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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

La inflación, una bomba de relojería que es imperioso neutralizar

La fortísima escalada de los precios, que se incrementaron un 3% en marzo y suman ya una tasa interanual del 9,8%, el nivel más alto desde mayo de 1985, constituye un puñetazo de realidad para la economía española que resulta imposible ignorar. El severo encarecimiento de todos los componentes de la cesta de la compra, agravados por los efectos de la guerra en Ucrania, ha convertido la inflación en una bomba de relojería que puede poner en grave peligro la recuperación económica y tiene capacidad suficiente para colocar a España al borde de una recesión. Más preocupante aún que el dato del IPC general, en cuyo registro pesan de forma inequívoca los efectos de la virulenta crisis energética, es la evolución de la inflación subyacente, que evidencia una presión inflacionista generalizada en el conjunto de la economía y se sitúa ya en torno al 3,4%, cifra que de confirmarse constituiría la tasa más alta desde septiembre de 2008.

La inflación actúa como una suerte de impuesto silencioso que roe el poder de compra de los salarios y de las pensiones, deteriora la fuerza real del ahorro y se extiende a todas las ramas de la economía, por lo que su factura en términos de competitividad y empleo constituye una gravísima amenaza que es obligado neutralizar. Tras varios meses de diagnósticos fallidos sobre la naturaleza y gravedad de su evolución tanto por parte del Banco Central Europeo (BCE) como de los distintos gobiernos, la realidad inflacionaria se ha terminado imponiendo con toda su crudeza. Pese a ello, sería un error atribuir el total de la escalada de los precios únicamente a las tensiones entre Rusia y Ucrania y al efecto del conflicto bélico sobre el precio de la energía, dado que las economías europeas llevaban ya varios meses de alzas constantes en el IPC antes del inicio del conflicto.

Pese a las dificultades que entraña luchar contra un fenómeno cuyas causas son heterogéneas y escapan en parte a la capacidad de actuación de los gobiernos, lo que hace imprescindible la actuación de los bancos centrales, el combate contra la inflación constituye una labor de todos los agentes económicos, comenzando por el Ejecutivo, siguiendo por las empresas y los agentes sociales y terminando en el propio ciudadano. Pero ello implica realizar el ejercicio de realismo y responsabilidad de aceptar un recorte en las expectativas económicas de cada uno, ya se trate de gastos e ingresos públicos, de márgenes y beneficios, o de salarios y consumo en un momento extraordinariamente comprometido para el país y su economía.

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