El giro de 180 grados de las auditorías chinas se queda corto

La presión de Washington sobre las cotizadas chinas en Nueva York surte efecto... aparentemente

Joe Biden habla por teleconferencia con Xi Jinping, el 18 de marzo pasado.
Joe Biden habla por teleconferencia con Xi Jinping, el 18 de marzo pasado. reuters

En febrero, Washington puso en marcha una cuenta atrás al nombrar a 11 firmas chinas, entre ellas Baidu, que serán expulsadas de las Bolsas de Nueva York en 2024 a menos que se llegue a un acuerdo con Pekín para la supervisión de las auditorías. Ha funcionado, aparentemente. China hizo este fin de semana sus mayores concesiones en años.

 

Según la propuesta de la Comisión de Valores del país, se eliminará el requisito de que las inspecciones in situ las hagan sobre todo los reguladores locales. También traslada la responsabilidad de la seguridad de la información de los auditores a sus clientes. La cautela a la hora de dar acceso a los extranjeros a los llamados secretos de Estado a través de los documentos contables ha sido un tema central en esta disputa de 15 años.

Solo 15 auditores locales dan el visto bueno a 192 firmas chinas que cotizan en Bolsa por un valor de 1,7 billones de dólares, según EE UU, que no ha completado una inspección de una firma en China y Hong Kong desde 2010.

Los reguladores de EE UU han tenido tropiezos con otras ramas de olivo. En 2016, una inspección piloto a una auditora china fracasó cuando los funcionarios retuvieron o redactaron documentos. Si las nuevas normas se limitan a trasladar la responsabilidad de custodiar la información sensible, los inspectores de EE UU podrían fácilmente ser escépticos sobre obtener una imagen completa. Una firma china capaz de retener material definido con generalidades tampoco parece augurar una auditoría sólida.

La amenaza de exclusión está haciendo daño. Baidu se desplomó un 8%. Antes, la biotech Beigene perdió un quinto de su valor. Y acaba de conseguir un auditor en EE UU, pese a que también cotiza en Hong Kong y Shanghái.

Aún queda mucho por resolver. Es fácil imaginar que Washington considere que el plan chino se queda corto y que Pekín se sienta incómodo con industrias sensibles, como la tecnológica, abiertas a un mayor escrutinio. Las firmas chinas podrían considerar más seguras las compras o las dobles cotizaciones en Hong Kong y otros sitios. El reloj sigue corriendo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías