La libertad que da la energía solar no es fácil de conseguir

Da independencia, pero solo si no recurrimos a las autocracias para la tecnología

Mientras que dos años de pandemia pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de la cadena de suministro mundial, la invasión de Ucrania por parte de Putin hizo saltar las alarmas en todo el mundo democrático sobre el riesgo inherente a la dependencia de países adversos para el suministro de petróleo y gas. En medio de las críticas a las políticas energéticas que crearon, en lugar de reducir, las dependencias, las voces más destacadas pidieron un replanteamiento de las estrategias de seguridad energética a largo plazo y un despliegue acelerado de las energías renovables. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, declaró que va a “apostar decididamente por las renovables, diversificar las fuentes de suministro, [y] promover mayor seguridad en la transferencia de energía”, mientras el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, se refirió a las energías renovables como “energía de la libertad”.

Aunque Sánchez, Lindner y otros líderes europeos que han expresado posturas similares tienen razón en cuanto al potencial de las democracias para aprovechar las energías renovables con el fin de desvincularse de las autocracias que les suministran el combustible, no es tan sencillo.

La luz del sol es un combustible gratuito que está a disposición de cada una de las 27 naciones de la UE, pero los paneles solares necesarios para convertir los fotones en electrones no son gratuitos. De hecho, la producción de paneles solares, y la cadena de valor que permite producirlos, está prácticamente monopolizada por China, que no oculta su desprecio por los valores democráticos y alberga sus propias ambiciones expansionistas.

Ocho de los diez mayores fabricantes de energía solar del mundo están vinculados a China y fabrican en ese país, que controla la mayor parte de la producción mundial de polisilicio, el semiconductor que constituye la base de la mayoría de los paneles solares del mundo. También controla el 99% de las obleas de silicio cristalino y el 80% de la producción de células de silicio cristalino.

Como resultado, Europa, pionera de la industria solar mundial, se ha visto reducida en gran medida a depender de las importaciones, ya sea directamente de China o de los países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) del sudeste asiático, donde los fabricantes chinos han establecido plantas de ensamblaje de bajo valor para supuestamente eludir los derechos antidumping. En 2020, la región contaba con 6,75 gigavatios (GW) de capacidad de ensamblaje de paneles solares, pero esta capacidad dependía en gran medida de obleas y células de silicio cristalino procedentes de cadenas de suministro controladas por China.

Según datos de la Comisión Europea, la UE gastó 8.000 millones de euros en paneles solares importados en 2020, cuando instaló 18,2 gigavatios (GW) de nueva energía solar. China suministró directamente el 75% del valor de los paneles solares importados y, si se incluyen las importaciones BRI, la cifra atribuible a los fabricantes vinculados a China probablemente supere el 80%. La Asociación de la Industria Fotovoltaica de China informó de que Europa representó el 39% de los 98,5 GW de paneles solares que el país exportó a nivel mundial en 2021, es decir, aproximadamente 38 GW, lo que supera los 25,9 GW instalados en Europa durante ese año.

Dado que la UE se ha fijado como objetivo 45 GW de nueva energía solar al año y una capacidad instalada de 600 GW para 2030 en el marco del plan RePower EU, parece que, a falta de una estrategia industrial solar, la dependencia de Europa de las cadenas de suministro de silicio cristalino chino no hará más que aumentar.

El dominio de China en la fabricación de energía solar no es una coincidencia. Sus empresas solares han desmantelado sistemáticamente la competencia internacional mediante el dumping de paneles solares a precios baratos que solo son posibles porque sus fabricantes se benefician de las subvenciones estatales y de la electricidad de carbón subvencionada, violando las normas de la OMC. No hay motivos altruistas en la creación de una dependencia artificial de su industria solar, y el Gobierno chino ha construido esencialmente otra vulnerabilidad estratégica que puede explotar en su beneficio. Si hoy es el petróleo y el gas rusos, mañana podrían ser los paneles solares chinos.

La necesidad de contrarrestar el dominio de China en la fabricación de energía solar con una política industrial solar duradera es ahora más urgente que nunca, y no parece que la Comisión Europea lo haya perdido. De hecho, la comisaria de Energía, Kadri Simson, dijo a principios de este año que Bruselas haría “lo que fuera necesario” para que la fabricación de energía solar volviera a Europa.

La buena noticia es que ya disponemos de la tecnología y la innovación necesarias para crear rápidamente capacidad de fabricación. Lo que falta en Europa y EE UU es la combinación de una política comercial e industrial inteligente, necesaria para igualar las condiciones de los fabricantes nacionales, al tiempo que se incentiva la fabricación. Con las políticas adecuadas, tanto Europa como EE UU pueden alcanzar rápidamente la autosuficiencia en paneles solares.

¿Con qué rapidez? Hay pocos ejemplos mejores de cómo una política integral, que incluya salvaguardias comerciales, incentivos a la fabricación y objetivos tangibles de energía limpia, puede estimular la fabricación nacional que India.

Este país asiático cuenta con 50 gigavatios de nueva capacidad de módulos que se espera que entren en funcionamiento en 2025. En perspectiva, eso es más de 20 veces la capacidad de módulos solares instalados en toda España en 2021. Esto es un resultado directo de la combinación eficaz de barreras arancelarias y no arancelarias, el plan del Gobierno indio de incentivos vinculados a la producción para la fabricación nacional y los objetivos gubernamentales de energía limpia, que verían 25 gigavatios de nueva capacidad desplegada cada año hasta el final de esta década.

El enfoque de India está funcionando claramente y quizás sea uno del que puedan aprender Europa y EE UU.

El aprieto en el que se encuentran las democracias es, sin duda, el resultado de décadas de toma de decisiones sistemáticamente miopes que han desperdiciado las oportunidades de construir la autosuficiencia. Los líderes europeos deben asegurarse de no repetir los mismos errores y actuar con decisión. El momento de hacerlo es ahora.

La energía solar es "energía de la libertad" solo si el suministro de la tecnología que convierte los fotones en electrones está libre de influencias autoritarias y refleja los valores y principios de las naciones democráticas que la utilizan. Todo lo que no sea eso es simplemente otra forma de energía autoritaria y pone en riesgo los intereses de nuestras naciones.

Mark Widmar es consejero delegado de First Solar