La pausa fiscal a la gasolina de Biden serviría de poco y costaría mucho

Puede darle votos en las legislativas de noviembre, pero favorece a los más ricos y retrasa la transición verde

Gasolinera de Chevron en Los Ángeles, California (EE UU).
Gasolinera de Chevron en Los Ángeles, California (EE UU). reuters

Este año, los estadounidenses podrían recibir un regalo para acompañar sus vacaciones de verano. El presidente Joe Biden quiere que el Congreso le autorice a suspender el impuesto federal sobre la gasolina hasta finales de septiembre, en un intento de recortar unos centavos del precio en el surtidor y amortiguar el impacto del rápido aumento de los precios al consumo. Ello puede dar a Biden y a su partido un impulso de popularidad de cara a las elecciones de noviembre, pero tendría un coste demasiado alto.

El aumento de los precios de la gasolina se nota y afecta al bolsillo. Pero el beneficio para el consumidor de su derogación no es enorme. El impuesto federal es de solo 18,4 céntimos por galón. La mayoría de los estados imponen un impuesto más alto, por lo que Biden les pide que también lo suspendan. Pensilvania, por ejemplo, cobra más de tres veces el impuesto federal.

Incluso si Biden se sale con la suya, los minoristas y las refinerías se embolsarán parte de los ingresos. Según la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, solo el 70% del ahorro obtenido en las recientes moratorias estatales para la gasolina de Connecticut, Georgia y Maryland se trasladó a los consumidores. Los investigadores de Wharton calculan que unas moratorias federales más largas, de marzo a diciembre, solo ahorrarían a los consumidores entre 16 y 47 dólares per cápita.

Sin embargo, la ineficacia de unas moratorias fiscales es menos preocupante que las grandes contrapartidas que conllevan. Una de ellos es que los beneficios se acumularían de forma injusta. Los estadounidenses más ricos tienen más coches y conducen más. El quintil de mayores ingresos gastó en 2013 unas cuatro veces más en combustible que el quintil inferior. Es de suponer que esa distribución sigue siendo en gran medida la misma ahora que entonces.

Biden llegó al cargo en 2021 prometiendo una revolución de la energía limpia. Sin embargo, proteger a los consumidores, especialmente a los más acomodados, de los altos precios de la gasolina prolonga el desplazamiento de la demanda lejos de los contaminantes combustibles fósiles. Unos precios más altos de la gasolina ayudan a que el viajero marginal considere el transporte público, o un vehículo eléctrico, o más eficiente. A corto plazo, el aumento de la demanda de gasolina –por ser un poco más barata– podría crear una presión al alza sobre los precios que cobran los productores.

Lo que podrían hacer las vacaciones fiscales, por supuesto, es acelerar los índices de aprobación del Partido Demócrata de Biden, a tiempo para las elecciones al Congreso de noviembre. Los consumidores estadounidenses suelen culpar a las administraciones en ejercicio de los altos precios de los combustibles. Pero como ocurre con cualquier tipo de vacaciones, la vuelta a la realidad será dolorosa.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías