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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Un delicado equilibrio en la regulación de la industria de fondos

La conveniencia de regular de forma más exhaustiva la industria de inversión colectiva ha sido debatida en más de una ocasión en los últimos años, especialmente como consecuencia del crecimiento exponencial que ha experimentado el sector desde 2008. Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, ha insistido reiteradamente en que el volumen alcanzado por los fondos de inversión podría llegar a ser peligroso para la estabilidad financiera europea, un aviso a navegantes que cobra aún mayor relevancia en el contexto actual de incertidumbre geopolítica y económica, así como de extrema volatilidad en los mercados. La capacidad de la industria de inversión para potenciar los desequilibrios se pudo comprobar, por ejemplo, en marzo de 2020, cuando los movimientos de este segmento en el mercado de deuda elevaron las tensiones financieras, o en el modo en que han influido en la curva de tipos de la deuda soberana de EE UU, que constituye una referencia para los precios de los activos de todo el mundo.

Los datos sobre el volumen que ha adquirido el sector explican en buena parte los temores de los reguladores, tal y como señala un informe reciente elaborado por expertos del BCE. Mientras en 2008 estos activos sumaban un patrimonio agregado en la Unión Europea de 4,5 billones de euros, al cierre de 2021, la cifra se había multiplicado por cuatro, al rozar los 20 billones de euros. En términos de PIB, en 2008 los fondos representaban el 42% de la economía de la eurozona, mientras que en la actualidad superan ya el 132%. A ello hay que sumar la propia dinámica de funcionamiento de la industria y el hecho de que el incentivo de los gestores para asumir riesgos, seguramente excesivos en tiempos de bonanza económica, puede provocar estrangulamientos en las devoluciones en otros momentos del ciclo, como ha ocurrido, aunque es verdad que de forma puntual, en los últimos años.

Una vez que el endurecimiento de las normas bancarias ha mostrado ya sus frutos, puede ser buen momento para poner sobre la mesa la necesidad de dar una vuelta de tuerca a la regulación de la industria de fondos. Los expertos del BCE proponen introducir medidas “macroprudenciales” que puedan limitar el nivel de apalancamiento de estos instrumentos, así como aumentar el nivel de liquidez mínimo exigido a los gestores de los vehículos. Al margen de la fórmula elegida, cualquier avance en este sentido debe buscar un delicado equilibrio, que no siempre es fácil de hallar, entre el refuerzo de la supervisión financiera, la reducción del riesgo sistémico y la preservación de la competitividad de una industria fuertemente globalizada y muy sensible al intervencionismo regulatorio.

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