La deseable inversión con impacto positivo despeja su horizonte este verano

El cambio normativo que ha estado en vigor este mes sobre la inversión con criterios de sostenibilidad abre la puerta de par en par a que los inversores prioricen esta modalidad a la hora de colocar sus ahorros. Se trata, además, de una estrategia inversora coincidente con una creciente disposición de la sociedad, cuyo desarrollo irá paralelo al destino del dinero. Con la nueva normativa, conocida como Green Mifid II, las entidades y los asesores financieros deben consultar a sus clientes si desean que sus fondos de inversión tengan en cuenta criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo (ASG, en español, o ESG, por sus siglas en inglés). Es decir, además de la tradicional información sobre ventas, posición en el mercado, beneficios, endeudamiento, flujos de caja o estrategia empresarial, los clientes deberán conocer si las empresas en cartera de los fondos en que van a invertir cuestiones como la huella de carbono, la representación femenina en sus órganos de gobierno, o el respeto a los derechos de los trabajadores por parte de sus proveedores.

La suma de los aspectos extrafinancieros es un paso de gigante en la forma de plantear las inversiones, con un doble objetivo. Por un lado, porque contribuirá a expandir la inversión bajo criterios sostenibles a los pequeños inversores, y, por otro, porque asentará en estos la idea de que la financiación proveniente de sus rentas o ahorros tendrá un impacto positivo sobre la sociedad y el planeta.

Es cierto que no hay estudios concluyentes sobre si la inversión ESG es más o menos rentables. Pero tanto como que los inversores sabrán que su dinero se destina a un buen fin, y no solo a la rentabilidad a cualquier precio. La clave será que los productos seleccionables cumplan estrictamente las exigencias vinculadas a la taxonomía verde europea, de forma que en ningún caso originen efectos negativos sobre los factores de sostenibilidad.

Todo indica que ante el nuevo enfoque inversor socialmente responsable se abre un prometedor futuro, que, en el caso de España es más amplio por el retraso frente a los países de nuestro entorno. En el caso concreto de este verano, en el que entra en vigor la nueva norma, fenómenos como la ola de calor o la dependencia energética contribuirán a que los inversores incluyan más criterios sostenibles a la hora de decidir el destino de su dinero. Los test de idoneidad y los planes de formación puestos en marcha por la banca para prepararse para la nueva regulación –así como el rechazo de aquellas empresas que empleen la técnica de postureo verde conocida como washing– contribuirán a ello, así como el amplio escaparate de ofertas que ya está disponible en el mercado y que aumentará de manera creciente.