El fin de la flexibilización cuantitativa puede ser prematuro

Lo ideal sería que el BCE se comprometiera a mantener un ritmo constante y moderado de compras en su programa actual, incluso cuando suba tipos

El comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, el pasado 23 de mayo en Bruselas.
El comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, el pasado 23 de mayo en Bruselas. EFE

El BCE podría anunciar esta semana el solemne fin de su programa de compra de bonos por valor de 3 billones de euros. Eso hará subir los retornos de la deuda pública, que ya han crecido después de que otros bancos centrales hayan empezado a subir tipos. Ello elevará de nuevo el riesgo de fragmentación dentro de la zona euro. Eso es en parte por el plan del BCE de subir su tipo oficial en julio. Al condicionar la subida al fin de la compra de bonos, puede endurecer su política incluso cuando las condiciones de financiación de los Estados periféricos empeoren.

 

La situación no es alarmante por ahora. Los retornos de los bonos están subiendo en toda la región. Pero los italianos a 10 años rinden 2 puntos más que los alemanes, el nivel más alto en dos años.

El BCE seguirá comprando algunos bonos. Lagarde puede reiterar que los ingresos de los valores que vencen adquiridos en el marco de la flexibilización cuantitativa se reinvertirán, lo que implica compras por 240.000 millones en el próximo año. Pero eso solo mantendrá el balance en su tamaño actual.

Por ello, los miembros más palomas del consejo de gobierno están presionando para anunciar una nueva herramienta. Pero a los de la línea dura les puede resultar difícil ponerse de acuerdo sobre cuándo intervenir y con qué fuerza. La compra de bonos de un país concreto enfadará a los críticos que insisten en que los Gobiernos cargados de deuda deberían cuidarse a sí mismos. Es mucho más controvertido que el actual programa, en el que las compras se reparten en función de la participación en el capital del BCE.

Así que Lagarde puede seguir siendo imprecisa sobre los términos de cualquier nuevo programa. Eso puede simplemente animar a los mercados a poner a prueba su determinación. Lo ideal sería que el BCE declarara explícitamente que la compra de bonos es una herramienta normal de política monetaria, y se comprometiera a mantener un ritmo constante y moderado de compras en su programa actual, incluso cuando suba tipos. El riesgo es que una salida prematura desencadene una tensión innecesaria en los mercados.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías