Ray Musgo, el zapato ecológico que se adapta a las patologías del pie

Todos los modelos de la marca aragonesa son ‘ecofriendly’ y aceptan plantillas ortopédicas. La compañía subcontrata la producción a talleres de Zaragoza para evitar el traslado a China

Ray Musgo
Una modelo luce unas sandalias de Ray Musgo.

Hace ocho años, el geólogo Javier Sánchez y la ingeniera química Lorena Gasco crearon una compañía que aspira a romper con todos los moldes establecidos en la industria del zapato, Ray Musgo. La empresa, con sede en Zaragoza, es una de las pocas marcas de calzado español que aúna ecología y salud del pie.

Ray Musgo nace de la propia experiencia de sus fundadores como usuarios. Javier y Lorena ya eran aficionados al diseño y a la moda antes de emprender este negocio, pero se percataron de que no había un producto que fuese respetuoso con el medio ambiente. “Todo lo que supuestamente era sostenible, era plástico o se fabricaba en China, con las condiciones que eso conlleva”, afirma Sánchez.

Cuando se plantearon esto se preguntaron por qué no existía una marca verdaderamente respetuosa con el planeta y empezaron a investigar si el motivo era técnico o financiero. Justo en ese momento se les cruzó en el camino el Semillero de Ideas del Ayuntamiento de Zaragoza, una oportunidad para todas las personas con ganas de hacer realidad un proyecto de negocio. Su propuesta, lo que hoy es Ray Musgo, resultó elegida por el programa para recibir los cursos de formación y asesoramiento.

Fue tal el impulso que recibieron que decidieron presentarse al Greenweekend, un evento de networking que reúne a candidatos, emprendedores y reclutadores de talento del sector ambiental. Ese fue el punto de inflexión: ganar la edición 2014 del evento los motivó a renunciar a sus trabajos para dedicarse de lleno al desarrollo de su propio negocio.

Plantillas ortopédicas

El calzado de Ray Musgo no solo se diferencia por su sostenibilidad, también por la búsqueda de un producto que beneficie y respete la salud que exige el pie. Sánchez cuenta que una de las características de la marca es que todos sus zapatos aceptan plantillas ortopédicas. “Los problemas en los pies son más comunes de lo que pensamos”, señala.

Facturación

Ray Musgo

Los ingresos en 2021 superaron los 450.000 euros, un incremento “notable” frente al ejercicio anterior que esperan que se repita en 2022. Por el momento, en el primer trimestre han incrementado las ventas un 20% con respecto al mismo periodo de 2021, por lo que desde Ray Musgo son más que optimistas respecto a que mantendrán el crecimiento continuado que registran desde sus inicios.

El objetivo que se trazaron a comienzos de año era alcanzar al cierre de este ejercicio los 500.000 euros de facturación, y, a la vista de los datos, todo hace pensar que lo cons­eguirán. “Lo cierto es que estamos muy contentos e ilusionados con el futuro próximo de Ray Musgo”, expresa Javier Sánchez, cofundador de la empresa aragonesa.

La compañía mitiga estas patologías mediante las plantillas personales que desarrollan podólogos profesionales con los que mantiene una estrecha colaboración. Esto es todo un punto a su favor, ya que el calzado que se adapta a esta necesidad no atiende a un diseño estético. El empresario remarca la ventaja que supone ser los únicos en el mercado en haber detectado esta necesidad para hacer un producto inclusivo.

Pero producir en España sale caro, son muchos los empresarios que coinciden en esta afirmación. Como aseveran desde Ray Musgo, lo que “aquí te cuesta diez, allá te cuesta uno”, en referencia a otros países como China, donde la mano de obra es más barata. Sin embargo, el traslado supondría para ellos un fracaso. Bajo ciertas circunstancias, la deslocalización es una tentación, pero en su caso rompería con la ética y la filosofía del producto.

En la empresa no cuentan con fábrica propia. García explica que tener una en España es inviable por razones de coste. Además, comenta que ahora mismo Ray Musgo está formado por un equipo de tres personas que subcontrata la fabricación con talleres de Zaragoza. El objetivo es que, al acortar las distancias y los desplazamientos, los zapatos tengan el menor impacto medioambiental posible.

En Ray Musgo, lo más importante es el qué y el cómo. La calidad del zapato es el objetivo principal, “hacer un producto duradero”. Para ello, trabajan con piel animal tratada sin químicos perjudiciales para el medio ambiente y la salud, evitando los metales pesados. “Hay mucha gente con problemas dermatológicos y alergias a este tipo de productos”, alega.

Para la ­suela, el único material que les permite crear un ­producto resistente y flexible es el plástico. Sus suelas están hechas de Bio TPU (poliure­tano termoplástico). Solo el 40% de este compuesto es un derivado del petróleo, el resto son aceites vegetales reciclados. Resalta también que la energía que usan para la fabricación es fotovoltaica.

Ray Musgo
El calzado se confecciona en talleres locales.

El cofundador recuerda que, cuando comenzaron a diseñar la marca, pensaban que su público iba a ser ecofriendly, gente muy concienciada con el medio ambiente. Más adelante, cuando empezaron a comercializar se dieron cuenta de que su cliente busca “calidad, compromiso y salud”. Es un perfil muy concreto que valora la diferenciación de este producto.

Ray Musgo prima en sus creaciones la funcionalidad; no persiguen tendencias efímeras. “Hay gente que no busca seguir las tendencias, sino la calidad, comodidad y un producto duradero”, sostiene el cofundador.

Desde el principio, la empresa no descartó ningún canal de venta y desde el minuto uno se abrió al negocio online, del cual refieren que va “bastante bien para tener un funcionamiento orgánico”. También cuentan con una tienda física en Zaragoza. En la ciudad aragonesa es donde se encuentra, además, su almacén y los talleres con los que trabajan. Hay clientes que viajan hasta el establecimiento por las facilidades que ofrecen para crear un producto adaptado a personas con patologías que requieran plantillas ortopédicas. Como complemento, distribuyen a través de terceros: zapaterías, boutiques o tiendas de ortopedia. No solo venden en España, también tienen puntos de venta en Bélgica, Países Bajos y Finlandia.

Javier Sánchez reconoce que en algún momento contemplaron la posibilidad de convertirse en franquicia, pero concluyeron que no es el momento, porque se perdería el control de la empresa, del cómo se hacen las cosas y cómo se transmite el mensaje de marca que, sostiene, es “muy especial” mantener si quieren seguir compitiendo en el mercado como una empresa única y con una diferenciación clara.

La venta online, clave para sortear la crisis

Javier Sánchez y Lorena Gasco (Ray Musgo)
Javier Sánchez y Lorena Gasco, socios fundadores.

Gracias a que la empresa fomentó desde sus comienzos el negocio online, Ray Musgo no se vio especialmente castigada por las consecuencias de la crisis del coronavirus. Javier Sánchez cuenta que, al principio, cuando el Gobierno impuso el confinamiento, pensaron que “tendrían que echar el cerrojo”, pero a pesar de la situación, fue la época en la que más ventas online registraron.

Durante la pandemia ganaron como clienta asidua a la cantante malagueña Anni B Sweet, lo cual, reconoce Sánchez, “fue un subidón para seguir creciendo”. Otra celebridad entre sus clientas es la escritora Irene Vallejo, ganadora del Premio Nacional de Ensayo 2020. Ahora se están enfrentando a la inflación y a las consecuencias de la guerra en Ucrania. El coste de producción, confirman, ha aumentado. De momento no han subido el precio de sus productos, pero admiten que llegará el momento en que tendrán que hacerlo porque, de lo contrario, la situación se tornará insostenible.

Ray Musgo es una empresa pequeña que ha ido avanzando “despacito pero sin pausa”. Empezaron produciendo unos cientos de pares de zapatos y en el último año alcanzaron los 7.000 pares. La firma arrancó “con una necesidad de inversión bastante comedida”, que fueron capaces de cubrir con medios propios. Esto les permitió comenzar a obtener beneficios con la tercera colección que sacaron al mercado, apenas año y medio después de iniciar su andadura.

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