Fondos de inversión alternativa, el escudo frente a las emociones

No ofrecen liquidez inmediata y requieren de un horizonte temporal superior, pero protegen de decisiones impulsivas por las oscilaciones de los mercados

Los episodios de incertidumbre y volatilidad que estamos viviendo en los últimos meses en los mercados financieros se repiten con cierta recurrencia –con causas y efectos diferentes– y no deberían ser novedosos para el inversor. Hemos vivido numerosas crisis en los últimos 15 años de las cuales nos hemos ido sobreponiendo. Quien haya seguido como un mantra los consejos repetidos por los asesores financieros de ajustar el nivel de riesgo de las inversiones al horizonte temporal de los objetivos financieros y al umbral del dolor para mantenerse fieles a la estrategia sin apretar el botón del pánico de la venta en los peores momentos, y ha tenido una diversificación amplia de sus inversiones, ha podido comprobar cómo se van amortiguando esas oscilaciones con el tiempo y todo acaba convergiendo hacia un equilibrio.

Sin embargo, cada vez que nos vemos inmersos en una nueva crisis es inevitable que los nervios y las dudas vuelvan a aflorar pensando que esta vez va a ser distinta a las anteriores y se despierten nuestros mecanismos cerebrales más primarios de autoprotección. Uno de los motivos principales de esta situación es una característica fundamental de los mercados financieros tradicionales, su liquidez. Lo que en rasgos generales podemos interpretar como una gran ventaja, ya que con un solo clic podemos convertirnos en socio de Bill Gates o prestar dinero al Estado alemán y con otro clic dejar de serlo y tener nuestro dinero en pocos días en nuestra cuenta corriente, en ocasiones también tiene su otra cara de la moneda y se puede convertir en nuestro peor enemigo. Esta liquidez inmediata, además, nos permite poder ejecutar este instinto, apretando el botón rojo del pánico de la venta y apartando de nosotros esa emoción negativa.

Por lo tanto, de la liquidez de los mercados financieros tradicionales hay que quedarse con la parte buena, que es su capacidad de disposición inmediata, pero nos tenemos que proteger de algún modo contra los efectos perversos que pueda tener, como llevarnos a tomar decisiones erróneas en los momentos menos apropiados.

Existen diferentes maneras de protegernos de nosotros mismos y de nuestras emociones en la gestión de nuestro patrimonio. Una de ellas es la diversificación de nuestras carteras hacia activos más ilíquidos y pegados a la economía real. Este tipo de inversiones no tienen una liquidez inmediata y requieren de un horizonte temporal de inversión superior. Sin embargo, pueden tener cabida en las carteras de muchos inversores para aquella parte del patrimonio encaminada a cubrir objetivos temporales más lejanos y desde la tranquilidad de tener otros más líquidos para atender los mas inmediatos.

Los inversores institucionales, como planes de pensiones, compañías de seguros, fundaciones o family offices llevan mucho tiempo combinando en sus carteras estas inversiones alternativas más ilíquidas con las inversiones liquidas tradicionales de forma muy exitosa, ya que la prima de rentabilidad que ofrece esa iliquidez y la menor oscilación en su valoración al no formarse precios de forma continua mejoran la relación rentabilidad-riesgo de las carteras.

Los inversores privados, hasta hace pocos años, no habían tenido acceso a este tipo de activos, pues no existían vehículos que les permitieran acceder de una forma eficiente y asequible, pero con la regulación los FIL (fondos de inversión libre) y FCR (fondos de capital riesgo) en España se va permitiendo el acceso a un mayor número de inversores. Son productos complejos por su iliquidez y por sofisticación de sus subyacentes que requieren unos conocimientos financieros más amplios que para invertir en productos tradicionales. Aun el mínimo de inversión se sitúa en 100.000 euros, que, aunque no es asequible para cualquier inversor, ha incrementado la base de clientes.

Estos activos, son el capital riesgo o inversión en empresas no cotizadas, los préstamos sindicados, que supone prestar dinero a compañías fuera del circuito bancario, y la emisión de bonos cotizados y los activos reales o inversiones en activos tangibles como los inmobiliarios, las infraestructuras o los elementos de transporte.

Los beneficios de estos activos dentro de carteras diversificadas son, por un lado, la prima de rentabilidad que ofrecen debido a esa menor liquidez. Por otro lado, al no valorarse diariamente sino de forma mensual o trimestral y además con un decalaje de al menos un mes, alejamos nuestras emociones derivadas de la coyuntura del conocimiento de esas valoraciones. Y además, los criterios de valoración están basados en componentes más objetivos, minorando las emociones en las valoraciones de los activos con liquidez diaria.

Las decisiones de inversión en estos activos son fruto de negociaciones y exhaustivos análisis que desembocan en operaciones de mayor convicción, y tanto inversiones como desinversiones se realizan en varios periodos de tiempo que permiten amortiguar los efectos de los diferentes momentos del ciclo económico. Adicionalmente, la proximidad de los activos con la economía real genera una sensación de mayor seguridad, con resultados más previsibles y, sobre todo, este tipo de inversiones permite al largo plazo hacer su trabajo, al alejarnos del enemigo de nuestras emociones

Por último, una vez asegurada la fidelidad a ese largo plazo, con los activos más ilíquidos hay que observar los mismos principios de inversión que con los líquidos, alejarse de las modas y no deslumbrarse por las promesas de rentabilidad pasadas y asegurarnos que existe una diversificación suficiente por estrategias, zonas geográficas, gestores y momentos de inversión y, sobre todo, que hayamos planificado correctamente nuestro plan vital para que ajuste el horizonte temporal de nuestras inversiones a los objetivos financieros definidos.

Ya muchos inversores en banca privada gozan la ventaja de la diversificación de estos activos en sus carteras y seguro que será algo que irá en aumento, sobre todo si finalmente acaba aprobándose una reducción de la inversión mínima en este tipo de productos.

Jacobo Zarco es Socio director de grandes patrimonios de atl Capital