallecen los poderosos, gobernantes y ricos.

Isabel II conoció a muchos presidentes estadiunidenses. Estos, sujetos a dos mandatos como máximo, ven pasar rápido la gloria de este mundo. De ahí el deseo de ganar elecciones para un segundo mandato, situación que viven Donald Trump y Joseph Biden de cara a las elecciones presidenciales de 2024, cuya campaña electoral ha comenzado; y el primer hito son las elecciones legislativas del 8 de noviembre.

Biden, desde el púlpito de la presidencia, y Trump con un partido republicano fuertemente unido tras su liderazgo, representan la polarización en todo en EEUU: política, economía, impuestos, moral, ética, religión, cultura…, división que dibuja dos países radicalmente opuestos: “Trump y MAGA (Make America Great Again) son extremistas y amenazan los fundamentos de nuestra república”, dijo Biden en el Philadelphia Independence Hall a principios de mes, en el discurso más comentado de su presidencia y que sorprendió a todos. Millones de americanos se despertaron con una llamada a las armas: el actor John Voight, ganador de un Oscar por Coming Home (1978) y ferviente seguidor de Trump, tuiteó: “este discurso es el comienzo de otra guerra civil”. Muchos están de acuerdo: a Trump, en 2020, le votaron 78 millones de estadounidenses. Cientos de encuestas preelectorales dan victoria a los conservadores en noviembre, como ha sucedido en 8 de cada 10 elecciones de mitad de mandato, en las que gana el partido opuesto al del inquilino en la Casa Blanca.

Los medios favorecen a los demócratas y a Biden, aunque este provoque rechazo, también entre demócratas: un 53,7% de estadounidenses suspenden su gestión. Biden necesita ayuda, porque es una rémora electoral para su partido. ¿Dónde está Kamala Harris, vicepresidenta?, se preguntan muchos. No aparece en público. Alguna motivación triunfa sobre otras especulaciones: querría distanciarse de un presidente con mala imagen, reservándose para las elecciones presidenciales de 2024, disputándole la nominación a Biden, lo que no es inédito cuando el presidente tiene mala imagen, como le pasó a Lyndon B. Johnson, demócrata, (le disputó la presidencia Bobby Kennedy, hasta que este fue asesinado en junio de aquel año) y a Carter en 1980, cuando le retó Ted Kennedy. A Carter, que se enfrentó a la estanflación, la crisis de los rehenes en Irán y a un optimista Ronald Reagan, le quitaron la presidencia.

Biden apoya a los demócratas en las elecciones legislativas de noviembre a cambio de que sus correligionarios le apoyen en su candidatura presidencial para 2024. Hoy, tiene 79 años y, si ganase otro mandato, al acabar, tendría 86. Solo un gran éxito electoral demócrata en noviembre haría que los demócratas le apoyasen frente a un candidato más joven, sea Kamala Harris o Alejandra Ocasión-Cortez. Entre las hechuras recientes de Biden está la investigación del FBI en la vivienda de Trump en Mar-a-Lago, Florida, buscando documentos oficiales secretos. Una investigación del FBI, que depende del departamento de Justicia, el cual responde ante el presidente, hace que –con independencia de si Trump tiene documentos o no– se apunte a motivaciones políticas del presidente.

Según Biden, Trump y los republicanos MAGA representan una amenaza para la democracia que Biden identifica “con el derecho a elegir (aborto), el derecho a casarse con quien uno/a ama (LGTBI+)” y cuestiones de lo que en EEUU se denominan guerras culturales y, en Europa, se identifican con moral, ética o religión. Con esta frase, Biden ofendió a cristianos (protestantes y católicos), hispanos, conservadores y la mitad de americanos que viven en estados gobernados por republicanos, que se oponen a esas políticas.

El presidente pasa por alto la inmigración, que muchos demócratas y republicanos consideran un problema. Este año, un total de 1,82 millones de inmigrantes ilegales han sido aprehendidos en la frontera sur de EEUU, lo que afecta directamente a los estados de Texas y Arizona, ambos con gobernadores republicanos. Dado que los alcaldes de Nueva York, San Francisco y Los Ángeles han dicho que acogerán a los inmigrantes y les proveerán gratis vivienda, educación y sanidad, los gobernadores de Texas y Arizona han enviado a cientos de miles de inmigrantes ilegales en autobús desde sus estados a esas ciudades acogedoras/santuario. Ante la magnitud del problema, los alcaldes demócratas se han dado cuenta de que no cuentan con recursos suficientes y que muchos votantes demócratas hispanos, inmigrantes que residen legalmente en el país, se oponen adiciendo que pagan sus impuestos y han trabajado duro para establecerse en el país. Consecuencia: un 60% del voto hispano gira hacia los republicanos.

América es una nación de inmigrantes, solía recordar Barack Obama, quien defendía un proceso legal para entrar en el país y obtener la ciudadanía. Durante su presidencia, repatrió a México 3,5 millones de inmigrantes ilegales. Obama siempre dijo que “solo hay un EEUU”. En marzo de 2008, dio un discurso en el mismo lugar en el que ha pronunciado Biden el suyo titulado “We, the people”, con el objetivo de unir y a la nación.

Jorge Díaz Cardiel es Socio de Advice Strategic Consultants, autor de ‘El New Deal de Biden’