El dilema de China: entre las sanciones y el apoyo a Rusia

Los interlocutores que tienen voz en la gestión y en la búsqueda de una salida al conflicto bélico ruso-ucraniano son Washington y Pekín

Mientras la operación especial de Putin se ha convertido en una invasión y una guerra salvaje en Ucrania, China se enfrenta a una elección estratégica que podría determinar su lugar en el mundo y su propio equilibrio interno. La ambigüedad de su posición frente a Rusia y Occidente no puede mantenerse por más tiempo.

En cualquier caso, esto es lo que la Administración Biden considera. Más que nunca, cree en la confrontación de los modelos democrático y autocrático. De hecho, apoyándose en la solidez y la capacidad de respuesta del campo occidental, Washington quería convencer a Pekín de que no se comprometiera a dar un apoyo abierto al Kremlin, cuyo precio sería alto, especialmente en términos de sanciones económicas indirectas. El pasado lunes, 14 de marzo, el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, se reunió en Roma con Yang Jiechi, miembro de la dirección del Partido Comunista chino y director de la Comisión Central de Asuntos Exteriores. Ambos hablaron de los esfuerzos en curso para gestionar la competencia entre sus dos países y del impacto de la guerra de Rusia en Ucrania para la seguridad regional y mundial.

La reunión fue precedida por una serie de declaraciones en Washington destinadas a responsabilizar a China en su papel en el conflicto. Más del 13% de las reservas de divisas del banco central ruso –unos 77.000 millones de dólares– se mantienen en yuanes. Sin embargo, más allá de esto, se trata de una cuestión de vasallaje económico. La tentación de imponer a Rusia una dependencia financiera, comercial y tecnológica sin precedentes por parte de China es fuerte, pero los riesgos y costes también parecen considerables.

Desde el punto de vista económico y financiero, China es el único salvavidas posible para Rusia, enfrentada a sanciones masivas de Occidente que la ponen al borde del impago. En el frente diplomático, Pekín intenta mantener un equilibrio entre su hostilidad hacia Estados Unidos y sus reservas sobre la guerra en Ucrania.

Por temor a que una escalada del conflicto perturbe la economía mundial, China no ha participado en las sanciones contra Rusia. Es el principal beneficiario indirecto. Nada más comenzar el conflicto, Pekín levantó las restricciones a la importación de trigo ruso, al tiempo que se firmaba un acuerdo para construir un segundo gasoducto que lo uniera a su vecino. Los bancos chinos ofrecen por fin un resquicio de yuanes a los rusos, que tienen prohibido financiarse en euros o dólares. El comercio entre ambos países asciende a 147.000 millones de dólares. Desde el comienzo de la invasión rusa, el régimen comunista chino, privilegiando su relación con Moscú y compartiendo con Rusia una profunda hostilidad hacia Estados Unidos, se ha abstenido de pedir a Putin que retire sus tropas de Ucrania. Ahora bien, la amistad ilimitada que profesa Pekín está siendo puesta a prueba por la guerra en Ucrania. El régimen del presidente Xi Jinping parece haberse visto sorprendido por la resistencia de Ucrania a la ofensiva rusa y por la fuerza de las sanciones occidentales.

Programada el pasado mes de diciembre, la reunión chino-estadounidense se celebró en el tenso contexto de dos potencias enfrentadas. Por un lado, Estados Unidos, que acumula dificultades debido, entre otras, a sus costosas intervenciones militares. Por otro lado, China avanza metódicamente tanto en las instancias multilaterales como en la multiplicación de las relaciones bilaterales. Así pues, China es ahora el mayor socio comercial de unos 120 países –incluida Rusia–, frente a Estados Unidos que cuenta con 60 socios.

Las discusiones entre los chinos y los estadounidenses pueden dar la señal de que la dialéctica entre ellos está fuera del alcance de Rusia. En otras palabras, los interlocutores que tienen voz en la gestión y la salida del conflicto ruso-ucraniano son Biden y Xi Ping. Si Putin constituye un peligro para la seguridad colectiva, la reunión de Roma refleja, más allá de una advertencia de Estados Unidos contra cualquier ayuda china a Putin, la importancia del papel de Pekín en este contexto incierto y peligroso, pero también, y, sobre todo, el reconocimiento de facto de su prevalencia china sobre el régimen ruso. Estados Unidos ve a China, y no a Rusia, como un rival estratégico. Un rival con el que los estadounidenses se ven abocados a encontrar un consenso sobre la adopción de sanciones contra Rusia.

En cuanto a la relación ruso-china, Pekín gestiona la asimetría geopolítica entre China y Rusia. Había dado a los rusos lo que Occidente no pudo proporcionar políticamente en la era posterior a la Guerra Fría: estatus de gran potencia, igualdad diplomática y gestión conjunta de la vecindad común y del orden regional. De hecho, China no quiere que el orden internacional en Asia Central y Eurasia esté centrado en China. Además, Rusia es cada vez más dependiente económicamente de China. Es el mayor socio comercial, con cerca del 16% de la facturación rusa. Desde el punto de vista de la seguridad, las relaciones positivas con un gigante como China son una cuestión de supervivencia para los rusos.

El deterioro de las relaciones ruso-chinas podría producirse si China comienza a aplicar una política hegemónica hacia Rusia. Además, no se puede descartar una inversión de la política exterior china debido a la duración y las consecuencias de la invasión para Rusia, ahora ya entre los Estados parias, pero también para la economía mundial de la que Pekín es la capital.

Frédéric Mertens de Wilmars es profesor y coordinador del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Valencia