España debe asignar con criterio los fondos europeos para tirar de la inversión

Cuando Pedro Sánchez presentó en 2020 las líneas maestras del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, anunció que los históricos 140.000 millones de euros liberados por Bruselas permitirían levantar hasta 500.000 millones de euros más de inversión, mediante instrumentos financieros y colaboración público-privada. Un ambicioso efecto tractor cuyas probabilidades de éxito están condicionadas no solo por el montante de las ayudas, sino también por la buena gestión y la asignación eficiente de los fondos a proyectos capaces de multiplicar la inversión. Como recuerda el Banco de España en un documento de trabajo que analiza la respuesta de la inversión privada al aumento de la inversión pública, esas expectativas exigen contar con una estrategia y un diseño adecuados tanto en la selección como en la tutela de los proyectos.

El organismo que dirige Pablo Hernández de Cos señala que un incremento de un 1% en la inversión pública “estaría asociado a un incremento de la misma magnitud en la inversión privada en el corto plazo”, lo que explica la importancia de aplicar unos criterios de rigor y oportunidad muy altos a la hora de indentificar los proyectos, así como de procurar que estos se alineen “con los objetivos de trasformación estructural de la economía española en el medio y largo plazo”. Dado que ocho de cada diez euros de las ayudas de Bruselas están destinados a inversión pública, el potencial multiplicador sobre la inversión privada constituye una ocasión inigualable para la economía española.

Sin embargo, no todos los proyectos tienen la misma capacidad multiplicadora. Entre los más productivos en este sentido, explica el Banco de España, destaca la creación de infraestructuras y las mejoras en las comunicaciones, así como la inversión pública en bienes intangibles, que suele dar pie a proyectos privados de gasto en I+D. Por contra, el informe advierte de que existen otro tipo de proyectos con menor impacto por el lado de la oferta, como son las ayudas para la rehabilitación de viviendas.

Puesto que buena parte de los fondos de recuperación se centrarán en la reactivación de proyectos clave de la industria, fundamentalmente en el motor, la fabricación de material y equipo eléctrico, la agroalimentación y la aeronáutica, además de la movilidad eléctrica, el desarrollo del hidrógeno o la inteligencia artificial, movilizar el mayor capital privado posible debe ser una prioridad para España. Ello permitiría al país reforzar el sector secundario, que tiene mayor resistencia en los ciclos recesivos y es altamente intensivo en productividad, y equilibrar así un modelo económico tradicionalmente demasiado ligado a los servicios.