Un escenario de crisis energética pese a la nueva excepción ibérica

España no dispondrá de gas barato, ya que el precio lo marcará la crisis originada por la guerra

La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica ha obtenido un nuevo triunfo en la Unión Europea, que limita el ahorro de consumo de gas durante los meses de otoño e invierno (1 de agosto al 31 de marzo) en España a la mitad del pactado para la mayoría de los socios comunitarios. Una nueva excepcionalidad ibérica argumentada en la solidaridad ya aportada por España al resto del continente en materia de gas, y, de nuevo, en la escasa red de interconexión energética. El plan de ahorro preventivo para poder encajar una disminución intensa del gas proporcionado por Rusia o incluso un corte completo de suministro mantiene una reducción del consumo del 15% con carácter general, pero con la posibilidad de reducir a la mitad tal esfuerzo en el caso de España y Portugal, así como los países bálticos muy dependientes del gas ruso o los territorios insulares como Chipre, Irlanda o Malta.

El nuevo planteamiento es que España, con un consumo entre las dos fechas marcadas de unos 22.900 millones de metros cúbicos, en vez de tener que reducirlo en 2.900 millones, solo tendría que hacerlo en 1.700 millones de metros cúbicos, lo que limitaría la reducción anual en un 7,4%. En principio se mantiene la voluntariedad, salvo que la Unión dictamine su obligatoriedad a raíz de decisiones de Moscú que penalicen sobremanera a Europa. España tendrá que estar, por tanto, en disposición de proporcionar gas a Europa a partir de la llegada de gas natural licuado (GNL) en metaneros procedentes de Estados Unidos o países de Oriente Medio por la capacidad de regasificar instalada en las costas españolas. Pero no por ello dispondrá de un combustible barato, ya que el precio para todos los suministros, desde cualquier punto del planeta, lo marcará la crisis originada por la guerra y la discrecionalidad de Rusia.

Y en tal contexto, el Gobierno admite ya que en una agudización y prolongación de la crisis energética, tiene poco sentido mantener la previsión de crecimiento para 2023 en tasas tan elevadas como mantenía hasta ahora. Por ello, ha rebajado la previsión al 2,7% de avance, bastante alineado con el resto de instituciones, aunque más positivo. El propio Fondo Monetario Internacional rebajó ayer el avance del PIB de 2023 al 2%, tasa alrededor de la que se mueven todos los pronósticos. Con ese escenario, Hacienda ha fijado un nuevo techo de gasto que supone otro récord, en un intento de contrarrestar con más gasto público un crecimiento más modesto. No es precisamente el mejor camino para estimular la actividad, y menos cuando las exigencias de control del déficit y la deuda van a ser crecientes, entre otros motivos, para poder activar un nuevo programa de compras de deuda que evite a España una prima de riesgo no financiable.