La reapertura de Nord Stream 1 es un test para la unidad de la UE

Incluso aunque Rusia cortara del todo el grifo, es improbable que socave la solidaridad de Alemania con el resto

Modelo de tubería de gas.
Modelo de tubería de gas. reuters

Vladímir Putin está a punto de disparar su arma de gas contra la solidaridad europea. El mantenimiento planificado ha cerrado el gasoducto Nord Stream 1 durante 10 días, hasta este jueves. Siendo astuto con los plazos y el volumen de la reapertura, podría intentar socavar la unidad que han demostrado los miembros de la UE y EE UU desde que Rusia invadió Ucrania. Los riesgos son reales, pero sus posibilidades de éxito parecen escasas.

Si Putin mantuviera cerrado el Nord Stream 1, el drama del gas en Europa se convertiría en una crisis en toda regla, especialmente en Berlín. El tubo aportó el 35% de los 1.774 teravatios-hora (TWh) del suministro de Alemania en 2021, según UBS. Si se añaden las importaciones rusas por otras vías, un corte total podría reducir el 63%.

Aunque la dependencia de Alemania del gas ruso se ha reducido desde la guerra, seguiría siendo un gran impacto. UBS cree que Berlín podría asegurar 200 TWh de importaciones adicionales de gas natural licuado en 2023 y volver a utilizar 100 TWh de centrales de carbón, aunque lo primero sería caro y lo segundo socavaría los objetivos de reducción de carbono. UBS cree que el déficit de este año podría obligar a los alemanes a reducir el consumo de energía un 20% en los hogares, y un 50% en la industria.

Ello provocaría inevitablemente una importante contracción económica. El resto de la UE también sufriría. Otros países recibirían menos gas de Alemania y tendrían que racionar su energía, al tiempo que tendrían que hacer frente a un precio que probablemente se dispararía a más de 200 euros por megavatio-hora, diez veces más que en 2021. En conjunto, el bloque podría tener que reducir la demanda en un 19%, según RBC.

Además, está el peligro derivado de lo que el Ministro de Economía alemán, Robert Habeck, ha descrito como un posible “momento Lehman”. Su país reex­portó más de 800 TWh a otros países como Francia, Austria, Suiza y Chequia en 2020. El riesgo es que Berlín decida acaparar el gas que tiene, haciendo caso omiso de acuerdos de solidaridad redactados de forma imprecisa. Si Putin es astuto, podría limitar las exportaciones, pero no cortarlas del todo. Eso podría tentar a Olaf Scholz a dar prioridad a sus clientes nacionales sobre los de sus vecinos europeos, lo que desencadenaría tensiones en la UE.

Putin tiene otras formas de desafiar la unidad europea y occidental. Alegando problemas técnicos de Nord Stream 1, podría ofrecer suministro barato por Nord Stream 2, el tubo hermano paralizado que estaba a punto de completarse antes de la guerra. Eso enfurecería a EE UU, que ha impuesto sanciones al gasoducto, y a los Estados de la UE más beligerantes, como Polonia. Son riesgos que ponen los pelos de punta. Pero para causar un daño duradero al futuro del bloque, el golpe económico del asalto de Putin tendría que ser tan extremo que legitimara a Berlín a sacar el cuchillo ante cualquier contrato de exportación de gas, además de ignorar que sería como apuñalar a Ucrania por la espalda. No es seguro que sea el caso.

En un escenario en el que Putin restableciera los flujos de Nord Stream 1 a la mitad de su nivel previo, el golpe al PIB alemán en 2023 sería inferior al 1%, según UBS. Incluso en el escenario de cierre total, sería del 2,8%, menos que el 4,6% de 2020 por la pandemia, y el 6% de la UE en su conjunto. La conclusión es que, con una deuda pública inferior al 70% del PIB, Alemania tiene una amplia capacidad financiera para apuntalar la economía apoyando el empleo y las empresas.

A Scholz y Habeck les espera un invierno tortuoso. Pero el Covid obligó a la UE a idear soluciones fiscales conjuntas para un enemigo común. Si Putin cierra todo su gas, la necesidad de alejar una amenaza sísmica similar podría hacer que la historia se repitiera.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías