El turismo debe aprovechar su recuperación para reconvertir el sector

La dura y larga travesía en el desierto que ha supuesto para la industria turística española la irrupción del Covid-19 parece estar llegando a su fin, al menos a la vista de los excelentes datos de ocupación que se han registrado en Semana Santa y de las buenas previsiones que se mantienen de cara al verano. Hoteles, compañías aéreas, líneas de cruceros y agencias de viaje confirman que los niveles de ocupación en los últimos días han sido similares a los de 2019, e incluso superiores a estos, por lo que auguran una temporada alta que puede ser histórica en cuanto a duración –desde mayo a octubre–, a tenor de las reservas de las grandes hoteleras. Previsiones como las de Ryanair, que espera transportar 50 millones de viajeros a España en los meses estivales, así como las cifras que manejan hoteles y turoperadores, con niveles de ocupación para julio y agosto que triplican los de 2021 y casi igualan a los de 2019, dibujan a día de hoy perspectivas inmejorables para el sector. Los hoteles, bares, restaurantes y transportes han recuperado sus plantillas en Semana Santa, una período tradicionalmente copado por el turismo nacional, pero que este año ha acogido a un gran número de viajeros internacionales, ávidos de ocio tras la severidad de la pandemia.

El repunte del turismo que muestran estas cifras se produce, sin embargo, en un contexto económico volátil, incierto y plagado de riesgos, con una seria crisis energética, altos niveles de inflación, un importante desabastecimiento de materias primas y un conflicto bélico cuyas consecuencias para la economía global aún son difíciles de calibrar. En ese escenario, la masiva afluencia de visitantes en Semana Santa puede explicarse en buena medida por el potente efecto rebote producido tras un largo periodo de restricciones y cuarentenas. También está jugando a favor de la recuperación el efecto de las tensiones bélicas en el este de Europa sobre el turismo de la región, que favorecen al Mediterráneo como destino capaz de combinar ocio y seguridad. Se trata, en cualquier caso, de factores lo suficientemente frágiles como para que resulte prematuro hablar ya de una recuperación sostenida del sector.

A la espera de una temporada estival que promete superar las expectativas, el turismo español debe aprovechar la oportunidad histórica que la brinda la recuperación de la demanda internacional y el apoyo de los fondos europeos para avanzar hacia una reconversión del sector largamente pendiente, que dote a esta industria de mayor valor añadido, la haga más sostenible medioambiental y socialmente y permita reforzar el liderazgo turístico de España en el marco de un entorno cada vez más complejo y competitivo.