Soñando con no celebrar el Día Mundial contra la LGTBIfobia

Este 17 de mayo nos recuerda el compromiso que debemos tener para evitar la discriminación por orientación sexual e identidad de género

Las banderas del orgullo gay y trans. Getty Images
Las banderas del orgullo gay y trans. Getty Images

España aparece en varios rankings internacionales entre los países con menos LGTBIfobia del mundo. Entre ellos, el estudio ¿Sobre el Arcoíris? El camino a la Inclusión LGTBI (Over the Rainbow? The Road to LGBTI Inclusion) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Economicos (OCDE). Aparece también en una posición destacada en la lista Rainbow que clasifica los países por su implementación de los derechos para las personas LGBTI+, elaborada por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex en Europa (ILGA-Europe). No obstante, este año ha descendido a la decimoprimera posición. Incluso, tiempo atrás, apareció en el primer puesto en los sondeos de PWE Research, un destacado centro de investigación con sede en Washington D. C., que nos destacaba como el país con menos LGTBIfobia del mundo.

En una Europa que es un espacio de especial libertad para las personas LGTBI+, España puede ocupar una posición de motor, lejos de otras materias en las que, desgraciadamente, obtenemos posiciones menos privilegiadas. En este camino, aun nos encontramos con datos preocupantes, como el aumento en un 10% de las agresiones a personas LGTBI+ en el 2021, en comparación con el año anterior, según datos del Ministerio de Interior. No obstante, este aumento tiene una doble lectura: el posible aumento de casos de agresiones o, en positivo, que las victimas tienen una mayor confianza en las instituciones, atreviéndose a denunciar.

Un punto importante a destacar es que nuestro objetivo como comunidad no debe ser solo alcanzar la tolerancia, sino garantizar el respeto hacia todas las personas, construyendo una sociedad más inclusiva en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados en la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Toleramos las cosas que no nos son gratas, mientras que, por el contrario, buscamos aquello que queremos. En este sentido, no solo debemos ser un país que sea seguro para la población LGTBI+, sino que también debemos ser un país que sepa apoyar a esta comunidad desde un punto de vista social y humano.

El talento LGTBI+ internacional nos ofrece las dos caras de una misma moneda. Por un lado, profesionales LGTBI+ que pueden desplazarse libremente y buscar aumentar su calidad de vida, para los que España es ya un referente, aunque aún lo pueda ser más. Por otro, profesionales LGTBI+ que vienen de países en los que son perseguidos, que buscan refugio y asilo, y para los que España también debería convertirse en referente, no solo porque España necesite de ese talento para su desarrollo, sino también porque es una excelente oportunidad para la definición de nuestros valores.

En este sentido, y el actual conflicto en Ucrania nos sirve para darnos cuenta de ello, no debemos conformarnos con ser meros espectadores de la persecución que sufren las personas LGTBI+ en otros países, limitándonos a condenar este tipo de actuaciones, sino que deberíamos ser más proactivos en la elaboración de una normativa que permita una mejor y más completa protección a los integrantes de este colectivo, garantizando no solo el amparo y la permanencia en nuestro país, sino también favoreciendo su empleabilidad. Así, las políticas públicas deberían ir encaminadas a permitir sinergias público-privadas en las que las empresas se vean reforzadas y faciliten un mejor acceso al mercado de trabajo de las personas que demandan residencia o asilo, dando respuestas rápidas y eficaces que nos permitan captar ese talento, frente a la incertidumbre que reina en el momento actual.

En los últimos años, no solo se ha reforzado la respuesta penal frente a los delitos de odio motivados por la LGTBIfobia, sino que también se han aprobados normas, tanto estatales como autonómicas, para garantizar la igualdad efectiva de las personas LGTBI+ en diferentes campos de actuación, entre ellos el laboral, buscando generar espacios de trabajo más inclusivos que se ven complementados con planes específicos de atención a la diversidad afectivo sexual o de género puestos en marcha por muchas empresas e instituciones. Para concienciar sobre ese odio, quizás más bien deberíamos hablar de discriminación frente al diferente, que, aunque reducido, sigue aún muy presente.

No obstante, y lamentablemente, no todos los territorios han avanzado de forma similar en este campo, debiendo estar especialmente alertas para que la deriva política de algunos gobiernos autonómicos no sirva como excusa para dejar de avanzar (e incluso para no retroceder) en la conquista de este tipo de derechos. Sobre todo, porque no debemos olvidar que en España el 72% de profesionales LGTBI+ están dentro del armario, de acuerdo con el Proyecto Adim de la Universidad Complutense de Madrid, y, según datos de la OCDE, en los países de esta organización los profesionales LGTBI+ tienen un 7% más de desempleo y un 4% menos de sueldo.

De esta forma, nuestra aparentemente cómoda posición en los rankings no puede servir para adoptar una posición autocomplaciente por los derechos adquiridos, sino que debe servirnos para, aprovechando nuestro papel dentro de una sociedad global, destaquemos aún más en derechos y libertades para la comunidad LGTBI+. Esto abriría así un abanico de oportunidades único, en el que poder alcanzar un liderazgo mundial como marca España inclusiva, que haga de nuestro país un territorio acogedor para ese talento del que hablábamos y donde las políticas públicas, no solo en materia de refugio o asilo, sino también en materia de migración, sean reflejo de un respeto a la diversidad del que poder sentirnos orgullosos.

Como sociedad, este día nos recuerda el compromiso que debemos tener para evitar situaciones de discriminación por orientación sexual e identidad de género. Trabajar en este ámbito y conseguir una legislación que respalde estos compromisos ayuda al desarrollo económico y social de la comunidad LGTBI+ local, que aspira a construir una sociedad en la que llegue el día en el que la LGTBIfobia sea una cosa del pasado.

Miguel Garzón, director en España y Latinoamérica de la red profesional myGwork, y Adán Carrizo González-Castell, profesor doctor de Derecho Procesal en la Universidad de Salamanca

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