Pago a plazos, ¿es oro todo lo que reluce?

La situación económica favorecerá su uso, pero también crecerán los impagos, por lo que se prevé que aumente la regulación

Supongamos que existe un mundo en el que los consumidores pueden disfrutar de un producto sin haberlo pagado. Un mundo el que pueden aplazar los pagos sin intereses, sin gastos, y sin necesidad de trámites burocráticos. Supongamos también que esta modalidad de pago no solo es rentable para los usuarios y los ecommerce, sino también para las compañías que ofrecen este servicio.

Esta solución casi milagrosa se ha puesto de moda en los últimos meses. ¿Quién no ha escuchado hablar del compre ahora, pague después (o BNPL, buy now pay later)?. Según el informe sobre los métodos de pago de Adyen, en España uno de cada tres clientes prefiere pagar más tarde. Y es que, junto con el aumento en popularidad de las compras por internet, hemos visto cómo el pago a plazos de toda la vida se reinventaba para captar usuarios.

Sin embargo, aunque la teoría sea muy bonita, luego hay que ver si los números cuadran. En mayo nos despertábamos con la noticia de que Klarna, el líder del sector del BNPL, se había visto obligado a despedir al 10% de su plantilla. Cerca de 700 trabajadores fueron despedidos tan solo unos días después de que The Wall Street Journal informara de que la empresa iba a reducir su valoración a 15.000 millones de dólares para poder captar fondos. Se trata de un importante ajuste si tenemos en cuenta que, a mediados de 2021, contaba con una valoración de 45.000 millones, que la convertía en el unicornio más valioso de Europa.

La letra pequeña

Es un hecho que la pandemia ha transformado las experiencias de compra en ecommerce. Precisamente en 2020, el pago a plazos creció un 55%, según las cifras de Oney. Poco a poco la aceptación del compre ahora, pague después ha aumentado, y se ha podido aplicar a una gama más amplia de productos. El público reclama usar el BNPL no solo para hipotecas, sino para productos del día a día como pantalones o hasta bicicletas estáticas.

Y no es para menos. Es un método que, a priori, satisface a todas las partes. Es inmediato, cómodo, seguro y sin verificación de crédito. Lo que permite a los usuarios, especialmente a los que rechazan formas de financiación tradicionales, tener un mayor control de su dinero. Por su parte, el comercio sigue recibiendo la facturación completa a la vez que mejora su tasa de conversión, atrae nuevos clientes y aumenta su satisfacción.

Pero siempre hay letra pequeña. Y es que cada vez son más los players que llegan a un mercado con menos espacio. Klarna es el líder, pero no hay entidad que se haya querido quedar sin su trozo del pastel. El sector fintech destaca en este ámbito, con startups como Afterpay, Affirm, o Zinia. La banca tradicional también ha desarrollado su propia solución conjunta de pago a plazos y, además, otras entidades bancarias incluso han creado su propio producto inhouse. También hay espacio para gigantes de los pagos como PayPal y para la más reciente de todas, Apple Pay Later, que ha nacido a partir de la presión de los inversores, según recogía un artículo del Financial Times. Incluso empresas de servicios financieros como Visa y Mastercard preparan su infraestructura tecnológica para procesar el BNPL.

Cada uno de ellos ofrece sus propias condiciones, algunos aparentemente sin intereses ni tarifas adicionales. Pero es precisamente en esa apariencia donde existe el riesgo. La manera de las entidades crediticias de asegurarse ingresos es cobrar cargos por demora, intereses diferidos y sanciones. Y esta acumulación de deuda, junto con la poca supervisión regulatoria, deja sin protección a los usuarios.

Además, su rápido crecimiento lo han impulsado principalmente los jóvenes. El perfil de cliente del buy now, pay later pertenece a la Generación Z, un colectivo con menos ingresos y más vulnerable a la volatilidad del mercado. De hecho, según Lending Tree, casi el 42% de los consumidores que usaron el BNPL se atrasaron en el pago de alguna cuota.

En cualquier caso, la situación global que atravesamos, marcada por altos niveles de inflación y salarios que no suben al mismo ritmo, va a favorecer aún más la demanda del compre ahora, pague después por parte de los consumidores. Y, como consecuencia, los impagos probablemente también crecerán. En este contexto, podemos esperar que en los próximos meses nazcan las primeras regulaciones europeas que garanticen la protección de los usuarios e impidan el endeudamiento encubierto.

El futuro

Un estudio de Precedence Research confirma que la industria del BNPL ya tiene un valor global de alrededor de 125.000 millones de dólares, y se espera que el pago a plazos crezca en España hasta los 13.351 millones de dólares en 2028.

Estas cifras certifican que esta tendencia es ya una realidad. Sin embargo, aún tendremos que esperar para ver cómo de grande es. Va a ser interesante comprobar cómo avanza la regulación, como ya ha ocurrido en Reino Unido, para asegurar la protección de los clientes, al igual que se hace con otros tipos de préstamos. Estamos viviendo una revolución en los pagos y el BNPL es solamente la punta del iceberg.

Alex Saiz Verdaguer es fundador de la ‘fintech’ especializada en pagos Monei