Taiwán se atrinchera en la batalla por el talento de los chips

El veto a una operación de Foxconn en China incide en el proteccionismo de la mano de obra especializada

Liu Young-way, presidente de Foxconn, en Taipéi.
Liu Young-way, presidente de Foxconn, en Taipéi. reuters

Mientras la armada china se posiciona frente a sus costas, Taiwán refuerza sus defensas de semiconductores. Las autoridades podrían obligar a Foxconn, conocida formalmente como Hon Hai Precision, a deshacer un acuerdo de 800 millones de dólares con un fabricante de chips chino. Al mismo tiempo, Taipéi se está moviendo para proteger a sus mejores ingenieros de los cazadores furtivos corporativos de la China continental.

El mayor fabricante de productos electrónicos por contrato del mundo levantó cejas en julio cuando reveló que poseía el 20% del antiguo paladín chino de los chips Tsinghua Unigroup a través de una filial continental. La comisión de inversiones de Taiwán, que revisa los grandes acuerdos con China, se enfureció y las autoridades estaban considerando multarlo hasta con 25 millones de dólares taiwaneses, o sea, 836.000 dólares, por no haber obtenido las aprobaciones necesarias.

La dramática escalada de tensiones con Pekín tras la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, Nancy Pelosi, a Taipéi a principios de mes, probablemente haya condenado el acuerdo. La República Popular, que reclama soberanía sobre Taiwán, ha impuesto una serie de prohibiciones a las exportaciones agrícolas, además de ejecutar ejercicios militares sin precedentes frente a la isla. Ahora, los responsables de seguridad de Taiwán quieren que Foxconn abandone la inversión, informó el Financial Times la semana pasada. Foxconn dice que la vinculación se ha malinterpretado, y promete cumplir la ley.

Sin embargo, la intervención subraya el creciente malestar local por la presión de China para construir sus propias capacidades tecnológicas y aislarse de las sanciones de EE UU. Los trabajadores con talento de la vital industria de chips de Taiwán, de 127.000 millones de dólares, sede del paladín mundial Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC), que vale 454.000 millones, han sido contratados con frecuencia por empresas chinas a lo largo de los años. Un estudio de 2019 reveló que unos 3.000 ingenieros de chips, o el 10% de la oferta total de la isla, habían sido cazados furtivamente por empresas chinas desde 2015. Semiconductor Manufacturing International (SMIC), con sede en Shanghái, ha fichado a antiguos ejecutivos de TSMC, como Liang Mong Song, que ahora es co-CEO de SMIC.

El Gobierno ha intensificado sus esfuerzos para frenar la fuga. Además de las estrictas restricciones a la inversión, las empresas taiwanesas tienen prohibido deslocalizar la fabricación de chips avanzados al continente. En mayo, las autoridades hicieron una redada en una decena de empresas continentales que operaban en la isla por contratar a trabajadores locales sin autorización, tras la prohibición del año pasado de publicar anuncios de contratación en China. Taipéi también está endureciendo su Ley de Secretos Comerciales.

Además, la opinión pública de Taiwán, sobre todo la de los jóvenes, se ha endurecido contra China, y las políticas de Pekín de Covid cero han dificultado aún más la contratación. Puede que se vea pequeño comparado con la economía de 17 billones de dólares de su vecino, pero el pequeño sector tecnológico de Taiwán parece no sentirse intimidado por ahora.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías