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En colaboración conLa Ley

¿Quién tiene que pagar el campamento?... y otros roces entre divorciados en verano

El verano dispara las consultas legales de los separados con hijos

Getty Images

El inicio de las vacaciones de verano no siempre es sinónimo de descanso y relax. La organización de estas fechas suele ser un detonante de conflictos y quebraderos de cabeza para los progenitores separados. Desde quién paga el campamento de los niños hasta si pueden llevárselos de viaje sin el consentimiento del otro. Por eso, los bufetes especializados en derecho de familia reciben una oleada de consultas al finalizar el curso escolar.

Uno de los principales motivos de fricción es “el del reparto de las estancias”, señala la abogada Paloma Zabalgo. Pese a que asuntos como qué periodos corresponde a cada uno o el lugar y hora en que debe entregarse a los niños estén fijados en el convenio, siempre surgen dudas. Como en el caso de una clienta que tenía un acuerdo con su expareja en el que ponía que el intercambio se produciría “a las doce horas”. Mientras que la madre interpretaba que era por la mañana, el padre aseguraba que se refería a la noche. “Lo lógico hubiera sido un pacto de una hora intermedia, aunque, finalmente, la entrega de los pequeños se tuvo que realizar a las doce de la noche”.

Pero ¿y si llega el verano y aún no se ha firmado el divorcio? Si existe buena relación, apunta Delia Rodríguez, CEO de Vestalia Abogados de Familia, lo normal es que los padres se ciñan a lo que vaya a establecerse en el convenio, “que suele ser el reparto quincenal de los meses de julio y agosto”. En cualquier caso, subraya, “debe tratarse de llegar a un acuerdo en el que haya un reparto justo de los tiempos y que tenga como principal objetivo el bienestar del menor o los menores involucrados”.

La abogada recuerda que, si se ha fijado una pensión, el obligado debe seguir pagándola también en los periodos en los que tiene a los niños. En caso contrario, advierte, "pueden incurrir en incumplimiento de sentencia".

Gastos y viajes

La planificación de las vacaciones puede generar multitud de disputas. Desde las más triviales como, por ejemplo, si los menores deben realizar actividades como campamentos y quién debe pagarlos, “hasta algunos que pueden complicarte el verano, como que tu expareja no te entregue el pasaporte de tu hijo/a antes de un viaje”, señala Elisabet Hernández, socia directora de Hernández Costa Abogados.

Sobre quién ha de sufragar las actividades de los menores, Hernández explica que los padres deberán compartir gastos si ambos necesitan este servicio y no está incluido en el cálcu­lo de la pensión alimenticia. Como indica Rodríguez, se considera un “gasto no necesario”. En este sentido, “su abono dependerá de si hay consenso entre los progenitores, ya que, en caso contrario, deberá hacerse cargo al completo aquel que lo haya propuesto”.

Otra de las dudas recurrentes es si es necesario tener la autorización del otro progenitor para viajar con los niños al extranjero. En principio, dice Zabalgo, esta no es necesaria, aunque “la cuestión se puede complicar por la documentación que hay que llevar”. Y es que para hacer el DNI y el pasaporte del menor ambos padres tienen que estar presentes. Si uno de ellos se niega, será necesario acudir al juzgado.

Sin embargo, comenta Rodríguez, contar con este consentimiento es muy conveniente porque tanto el código de fronteras Schengen de la Unión Europea como multitud de convenios internacionales imponen a los agentes una obligación de indagar en caso de que sospechen que se está sustrayendo al menor. Si no hay manera de ponerse de acuerdo, “se acudirá a la vía judicial”.

La pandemia ha sumado un nuevo caballo de batalla entre padres separados. Según Olatz Alberdi, socia del despacho Aba Abogadas, llegan muchas consultas por “conflictos con la vacunación de los menores”. Lo normal, aclara, es que, si el niño está sano y sin patologías graves que puedan verse afectadas por el suero, “el juez dé la razón al progenitor que quiere vacunar a su hijo”.

Juzgado de guardia

La época estival también propicia conflictos más serios en los que no basta con negociar de forma más o menos amistosa. Como cuando un progenitor no entrega al menor tras el periodo vacacional o le deja solo o desatendido. En agosto, con los juzgados cerrados, afirma Alberdi, “lo habitual es que demanden nuestros servicios por causas graves en que existe riesgo para los menores y es necesario interponer medidas de protección urgentes y cautelares que no pueden esperar”. En el despacho también tramitan asuntos de violencia de genero, "que en muchas ocasiones son temas con conllevan el divorcio posterior".

Las consultas más graves, refiere Hernández, “tienen que ver con aprovechar las vacaciones para efectuar un traslado ilícito del menor que, tras este periodo, no regresa a su domicilio habitual”. “El tiempo de reacción es muy determinante”, advierte la abogada.

También son comunes enfrentamientos a cuenta de “posibles cambios de colegio o, incluso, por la publicación de fotos de los niños en las redes sociales”, agrega Zabalgo. Son temas que atañen a la patria potestad de los menores, por lo que, si no hay acuerdo, habrá que “acudir al juez para que otorgue la decisión a uno u otro progenitor”.

Posibles rupturas

El verano es un periodo de bastante trajín para los abogados de familia. Además de las cuestiones típicas de esta estación, los bufetes reciben bastantes consultas sobre posibles rupturas de pareja. Así lo confirma Elisabet Hernández. Para la abogada, este incremento de dudas sobre la relación puede deberse a que "el verano nos saca de nuestras rutinas y evidencia en muchos casos los problemas de convivencia que la pareja venía arrastrando".

Paloma Zabalgo coincide en que durante el periodo estival llegan más clientes para que les asesore sobre la posible separación o divorcio, es decir para tomar dicha decisión con conocimiento de sus consecuencias. Sin embargo, apunta, "después del verano el criterio cambia: ya no solicitan asesoramiento sino que vienen porque han decidido divorciarse o separarse".

Conciliar con niños

 

Trabajo. Como recuerda Ana Gómez, presidenta de la Asociación Nacional de Laboralistas, el Estatuto de los Trabajadores y muchos convenios colectivos contemplan distintas medidas que facilitan el cuidado de los hijos en vacaciones. En primer lugar, los padres pueden reducir su jornada por guarda legal de niños menores de 12 años, algo a lo que “el empresario no se puede negar”. El único problema, apunta Gómez, es que normalmente tendrán que pelear para concretar las horas. También se puede optar por la llamada jornada a la carta, “lo que permitiría, por ejemplo, trabajar menos horas o hacerlo solo unos días a la semana y otros no”. La empresa no puede negarse sin más, “hay ya bastante jurisprudencia que solo le permite oponerse por motivos de peso”. Por último, existe la posibilidad de pedir una excedencia voluntaria o permiso sin sueldo.

Abuelos. Muchas familias recurren a los abuelos para que cuiden de los niños mientras sus progenitores están trabajando. En principio, señala Delia Rodríguez, CEO de Vestalia Abogados de Familia, “no hay ningún problema”. Es más, “relacionarse con los abuelos es un derecho del menor”. Sin embargo, puntualiza, habrá que analizar cada caso “y las relaciones paternofiliales para considerar que los menores puedan estar todos los periodos vacacionales con los abuelos, sin que el progenitor custodio en ese momento se implique en su atención y cuidados”.

 

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