Pablo Recuenco: “El ‘crowdfunding’ nos ayudó a vender zapatillas”

Están fabricadas en España y prevé facturar este año 5 millones de euros

Pablo Recuenco, fundador de las zapatillas Morrison.
Pablo Recuenco, fundador de las zapatillas Morrison.

Empezaron compatibilizando sus trabajos con la idea de sacar adelante un proyecto de zapatillas. Y hasta se fueron a vivir juntos para poder dedicarle tiempo y hacerlo realidad. Esta es la historia de tres amigos, nacidos en los noventa, que siempre soñaron con crear algo juntos. Se lanzaron a ello en 2016. Pablo Recuenco (Madrid, 1990) es periodista de vocación, trabajó durante más de una década en ello, pero el emprendimiento era el gusanillo que alimentaba desde la adolescencia. Y después de madurarlo y meditarlo, decidió, junto a Álvaro Rodríguez y Álvaro Patón, crear, después de desechar proyectos que consideraban inviables, una empresa, utilizando herramientas de su generación, como el marketing digital o el crowdfunding como vía de financiación.

Han creado una empresa acorde a su generación.

El marketing y el soporte digital eran fundamentales para el desarrollo del negocio. Utilizamos el marketing de redes sociales, y en ellas nos apoyamos para ver cómo teníamos que vender y qué nos gustaría vender. Esto ha sido una carrera de fondo. Nos flipaban las zapatillas, y queríamos que fueran fabricadas en España, no en China. La localización era muy importante para nosotros, dado que España tenía una industria potente de calzado. Vendemos, además de en España, en seis países –Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Portugal e Italia–, facturamos 3,5 millones de euros en 2021 y la previsión para este ejercicio es llegar a los 5 millones.

Comenzaron lanzando una campaña de crowdfunding.

Un valor intrínseco a las marcas es hacer cosas diferentes, con un diseño diferente, hacer algo especial. Hace seis años el crowd­funding era algo que se hacía con la música y poco más. Para nosotros fue un reto atraer a la gente y que apostara por nuestra marca. Fuimos pioneros en desarrollar una campaña en este tipo de negocio. Aplicamos un método que llevaba consigo una recompensa. Publicamos nuestro proyecto en una plataforma, donde pusimos siete maquetas de siete modelos e invitábamos a la gente a que invirtiera con 39 euros en nuestro proyecto. A cambio, podían conseguir unas zapatillas a un precio que no se iba a repetir, además de conseguir la zapatilla antes que nadie. El crowdfunding nos ayudó a vender zapatillas.

Lograron su propósito.

Necesitábamos 12.000 euros de financiación para esa primera producción, y al final logramos 23.000 euros. También nos sirvió de testeo, lo que nos permitió saber cuáles eran los modelos que funcionaban. Fue una herramienta de marketing. Se financiaba el proyecto con el compromiso de recibir la zapatilla tres semanas después. Aprendimos a comunicarnos con los clientes.

¿Conseguir financiación es lo más complicado?

Es un reto grande. He visto crowdfundings fracasar. Y muchos emprendedores acuden a nosotros para que les ayudemos con este tema. Creo que es una buena herramienta, pero si se hace una mala campaña, se puede fracasar. Puede ser que el objetivo de la campaña se quede demasiado alto, o demasiado bajo, y que la gente no le dé demasiada importancia a la campaña. El riesgo está en establecer un mal rango. La gente se pregunta: ¿qué ventajas y beneficios obtengo por el hecho de participar en la campaña? Para nosotros fue muy positivo porque nos permitió no tener que ir a los bancos. Reinvertimos todos los beneficios y la banca la utilizamos para líneas de crédito más corrientes. No tenemos inversores.

Apostaron por el canal digital, pero ahora están abriendo tiendas físicas.

Tenemos tres puntos de venta, dos en Madrid y uno en Sevilla. Nacimos en online y éramos defensores de este canal, que nos ha permitido medir todo, pero tener una estrategia omnicanal es importante. Comenzamos con un showroom, donde pudimos comprobar cuál era la reacción de la gente. Vimos que funcionaba bien, y cuando llegó la pandemia creímos que era buen momento de darle una oportunidad al mundo físico. Cuando abrimos la tienda de la calle Lagasca multiplicamos por tres los ingresos. Con la pandemia duplicamos también el negocio digital, que nos sirve para publicitarnos. Las tiendas físicas nos funcionan muy bien y no queremos desaprovechar este canal de venta tampoco. También tenemos más de 150 puntos de venta en toda España en tiendas multimarca, y por esa vía también podemos seguir creciendo.

¿Poner nombre a la empresa también es decisivo?

Nos costó tiempo encontrar el nombre, pero queríamos uno que fuera más importante que el producto que llevara la gente, que estuviera por encima y que se identificara con él. Y encontramos este [Morrison], que no tenía más de tres silabas y que era igual en todos los idiomas occidentales, además de que se leyera igual que se pronunciase. Además, contiene elementos que evocan una playa, la música y las motos, todo esto lo metes en la coctelera, le vas dando vueltas cada día... hasta que obtienes el nombre.

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