Las empresas empiezan a ajustar sus previsiones a un escenario nuevo

Cuanto antes las reajusten, antes reaccionarán los inversores en los mercados de deuda y renta variable

Las empresas empezarán a rendir cuentas de la evolución de sus negocios en los tres primeros meses del año en próximas semanas, y proporcionarán una pista determinante de cuál ha sido el efecto que en su actividad ha tenido el conflicto bélico desatado en el este de Europa. Seguramente la cuantificación sobre ingresos y beneficios (o las pérdidas) serán poco significativos en las empresas norteamericanas y tendrán más intensidad en las europeas; pero en uno y en otro caso los efectos definitivos tardarán en apreciarse. Sin embargo, de lo que si estarán pendientes los mercados financieros será de las posibles modificaciones de las estimaciones del negocio para el resto del ejercicio y siguientes, que seguramente tendrá mayor impacto en las cotizaciones que los números concretos de los tres primeros meses de año.

 

Parece bastante inevitable que la inmensa mayoría de las empresas tendrán que corregir sus estimaciones, de adelantar una especie de alerta de resultados, puesto que en la mayoría de los casos la guerra y sus efectos inmediatos habrán modificado las condiciones de las actividades empresariales. No todos los sectores tendrán el mismo impacto, pero ninguno de ellos se librará del impacto.

Los analistas ya advierten que incluso habrá determinadas empresas dedicadas a actividades como la energía, la defensa o la tecnología que pueden incluso mejorar sus previsiones anuales, ya que sus negocios tienen una mejora sensible de los precios finales o incluso una reactivación inesperada de la demanda. Pero el común de las empresas debe calibrar muy bien si puede mantener los niveles de demanda que habían estimado antes del inicio del año, ya que la erosión que la inflación está teniendo en la renta de los particulares recortará la capacidad de compra. De igual modo, los altos niveles de inflación forzarán a muchas empresas a revisar sus costes y sus márgenes, pero seguramente tendrán menos capacidad de maniobra para llevar a sus márgenes los costes para no añadir dificultad y presión a la demanda.

En las estimaciones de las corporaciones debe incorporarse también el nuevo escenario financiero, ya que los bancos centrales a nivel global van a encarecer el precio de la financiación, aunque con ritmos diferenciados, por la fuerte presión de las tasas de inflación. Una subida que el mercado está anticipando ya en la operativa de los intercambios secundarios de deuda, y que incorpora un sobrecoste notable para las empresas endeudadas en sus refinanciaciones. Cuanto antes reajusten las empresas sus nuevos escenarios, antes reaccionarán los inversores en los mercados de deuda y renta variable.