Los efectos de la inflación en el riesgo crediticio

Se ha discutido poco sobre cómo deben ajustar sus modelos las instituciones financieras

Los precios continúan escalando tanto en España, como en el resto de Europa, espoleados por el aumento del gasto y el turismo en el primer verano sin restricciones después de la pandemia. La previsión de los expertos es que la inflación persista durante los próximos meses, hasta alcanzar en 2022 alrededor del 7% a nivel a mundial y el 8% en España, uno de los registros más elevados de las últimas décadas.

Mucho se ha hablado ya de las consecuencias de la inflación para el conjunto de los ciudadanos y de la economía. Entre otras cosas, un aumento en el nivel general de los precios implica una caída del poder adquisitivo de las personas e instituciones con activos en efectivo. Además, las tasas de inflación elevadas desalientan el ahorro y la inversión, al tiempo que añaden ineficiencias e inestabilidad en el mercado, ya que resulta más complicado elaborar planes y presupuestos a largo plazo cuando hay menor visibilidad de cuáles serán los costes en el futuro.

Otro efecto de la inflación es que los préstamos sujetos a una tasa fija de interés pasan a tener un valor real inferior, por lo que se produce un efecto redistributivo a favor de los deudores y en detrimento de los prestamistas. Ante esta situación, son varias las entidades financieras que han decidido intensificar su estrategia comercial de promover la contratación de hipotecas variables, ahora que los bancos centrales han comenzado a subir los tipos para intentar contener la inflación.

En este contexto, poco se ha discutido sobre cómo deberían reaccionar las instituciones financieras a la hora de conceder créditos al consumo y en qué medida deberían ajustarse los modelos para calcular el riesgo crediticio de los prestatarios de manera que reflejen el impacto de la inflación en sus bolsillos. Hoy día, muchas instituciones financieras todavía evalúan el riesgo crediticio utilizando únicamente modelos estadísticos que se basan en una mezcla de datos demográficos, socioprofesionales y financieros.

Además de la falta de precisión que tienen estos modelos en cuanto al comportamiento individual de los particulares, los datos de los prestatarios no se actualizan cuando hacen una solicitud de crédito, por lo que pueden estar fechados sin identificar los nuevos patrones de riesgo. Los prestamistas se ven perjudicados por estos modelos poco ágiles, que no tienen en cuenta los indicadores más representativos y actualizados.

Al calcular una calificación de crédito, el concepto de gastos de subsistencia es fundamental. Se trata de los recursos restantes para gestionar los gastos diarios (alimentación, ropa, transporte, etc.). Sin embargo, la inflación repercute en los gastos de subsistencia de los hogares. Es un elemento que no suelen tener en cuenta la mayoría de las instituciones financieras, pese a que tiene consecuencias sobre el riesgo crediticio. Por eso, es cada vez más urgente que las instituciones financieras adopten modelos de open banking (banca abierta), que facilitan el intercambio de información en tiempo real entre todos los tipos de instituciones financieras, a través de interfaces de programación de aplicaciones (API). Así podrán conservar los niveles de aceptación de solicitantes de préstamos, manteniendo un umbral de riesgo aceptable.

Eduardo Marín es experto en ‘fintech’ y representante de Algoan en España