El reto de mejorar la cultura de seguridad

Es una palanca estratégica para lograr la transformación

de las empresas y mejorar la calidad

El pasado 28 de abril celebramos el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, que anualmente promueve la prevención de los accidentes y las enfermedades profesionales en todo el mundo. El lema escogido este año por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sido: Actuemos juntos para construir una cultura de seguridad y salud positiva.

Para definir los retos que afrontan las empresas en materia de seguridad, podríamos utilizar tecnicismos y construcciones complejas, pero realmente el gran desafío puede centrarse en una frase: cambiar la cultura de seguridad. La pandemia ha puesto de manifiesto nuestra vulnerabilidad como sociedad, situando la seguridad y la salud como prioridad para las personas. Una crisis que ha implicado un enorme ejercicio de responsabilidad de la sociedad en la aplicación de las distintas medidas de protección.

En las empresas también debemos hacer de la prevención, el análisis de riesgos y la participación comprometida de todos los profesionales la mejor defensa para garantizar la seguridad dentro y fuera de las compañías. La manera en que las empresas actúan en materia de seguridad puede explicarse siguiendo modelos muy diversos, pero en realidad puede resumirse en tres pilares:

• Integridad de los activos: diseño, inspecciones, mantenimiento, calidad.

• Procesos: estudios de riesgo, investigación de incidentes, procedimientos de operación, gestión del cambio, etc.

• Cultura: cómo hacemos las cosas.

Podríamos pensar que la cultura de seguridad no es tan importante. Al fin y al cabo, si los activos están bien mantenidos y los procesos bien definidos, ¿qué más necesitamos? Pues bien, es preciso que nuestra cultura implique que nos preocupamos por el estado de nuestros activos y que ejecutamos los procesos como están definidos. Y además, que actuemos para que nuestros compañeros y empresas auxiliares también lo hagan.

El manual de mi coche indica cuándo debo cambiar las ruedas, pero eso no asegura que yo lo haga. Si no percibo el riesgo, es muy probable que no las cambie en su momento, y que cada vez lo alargue más. O si estoy apurado económicamente, puedo priorizar otras cosas. Y si yo no percibo el riesgo, cuando vea los neumáticos de mi amigo, o de mi pareja, por muy gastados que estén, difícilmente se lo diré.

Cambiar la cultura de seguridad es una tarea de las más difíciles y hace falta tiempo y tesón. Requiere en primer lugar que las personas comprendan las razones, el porqué queremos cambiar y qué vamos a conseguir. Y luego mucho trabajo y esfuerzo.

Todos sabemos que es necesario llevar el cinturón de seguridad, y aun así no conseguimos que todo el mundo se lo ponga. Y eso que es sencillo. Otro ejemplo. Hemos conseguido que las personas entiendan por qué no deben fumar y, sin embargo, no hemos logrado que todas se esfuercen para no hacerlo.

Pues bien, en seguridad el porqué queremos evolucionar en la cultura es para que no se produzcan accidentes. Y esto se entiende perfectamente. Lo que cuesta más es hacer ver cómo cambiar el comportamiento de cada uno de nosotros para contribuir aún más a no tener accidentes. Al fin y al cabo, tenemos mucha experiencia, somos buenos en nuestro campo, entonces ¿qué tenemos que cambiar?

Lo que debemos perseguir es que en nuestros equipos cada uno cuide de su seguridad y salud, pero también de la de los demás. La seguridad es una palanca estratégica de la transformación de las empresas. Para ello, cada uno de los empleados, empresas auxiliares y proveedores debe asegurar, además de su propia salud y seguridad, la de sus compañeros y clientes, buscando la excelencia.

Por las características de nuestra actividad, las empresas industriales tenemos y cumplimos con altas exigencias en seguridad, pero no debemos conformarnos con lo que somos, tenemos que llegar a ser los mejores y mantenernos. Nuestro objetivo es y será siempre cero accidentes. Estamos convencidos de que el accidente se puede evitar y la mejor fórmula es la prevención continua.

Por supuesto debemos trabajar todos los días para cuidar nuestros activos y mejorar nuestros procesos, pero el reto, el gran reto, ahora es la evolución cultural.

Una pista, para cambiar la cultura hay que dedicar mucho tiempo a conversar con los demás, compañeros, jefes, subordinados, empresas auxiliares… compartiendo experiencias y reflexionando sobre las cosas que ocurren. El problema es que el tiempo, un bien que no se puede almacenar, se nos va de las manos y siempre nos falta. Pues bien, tenemos que encontrar ese tiempo para conversar, y además que sea un tiempo de calidad.

Y otra pista, una empresa sin accidentes es una empresa más eficiente y, por tanto, más rentable. Lo dicen los datos, las empresas que son excelentes en eficiencia lo son en seguridad y viceversa. Pero no hacen falta datos para llegar a esta conclusión, si ser excelentes en seguridad implica que nos preocupamos por nosotros y por los demás quiere decir que nos preocupamos por tener unas instalaciones en perfecto estado y por hacer las cosas bien. Y si hacemos las cosas bien en seguridad con certeza las estaremos haciendo bien en todo lo demás. Un ejemplo sencillo, cuando vemos una planta en la que todo está limpio y bien ordenado, ya nos avisa de que en esa planta la gente se preocupa por la misma, y se la ve orgullosa. Cuando la vemos sucia y desordenada se evidencia una falta de cariño y desinterés hacia el lugar de trabajo. La cultura por la seguridad es sin duda el mejor pilar para potenciar la calidad y la mejora de las empresas, al tiempo que cuidamos de nosotros mismos y los que nos rodean. ¡Por un mundo con cero accidentes en las empresas, siempre será un mundo mejor!

Álvaro Díaz Bild es Director de HSEQ (‘health, safety, environment and quality’) de Cepsa