A fondo

Elon Musk tiene difícil una vuelta al ‘vale todo’ en Twitter

El nuevo máximo accionista de la compañía quiere una libertad de expresión absoluta en la red social, pero los discursos de odio y la desinformación lo complican

Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX.
Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX.

La decisión de Elon Musk de invertir 2.900 millones de dólares en acciones de Twitter para hacerse con un 9,2% de la compañía y convertirse en su mayor accionista no ha caído en saco roto. La noticia ha hecho saltar las alarmas entre los trabajadores de la popular red social, especialmente cuando conocieron que el fundador de Tesla –un ávido usuario de Twitter, pero también uno de sus mayores críticos– iba a formar parte de la junta directiva de la compañía. Fueron tantos los mensajes de empleados que llegaron a la cúpula de Twitter expresando el temor de que Musk sabotee su cultura y dificulte su trabajo, según publicó el viernes el Washington Post, que el CEO de la red social, Parag Agrawal, envió un correo electrónico a la plantilla para anunciar que el nuevo controvertido accionista participará próximamente en una sesión interna de preguntas y respuesta con los empleados para que él mismo les dé respuesta a sus dudas.

Como cuenta este periódico estadounidense, este tipo de reuniones son frecuentes entre empleados y directivos de empresas en Silicon Valley, pero es raro que participe en ellas un miembro de la junta. Sin embargo, la fórmula parece la mejor opción para intentar despejar las dudas sobre las verdaderas intenciones de Musk en Twitter. Más después de haber criticado en numerosas ocasiones la política de libertad de expresión de la plataforma social y su papel en la democracia.

Pese a que Musk aparecía clasificado en un formulario de la SEC como un inversor “pasivo” en Twitter el lunes pasado, un día después otro formulario lo reclasificaba como “activo”. Un aviso claro de que quiere jugar un papel influyente en la estrategia de la red social, una de las fuentes de noticias más vistas del mundo. Ya lo avanzó de alguna manera el propio Musk cuando en un tuit en respuesta a la bienvenida pública que le dio Agrawal, aseguró: “Espero trabajar con Parag y la junta de Twitter para hacer mejoras significativas en la compañía en los próximos meses”.

Horas antes, Musk había encuestado a sus 80 millones de seguidores en Twitter para saber si estaban a favor de un botón de edición que permita editar tuits después de publicarlos, algo que muchos usuarios de la plataforma llevan mucho tiempo reclamando. Pocas horas después la red social anunciaba que el botón ya estaba en proceso y que empezará a probarse dentro del servicio de suscripción Twitter Blue. Aunque la red social indicó que llevaba tiempo trabajando en esta herramienta, la noticia se interpretó como una reacción a la llegada de Musk.

Mandeep Singh, analista de Bloomberg Intelligence, no tiene dudas de que Musk está en condiciones de influir en la estrategia de Twitter y ve más que probable que ocurran cambios en la junta y gestión de la compañía en los próximos seis meses si el rendimiento de esta es inferior al de sus pares.

Habrá que ver si Musk se convierte en una china en el zapato de Twitter que dificulte su cultura y su forma de trabajar o será capaz de impulsar cambios que hagan crecer su negocio. Twitter sigue arrastrando serios problemas que le impiden acelerar el crecimiento de sus ingresos y elevar su audiencia global (se ha marcado como objetivo sumar 100 millones de usuarios más, hasta 315 millones, para finales de 2023), pero para ello deberá acelerar el ritmo de desarrollo de productos. Y si Musk trae a Twitter el dinamismo que ha impuesto en sus propias compañías podría ser un catalizador para el cambio.

Pero también sabemos que el fundador de Tesla, que ha utilizado su popularidad en Twitter para llevar a cabo venganzas personales y promover sus propias empresas e ideas tecnológicas, podría perseguir con su desembarco en la red social una agenda cada vez más política. Musk lanzó la idea en un tuit de crear una red social alternativa con menos restricciones sobre lo que la gente puede publicar, lo que ha llevado a especular que podría buscar relajar las políticas de moderación de contenido de Twitter, defendiendo la libertad de expresión a ultranza.

Sin embargo, Twitter lleva años desarrollando herramientas para combatir el spam, la desinformación y el discurso del odio, y se ha visto obligada a recortar su ambición de libertad de expresión total inicial y sin censura que siempre defendió. Fue la primera red social en tomar medidas contra Donald Trump por sus tuits de apoyo a quienes asaltaron el Capitolio en enero de 2021.

Como apunta en su blog Enrique Dans, profesor del IE Business School, para Twitter, el problema de la gestión de la participación ha sido uno de los más importantes a los que ha tenido que enfrentarse a lo largo de su historia, con momentos estelares en los que incluso algunas compañías que se plantearon adquirir la plataforma renunciaron a hacerlo por lo que tenía de lugar de odio, insultos y comportamientos poco edificantes. “Eso, unido al hecho de que muchas figuras públicas abandonaron Twitter tras recibir insultos de todo tipo de manera habitual, llevó a la compañía a ir endureciendo gradualmente su postura e ir dando herramientas para denunciar ese tipo de comportamientos, además de protegerse contra determinados usos organizados en cuestiones como la política, la salud pública, etcétera”. Según este experto, “una vuelta al vale todo, a estas alturas y con la experiencia de años de social media, sería como mínimo compleja y polémica”.

Ciertamente, cualquier acción que afecte al manejo de los contenidos en Twitter es delicada. El propio botón de edición puede perjudicar a la red social si no se implementa bien. Si los usuarios tienen un tiempo límite para editar un tuit tras publicarlo (para corregir un error ortográfico o rectificar una información errónea), puede ser bueno para mejorar la calidad de los contenidos, pero si no hay límites, podrían surgir serios problemas de manipulación si los autores de tuits viralizados cambian después el contenido de sus mensajes.

¿Será la figura de Musk saludable a largo plazo para la red social? Difícil responder ahora. Dans asegura que quien invierte en ­Twitter no lo hace tanto por sus perspectivas de rentabilidad (la acción de la red social apenas se ha revalorizado un 78% desde que empezó a cotizar en 2013, frente a los 788% de Meta), sino porque cree en su valor como herramienta de comunicación social y, eventualmente, de marketing. Pero seguro que el hombre más rico del mundo quiere seguir siéndolo y peleará porque suba la acción. ¿Lo logrará impulsando el paso de Twitter hacia la web3, hacia una red social descentralizada que dé más libertad al usuario?

Normas
Entra en El País para participar