El control de los precios es clave para la competitividad del turismo

La ola inflacionista que azota las economías mundiales se está reflejando con intensidad en los precios de los alojamientos hoteleros de los países con mayor sex appeal para el turismo, como es el caso de España y de Turquía. Aunque hasta ahora la baza que los hoteles turcos utilizaban para competir en el mercado internacional era fundamentalmente el precio, sus tarifas han crecido exponencialmente en los últimos tiempos y se sitúan ahora solo un 24% por debajo de las españolas, cuando en 2019 el precio medio de una habitación en España cuadruplicaba al de los establecimientos turcos. La desbocada evolución de los precios en el país, cuya subida media se situó en el 61% el pasado marzo, ha llevado la inflación al nivel más alto de los últimos 20 años. Junto a la presión de los precios, el turismo de Turquía está pagando también las consecuencias de la guerra de Ucrania, que ha hecho perder al país este año 8,5 millones de viajeros, mayoritariamente rusos, pero también ucranianos.

Sin posibilidad de utilizar tarifas low cost como gancho para captar clientela, el encarecimiento de los hoteles turcos puede jugar a favor de un turismo español que vive un momento dulce. El sector se prepara para la temporada estival con un volumen de reservas que ya se sitúa en niveles previos a la crisis, gracias al mayor control de la pandemia, la normalización del ocio y el efecto de una demanda que ha estado embalsada durante dos años. Además, España tiene a favor, respecto al turismo turco, mayores y mejores infraestructuras, más seguridad y una oferta más madura y profesionalizada.

Pese a ello, los hoteles españoles deben estar también atentos a la evolución de la inflación y tratar de evitar que distorsione los precios, que han aumentado un 40% en los últimos meses y que pueden convertirse en un riesgo muy serio para la consolidación de la recuperación económica en el sector si no se gestionan con suficiente prudencia y racionalidad. El turismo español debe aprovechar la oportunidad histórica que ofrece la recuperación, en un entorno de incertidumbre, pero también de grandes ventajas, como el apoyo de los fondos europeos, para sentar las bases de una reconversión que lleva muchos años pendiente y que debe guiarse por directrices que aumenten el valor añadido de la industria, la hagan más sostenible y consoliden un liderazgo turístico que vaya más allá de la competitividad por costes y apueste cada vez más por la alta calidad.