Steve Jobs solo hay uno, pero su mente disruptiva se puede trabajar

El cofundador de Apple sigue sigue siendo 11 años después de su muerte, un ejemplo de pensamiento crítico

Steve Jobs, durante una presentación de Apple.
Steve Jobs, durante una presentación de Apple. GETTY IMAGES

El pensamiento crítico se encuentra entre las habilidades más demandadas por las organizaciones y será clave en el futuro laboral. Se trata de una competencia que aporta elementos de juicio necesarios para tomar decisiones efectivas, tener criterio para analizar y valorar hechos, resolver problemas, a la vez que generar ideas disruptivas y mantener una actitud de mejora continua y abierta al cambio.

Todo el mundo puede desarrollar un pensamiento crítico. O lo que es lo mismo, empezar a pensar como un gurú. Se trata de un conjunto de facultades que sirven para evitar lo perjudicial y maximizar lo que puede beneficiar, algo muy arraigado en los países anglosajones, donde se promueve tanto en el ámbito de la educación como en la empresa. Así lo expone el experto Rais Buson, en Aprende a pensar como un gurú (Editorial Lid), quien critica que en Europa, salvo alguna excepción, como en la disciplina de filosofía, no se enseña en ninguna de las etapas formativas.
Para cambiar de hábito, es importante, según recomienda el experto, buscar el momento idóneo para pensar y reflexionar sobre lo aprendido hasta ahora, con el fin de superar la superficialidad. Pensamiento y emprendimiento van de la mano, sobre todo en los momentos de esplendor. De hecho, hay muchos emprendedores pensadores, y muchos dúos de emprendedores lo que pone de manifiesto la importancia de reflexionar acompañado. Un ejemplo es Steve Jobs, quien desarrolló su propio sistema de pensar, y lo hizo mirando más al arte que a las disciplinas relacionadas con la administración de empresas.

El empresario y artífice del éxito de Apple, fallecido en 2011, sigue siendo un ejemplo de pensamiento disruptivo. Para argumentarlo, Buson cita como ejemplo la presentación en 2007 del primer iPhone, un auténtico punto de inflexión dentro del mercado tecnológico. Jobs deseaba vender diez millones de unidades en el primer año y superó esta cifra, pero lo que hizo fue mucho más que despachar teléfonos, abrió un nuevo mercado. En 2020, Apple vendió 200 millones de teléfonos.

Detrás de todo esto está la disrupción o innovación disruptiva, relacionada con el pensar fuera de la caja. Porque la disrupción no es un método, es una forma de vida. Y si la innovación es una disciplina, según asegura Jay Rao, profesor de innovación en Babson College (Boston), la disrupción es una indisciplina, tiene más que ver con las personas que con las técnicas. De hecho, no todas las personas ni todos los equipos pueden ser disruptivos.

Siguiendo la metodología del design thinking, que utiliza herramientas relacionadas con el diseño y la creatividad para buscar soluciones a los problemas reales de los usuarios, cualquiera puede innovar, pero la disrupción requiere de un punto de rebeldía, de inconformismo y de atrevimiento. Todo ello lo reunía el mismísimo Jobs.
Y la innovación disruptiva es una innovación de autor, aunque sea en grupo: a pesar de que el cofundador de Apple tenía un equipo de personas con talento alrededor, toda la atención recaía en él.

Para pensar fuera de la caja hay que vivir fuera de ella. Así lo asegura uno de los gurús motivacionales Yossi Ghinsberg, quien asegura que normalmente la vida está demasiado estructurada, tanto en el espacio como en el tiempo: se vive en apartamentos que son cajas donde se ve la televisión, que es otra caja, y de esa caja se pasa a otra, todo bajo control y supervisión. En cambio, el prototipo de artista, como el que vive al margen de convencionalismos sociales, se adapta mejor al ecosistema necesario para producir un pensamiento fuera del cubo.

Otra de las ideas que deja caer Buson en su análisis es que “pensar es la esencia del liderazgo, la principal competencia”, el paso anterior a toda eficiencia sostenible e inteligente de una organización que quiera o necesita ser más eficaz. Esto es, superar el cubo, abandonar la caja organizacional, salirse de la normalidad, del hacer las mismas cosas de la misma manera y con las mismas personas.

Y para ello recomienda poner en práctica varios ejercicios, como mejorar el pensamiento crítico en los equipos, tanto de la dirección como de los empleados. Ayudar a la empresa a pensar creando un laboratorio de pensamiento, ya que “compruebo en muchas empresas que se piensa poco y que los empleados pensadores o pensantes, aunque sea a tiempo parcial, son molestas anomalías organizativas, que bloquean la consecución veloz de los objetivos”. Si la urgencia necesita kamikazes, la estrategia requiere pensadores.

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