De potencia industrial a centro financiero: cómo ha cambiado la economía británica con Isabel II

La economía británica de los 50 era una mínima parte de la actual y la inflación vuelve a superar el 10%

La reina Isabel II, en una visita a la City de Londres, en 2010.
La reina Isabel II, en una visita a la City de Londres, en 2010.

Cuando una joven Isabel II subió al trono británico, a inicios de los años 50, la economía del Reino Unido tenía poco que ver con la actual. Aún sufría los efectos del racionamiento y de la II Guerra Mundial. Su economía era heredera de la revolución industrial: se asentaba sobre una potente industria manufacturera y conservaba los aires de potencia comercial. Ahora, en cambio, es un centro financiero, recién independizado de la UE, y que sufre de nuevo con la vuelta de la guerra a Europa.

Los 70 años en los que Isabel II ha gobernado los designios de la corona británica han sido los de un espléndido crecimiento económico. El PIB británico en los 50 era una mínima parte del actual, de apenas 15.000 millones de libras, frente a los más de dos billones actuales. Entre medias, la economía británica ha experimentado curvas. Las últimas han sido el Covid-19 y la guerra en Ucrania, pero antes ha sufrido la Gran Recesión o la crisis del petróleo, que llevó a la inflación por encima del 25%, agudizó la debilidad de la libra y disparó la deuda pública. Con esta en el 140% del PIB, los tipos de interés se sitúan hoy en el 2,1% y la libra se intercambia a poco más de 1 dólar.

La población se ha disparado. Isabel II ha pasado de gobernar sobre poco más de 50 millones de británicos a más de 67 millones. Si bien las cifras no apuntan a que esta explosión demográfica pueda conservarse durante el reinado de su hijo. La ratio de hijos por mujer ha pasado de casi tres en los 50 a 1,5 en la actualidad, de acuerdo a los datos de la OCDE. Actualmente, la tasa de paro se sitúa en el 3,8% y el sueldo medio está ligeramente por encima de los 50.000 dólares al año.

Este crecimiento ha venido acompañado de un giro total de la economía. En los 50, el gran motor del país era su potente industria, que daba empleo a uno de cada tres trabajadores, mientras que el sector servicios empleaba a menos de la mitad. En estos 70 años, esta situación se ha dado la vuelta y el núcleo de la economía ahora se sitúa en apenas una milla cuadrada en el corazón de Londres, en la City. Marcado por la desregulación financiera y los años bajo el mandato de la premier Margaret Tatcher, el país ha apostado por las finanzas. Es el centro de los principales bancos y firmas de inversión. Y los servicios ya representan más del 80% de su masa laboral, frente al apenas 7% al que ha caído la industria.

La reina Isabel II, en una visita a una fábrica en Nelson (Reino Unido).
La reina Isabel II, en una visita a una fábrica en Nelson (Reino Unido).

Londres puede presumir hoy de ser un centro financiero global. Pero hace siete décadas conservaba la importancia comercial de haber sido la cabeza de un gran imperio. Según los datos recopilados por Bloomberg, el Reino Unido representaba el 9% de las exportaciones en todo el mundo y la cuota ha caído ahora al entorno del 2%. En los 50, el déficit comercial del Reino Unido era unos 1.000 millones de libras, mientras que en 2021 se disparó por encima de los 150.000 millones. Pese a la corriente proBrexit y a favor de mantener su independencia, lo cierto es que la economía británica es hoy mucho más dependiente del exterior.

La gran transformación de Reino Unido también se ha visto en el mercado inmobiliario. El precio promedio de la vivienda se ha disparado hasta un récord de 270.000 libras, frente a las 2.000 que se pagaban en 1952 (que equivaldrían a unas 60.000 libras actualmente), según los datos de Nationwide Building Society. Con la inversión temprana en el ladrillo, muchos británicos lograron generar riquezas que no habrían sido posibles ni a través de los empleos mejor pagados en Reino Unido. Y aunque en 1952 era posible adquirir una vivienda con un solo salario en la familia —siendo en aquel momento la figura del hombre la dominante en la fuerza laboral— actualmente se requieren de al menos dos ingresos por familia para comprar un piso.

Lo único en lo que se parece la situación que recibió Isabel II de su padre, Jorge VI, de la que lega a su hijo Carlos es que la guerra manda. En los 50, el país todavía sufría los estragos de la II Guerra Mundial y ahora teme por un crudo invierno por la invasión de Putin en Ucrania. La inflación, la gran preocupación de los Gobiernos, está en Reino Unido en ligeramente por encima del 10%. Y en febrero del 52, cuando Lilibet llegó al trono, los precios en el Reino Unido estaban en el 11%. Como si entre estos dos puntos nada hubiese ocurrido.

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