Europa debe evitar el colapso de los aeropuertos por la llegada de turistas

La explosión de la demanda turística, que inundará este verano los aeropuertos europeos tras dos años de sequía por la pandemia, constituye una excelente noticia para el sector del ocio en general, y especialmente para las economías que poseen una industria turística fuerte, como es el caso de España. Esa buena nueva, sin embargo, puede convertirse en un serio problema si el exceso de demanda desborda los medios y recursos de la oferta y acaba colapsando los aeropuertos en los principales destinos del Viejo Continente.

A lo largo de las últimas semanas se han multiplicado las advertencias en este sentido. La semana pasada, Luis Gallego, CEO de IAG, confirmó que los próximos meses pueden ser complicados en numerosos aeropuertos europeos. La conjunción de la falta personal de servicios en tierra y de tripulantes de cabina en mercados clave, el encarecimiento del combustible de aviación, que ha subido por encima del crudo, y la recuperación de la movilidad han avivado conflictos laborales que hasta ahora permanecían latentes. A ello hay que sumar los problemas en las conexiones en Madrid-Barajas por falta de efectivos policiales en el control de pasaportes, denunciados por Iberia y que han motivado refuerzos por parte del Ministerio del Interior; la decisión de British Airways e Easyjet de recortar su oferta para evitar un posible colapso o las jornadas de huelga que afrontará Ryanair en España, Bélgica, Portugal, Francia e Italia.

Ante un panorama como ese, Europa corre el riesgo de tener que afrontar en el sector servicios una crisis equivalente a la provocada en la industria por la rotura de la cadena de suministros tras la pandemia, con la importante diferencia de que la crisis de suministros no se vio venir mientras que el posible colapso de los aeropuertos europeos ha sido advertido con suficiente antelación como para prever una respuesta. Para las economías fuertemente terciarizadas, como la española, una crisis de transporte aéreo en plena temporada alta puede ser una catástrofe para una industria que ha superado momentos muy duros durante la pandemia y que se ha preparado con esfuerzo para aprovechar en lo posible el tiempo de vacas gordas.

España tiene experiencia suficiente en conflictos de este tipo como para preparar los aeropuertos y otras instalaciones turísticas de forma que puedan enfrentarse a una hipersaturación de la oferta. Hacerlo así no solo evitará un serio daño al sector turístico, sino que garantizará que el flujo de visitantes extranjeros se vayan con la decisión de repetir destino y contribuir así a la imprescindible recuperación de la economía española.