Andalucía, otro clavo en el ataúd de la coalición de Moncloa

El PP moderado obtiene una mayoría absoluta histórica y el desastre de la izquierda invitan a Pedro Sánchez a revisar la alianza con Podemos

Los resultados de las elecciones en Andalucía son un triunfo total de la versión más moderada del PP, que obtiene una mayoría absoluta histórica que le permite gobernar en solitario y prescindir de Vox, que se queda muy lejos de las expectativas de todas las encuestas. El bloque de izquierdas presenta una tarjeta que es un desastre sin paliativos, ya que pierde más de diez escaños. La paternidad de la victoria corresponde a la moderación de Juanma Moreno Bonilla, que tiene el mismo perfil que su jefe nacional, Alberto Núñez Feijóo. La propiedad de la derrota corresponde a la coalición que gobierna España, PSOE y Unidas Podemos, pero especialmente a la parte más radical, que se deja diez diputados.

La mayoría absoluta obtenida por Juanma Moreno supone que el PP ha más que duplicado su resultado, lo que ha sido posible gracias a que han absorbido toda la representación de Ciudadanos y casi una docena procedente de la izquierda, donde parece claro que ha habido un trasvase de votos desde Podemos al PSOE y desde este al PP. Las fuerzas de izquierdas partían con una suma de 50 escaños y se quedan en 38.

Estos resultados son demoledores para la coalición de Gobierno, cuyo deterioro parece imparable. Desde las elecciones generales de noviembre de 2019, de las que salió el actual Gobierno gracias al pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ha habido seis comicios autonómicos: Galicia y País Vasco (junio de 2020), Cataluña (febrero de 2021), Madrid (mayo de 2021), Castilla y León (febrero 2022) y ahora Andalucía. En todos los casos, los partidos de la coalición han perdido apoyo electoral, con la excepción de Cataluña, el único caso en el que el PSOE fue capaz de atraer a parte del antiguo electorado de Ciudadanos.

El resultado de Andalucía es sin duda el más duro de todos. Primero, porque durante décadas ha sido la región talismán del PSOE y, después, porque es la comunidad más poblada de España y aporta 61 de los 350 diputados que tiene el Parlamento nacional. De los 120 diputados que tiene actualmente el PSOE, 25 fueron elegidos en esta región. Por tanto, pensar que lo que sucedió ayer en Andalucía se queda en Andalucía es una ensoñación.

El vuelco político es de tal dimensión que a partir de ahora se va a entrar en un ambiente de fin de legislatura. El PP se va a sentir muy reforzado y la coalición de Gobierno muy deteriorada. Sin embargo, las mayorías siguen dependiendo de los resultados de las elecciones de noviembre de 2019, no de las autonómicas o de las encuestas, de manera que Pedro Sánchez sigue contando con la mayoría que le apoyó en la investidura, es decir con su aliado Podemos y el apoyo externo de ERC y otros partidos menores.

Ante esa situación, es razonable pensar que el presidente del Gobierno, que tiene un máximo de año y medio para dar la vuelta a la situación, esté pensando ya en un golpe de mano que sirva de revulsivo y pueda revertirla. Es difícil que la coyuntura económica le preste ningún apoyo, por lo que si quiere cambiar la fuerza del destino tendrá que ser proactivo.

Lo mínimo que puede plantear es un cambio de Gobierno, como ya hizo en julio del año pasado. Tras las elecciones de Madrid, Pedro Sánchez cambió a siete ministros y, sobre todo, sacó del Palacio de la Moncloa a tres de las personas que habían sido más próximas: Iván Redondo, Carmen Calvo y José Luis Ábalos. Antes, el propio Pablo Iglesias había dejado el Gobierno para ser candidato en Madrid. Un cambio de aquella magnitud ahora resultaría pura cosmética, no serviría para mucho. En aquellas elecciones, el PSOE pasó de ser la fuerza más votada en 2019 a la tercera, superada incluso por Más Madrid.

El resultado de Andalucía tiene otra carga de profundidad, que va más allá de las siglas. Los electores claramente apuestan por la moderación y el PP ahora va a tener dirigiendo en Madrid y en Andalucía a dos líderes de perfil moderado y con capacidad demostrada de obtener mayorías absolutas. A los electores no les gustan los radicales ni de izquierdas ni de derechas. El resultado de Macarena Olona es todo un aviso a Vox.

Por tanto, estos resultados invitan a que si la izquierda quiere retomar el pulso a la situación política nacional, quizás a Pedro Sánchez le convenga un pacto con Yolanda Díaz, la ministra mejor valorada, contra Podemos. Ambos se necesitan imperiosamente para tener una mínima oportunidad y a ambos les sobra el radicalismo mostrado por sus colegas del consejo de ministros, Ione Belarra e Irene Montero. Estas dos ministras son las que encabezan la división dentro del Ejecutivo, lo que sin duda hace daño electoral a las fuerzas de izquierdas.

En los últimos meses, el Gobierno ha tenido problemas con su socio externo (ERC), con temas como el espionaje de las conversaciones de líderes independentistas protagonizado por el CNI. Pero lo más grave son las disensiones dentro de la colación, donde el capítulo de agravios es muy amplio. Es el caso del cambio de posición sobre el Sahara, el envío de armamento a Ucrania, el incremento del presupuesto de defensa o la diferente forma de entender el feminismo, que afecta a diferentes leyes.

Con este panorama es indudable que Pedro Sánchez tiene que tomar serias medidas para reducir el perfil radical de su Gobierno, a lo que no ayudan ni los representantes de Podemos en el Gobierno ni sobrevivir con los apoyos de ERC e incluso de EH-Bildu. Sánchez ha demostrado ser un superresiliente y quizás piense que la única manera de recuperar la iniciativa sea romper del todo con Podemos, prorrogar el Presupuesto y aguantar hasta las elecciones autonómicas y municipales, que se celebrarán el 28 de mayo del año que viene. La cuestión es cuánto puede aguantar si esos apoyos.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense