Un política contra la inflación que actúe desde todos los frentes

La potente escalada de precios que está azotando la economía española, con una tasa de inflación interanual que en marzo arañó ya el 10%, se ha convertido en una seria amenaza para la recuperación económica, con potencial para poner a España y a otras economías europeas al borde de la recesión. Lo que comenzó como un tímido repunte de la inflación tras el largo periodo de confinamientos y restricciones por la pandemia ha terminado convirtiéndose en un conato de incendio alimentado diariamente por la crisis energética y por el conflicto bélico de Ucrania, que bombean tensiones inflacionistas sobre el conjunto de Europa. Aunque es cierto que de momento la inflación subyacente se mantiene en España en unos márgenes razonables y susceptibles de un cierto control, el horizonte que afronta la economía europea en los próximos meses es sumamente incierto y estará muy condicionado por la capacidad de aplicar políticas antiinflacionarias por parte de los estados miembros y de las instituciones comunitarias.

Entre las medidas que deberían articularse con ese objetivo destacan tres, según el consenso del grupo de expertos economistas reunidos por este periódico en el observatorio económico Foro Futuro. El primero de ellos pasa por abordar un urgente proceso de desindexación de la economía española, que comience por el sector público, en todo lo que se refiere a la actualización de prestaciones contributivas y de salarios de funcionarios, entre otras partidas, y que incluya también al resto de agentes económicos mediante un pacto de rentas, es decir, un serio compromiso de contención de costes en todos los órdenes, todo ello con el fin de impedir que el alza del IPC acabe contaminando al conjunto de la economía. Como segunda medida de choque, España debe aplicar una política fiscal “quirúrgica”, capaz de respaldar a los sectores estratégicos más dependientes de la energía, así como de apostar por invertir en políticas renovables. Junto a esas dos propuestas, es necesario también que el BCE module cuanto antes una política monetaria firme y dirigida a poner freno a la escalada de costes. Fráncfort, que diagnosticó tarde el problema, llega ahora también con retraso a aplicar la medicina, la cual exige afrontar una enérgica subida de tipos de interés que pueda enfriar la economía, pero que no suma a Europa en una nueva crisis de deuda soberana, algo que solo puede lograrse mediante la adopción de un mecanismo de apoyo a los países más endeudados. En cualquier caso, el Gobierno español debe asumir que no puede seguir ofreciendo parches como solución a un problema con potencial para dejar en papel mojado todas las previsiones, así como para ahogar lo que todavía es una frágil recuperación.