Inversores al rescate de la vida salvaje

Emitido un bono ligado a la preservación del rinoceronte negro

Un rinoceronte en la sabana de Etosha (Namibia)
Un rinoceronte en la sabana de Etosha (Namibia)

Vincular resultados de inversión financiera con objetivos de sostenibilidad o sociales empieza a ser ya realmente común. También cuando hablamos de instrumentos de renta fija. Los bonos verdes hace tiempo que no sorprenden a nadie, y los azules, ligados a la protección de los océanos, son cada vez más conocidos. Sin embargo, hace solo unos meses apareció una nueva modalidad de financiación que busca la conservación de la fauna salvaje, un objetivo ineludible si tenemos en cuenta que se ha perdido el 60% de su diversidad animal en los últimos 50 años.

Así, de la mano del Banco Mundial como emisor, y por un monto de 139 millones de euros, llegaban en marzo al mercado de deuda de Estados Unidos los llamados bonos rinoceronte. Un activo ligado a unos animales cuyo número no supera actualmente los 2.600, frente a los 65.000 del año 1970 y los 850.000 que en algún momento supusieron, según datos de la organización internacional emisora.

Se estudian nuevas operaciones con otros animales en riesgo

Una de las muchas peculiaridades de ese instrumento de deuda, con vencimiento a cinco años, es que no tiene establecido un cupón, sino que su rendimiento final estará condicionado por la tasa de crecimiento de las poblaciones de estos animales en peligro de extinción en dos reservas de Sudáfrica, el Parque Nacional de Elefantes de Addo y la Reserva Natural del Gran Río de los Peces. Para recibir el pago máximo a vencimiento del bono, la población de rinocerontes negros deberá aumentar más del 4% anual.

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Para propiciar esa mejora, los intereses anuales se destinan a invertir en la lucha contra cazadores furtivos y a mejorar las condiciones de los animales en los dos espacios naturales elegidos. Otra ventaja, según han resaltado desde el Banco Mundial, es que se aprovechan los mercados de capital para recaudar fondos de inversores privados sin aumentar la deuda soberana de, en este caso, Sudáfrica.

Anteriormente, según datos de la plataforma de información sobre mercados Dealogic, solo en una ocasión una emisión había estado ligada a objetivos de protección de la diversidad animal. El promotor fue Klabin Austria, subsidiaria del productor brasileño de celulosa, papel y cartón Klabin. La compañía lanzó en enero de 2021 una emisión de 465 millones de euros, con un cupón del 3,3% y vencimiento a 10 años, asociada a objetivos de desarrollo sostenible que, de no cumplirse, obligaría a reajus­tar el cupón. Entre esos objetivos, la reintroducción al ecosistema de al menos dos especies nativas en peligro de extinción.

Próximas operaciones

Si tiene éxito esta operación vinculada a rinocerontes, el programa ideado desde el departamento de financiación del Banco Mundial podría ampliarse para proteger las poblaciones de rinoceronte negro también en Kenia, así como otras especies salvajes como, por ejemplo, leones, tigres, gorilas y orangutanes en comunidades todas con necesidades de apoyo.

Oliver Withers, responsable de biodiversidad dentro del área de sostenibilidad global de Credit ­Suisse, está convencido de que habrá más transacciones, “ya que hay muchas otras causas sociales y de conservación que podrían beneficiarse de este enfoque. A medida que más donantes, potenciales pagadores por resultados e inversores examinen el producto y aumente la profundidad de la demanda, se creará un círculo virtuoso que permitirá más emisiones”, concluye.

De hecho, desde la entidad, que participó junto a Citi en la colocación de estos bonos rinoceronte, admiten que, tras la operación, “varias organizaciones y posibles emisores” se han puesto en contacto con ellos interesados en este tipo de estructura de financiación de deuda con pagos ligados a resultados.

También desde Nuveen, la firma estadounidense de gestión de activos convertida en principal inversor de la emisión, esperan que “este tipo de asociación público-privada pueda servir como modelo para futuras operaciones para ayudar a mejorar la biodiversidad a escala mundial”.

No obstante, no será inminente, ya que diseñar este tipo de instrumentos es laborioso. “Sabemos por experiencia que el proceso de identificar una causa, estructurar un proceso de aplicación y luego integrarlo todo en un instrumento de deuda es largo y requiere una cuidadosa consideración”, admite Oliver Withers.

Hipotecas verdes a la espera de un estándar europeo

Vivienda con plantas en la terraza.
Vivienda con plantas en la terraza.

La renovación del parque de edificios existentes es un desafío importante en toda Europa y las hipotecas verdes pueden ayudar a resolver parte del problema. “Hemos detectado, no solo en el entorno hipotecario sino en el financiero en general, que hay una demanda creciente por productos verdes y sostenibles”, aseguran en Bankinter, uno de los bancos que oferta este tipo de préstamo que financia la compra de viviendas con una calificación de eficiencia energética A o B, o para reformas que busquen mejorar en ese aspecto.

“Las perspectivas son que el número de compras de viviendas eficientes energéticamente vaya en aumento, tanto por la mayor demanda de los compradores conscientes del desafío de la sostenibilidad como por la creciente oferta de promotores inmobiliarios”, augura Ana Pitarch, responsable de hipotecario de BBVA en España.

Para crear un estándar de hipoteca verde a nivel europeo nació la iniciativa Energy Efficient Mortgages (EEMi, por sus siglas en inglés), un proyecto Horizonte 2020. Se ha centrado en “identificar lo que se necesita para generar un círculo virtuoso, con el objetivo final de proporcionar beneficios reales para todas las partes interesadas, desde los consumidores hasta las entidades financieras, inversores o la sociedad en general”, explica Catia Alvés, directora de sostenibilidad y responsabilidad corporativa de Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI), una de las pocas entidades españolas dentro de las 37 adheridas en toda Europa.

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