Los sucesores de Ray-Ban heredan la contienda de Mediobanca

La familia Del Vecchio puede cuestionar las razones del magnate para hacer activismo en el banco y en Generali

Sede de Mediobanca, en Milán (Italia).
Sede de Mediobanca, en Milán (Italia). reuters

Los sucesores de Leonardo Del Vecchio han heredado una gran riqueza, pero también algunas complejas cuestiones de inversión.

El empresario italiano hecho a sí mismo murió en junio, dejando una fortuna estimada en 25.000 millones de euros. Su principal legado es una participación del 32% en EssilorLuxottica, de 72.000 millones, que fabrica las gafas de sol Ray-Ban y Oakley y las lentes Varilux. Es probable que la empresa, que Del Vecchio fundó como Luxottica y llamaba cariñosamente “la fábrica”, siga en manos de la familia. El destino de la participación de casi el 20% que Del Vecchio tiene en el banco de inversión italiano Mediobanca, y de una participación del 10% en la aseguradora Assicurazioni Generali, de 23.000 millones, es menos cierto.

La responsabilidad de dirigir el vehículo familiar Delfin ha pasado a manos del consejero delegado de EssilorLuxottica, Francesco Milleri. Se cruzó por primera vez con Del Vecchio como consultor informático a mediados de la década de 2000, y se ganó la confianza de su mentor tras liderar la transformación digital de Luxottica. Con el respaldo y el afecto del multimillonario, ascendió hasta convertirse en CEO de Luxottica en 2017, ocupando finalmente el mismo puesto tras su fusión con su rival francés Essilor. Ahora también preside la empresa, que cotiza en París.

Sin embargo, gestionar la fortuna de Del Vecchio es un gran reto. Otras dinastías empresariales italianas han tendido a ceder el control a un miembro de la familia. El presidente de Stellantis, John Elkann, por ejemplo, supervisa el imperio automovilístico construido por su abuelo Gianni Agnelli. Alessandro Benetton dirige el grupo familiar de jerséis y autopistas. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, ha encomendado a sus hijos la tarea de dirigir parte de su imperio editorial y mediático.

Del Vecchio, en cambio, no eligió a un sucesor dentro de su círculo familiar. En su lugar, creó una engorrosa estructura de gobierno. Dio a sus seis hijos, a su última esposa Nicoletta Zampillo y a su hijo participaciones iguales del 12,5% en Delfin, pero eligió a Milleri para supervisar su patrimonio. Cualquier cambio importante requiere el 88% de los votos, lo que da a cada miembro de la familia un veto efectivo, pero también les dificulta sustituir al protegido de Del Vecchio.

Este acuerdo podría, con el tiempo, paralizar Delfin o desencadenar disputas legales. La cuestión más acuciante es qué hacer con la participación de 1.500 millones en Mediobanca y la inversión de 2.300 millones en Generali. En una entrevista concedida al diario financiero italiano Il Sole 24 Ore el mes pasado, Milleri dijo que gestionaría las participaciones de acuerdo con el pensamiento de Del Vecchio.

Sin embargo, las ambiciones del multimillonario para las dos inversiones financieras nunca estuvieron del todo claras. El empresario comenzó a comprar acciones de Mediobanca a finales de 2019, después de reñir con el CEO Alberto Nagel sobre fondos para una fundación benéfica. Del Vecchio acusó a Mediobanca de depender excesivamente de los dividendos de su participación del 13% en Generali, y de no llevar a cabo un ambicioso plan de crecimiento. A principios de este año, Del Vecchio apoyó un intento fallido de sustituir al jefe de Generali, Phi­lippe Donnet, que cuenta con el apoyo de Mediobanca, e instalar una nueva lista de consejeros.

Ahora que el magnate se ha ido, algunos miembros de la familia pueden cuestionar la razón de continuar su campaña. Aunque Del Vecchio nunca reveló cuánto había pagado por las acciones, Mediobanca ha proporcionado una rentabilidad total de apenas el 2% anual desde septiembre de 2019, cuando surgió la noticia de sus compras. Durante el mismo periodo, el índice de referencia europeo Stoxx 600 ha devuelto un 8% anual.

Una forma de añadir algo de valor sería vender la participación de Mediobanca a un posible pretendiente. Sin embargo, los compradores son escasos. Una oferta de Intesa Sanpaolo se enfrentaría a posibles problemas antimonopolio, dado el vínculo de Mediobanca con Generali, que compite con el mayor banco de Italia. Andrea Orcel, consejero delegado de su rival Unicredit, podría estar interesado en las divisiones de asesoramiento y crédito al consumo de Mediobanca. Pero la deprimida valoración de su banco –cotiza a solo el 36% del valor contable, muy por debajo del 70% de Mediobanca– es un obstáculo para una operación.

Un enfoque alternativo sería apoyar a Mediobanca en su búsqueda de un objetivo de fusión adecuado. Nagel ha dicho que está dispuesto a vender la participación del banco en Generali para ayudar a pagar la adquisición de un gestor de activos. Mediobanca ya había estudiado la posibilidad de comprar Banca Generali, una gestora de fondos de 3.200 millones controlada por la aseguradora. Sin embargo, su oferta no consiguió el apoyo de Generali, según fuentes internas.

El nerviosismo político italiano complica aún más el panorama. El colapso del Gobierno del primer ministro Mario Draghi en julio ha reavivado las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda del país, deprimiendo también las valoraciones de las empresas financieras. Si estos temores aumentan, los herederos de Del Vecchio pueden encontrarse con que continuar con la lucha del empresario resulta cada vez más caro.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías