El diablo de los vetos a los oligarcas rusos ya no está en los detalles

Para Fridman y demás, lo importante ya es que clientes e inversores duden antes de contratar con sus empresas

Mijaíl Fridman, dueño de Dia.
Mijaíl Fridman, dueño de Dia. Mikhail Japaridze/TASS

Los violines más pequeños del mundo tocan para los oligarcas rusos. O tal vez violonchelos, dado que la Unión Europea congeló el lunes los activos de Sergei Roldugin, violonchelista ruso, empresario y amigo íntimo de Vladímir Putin. Al igual que los oligarcas multimillonarios Alexei Mordashov, Mijaíl Fridman [dueño de Dia] y varios más, Roldugin ha sido incluido en la lista negra tras la invasión de Ucrania por parte de Moscú por sus vínculos con el presidente ruso. Esto plantea la cuestión de qué deben hacer las contrapartes de sus empresas asociadas.

Personas como Fridman y su socio en el fondo de inversión de 20.000 millones de libras LetterOne, Petr Aven, tienen algo a lo que aferrarse. Si hubieran sido incluidos en la lista de nacionales especialmente designados de Estados Unidos, como lo fue el oligarca pro-Putin Oleg Deripaska en 2018, se habría acabado el juego. Como Deripaska controlaba el holding En+ y el grupo de aluminio Rusal, las entidades corporativas también fueron sancionadas, provocando la huida de sus clientes y el desplome de sus acciones.

Los objetivos de las nuevas sanciones de la UE están aparentemente en mejor posición. Fridman aprovechó una rueda de prensa el martes para protestar por el fin de la guerra y tachar las sanciones de la UE de injustas y discriminatorias para los rusos que hacen negocios. Pero aunque LetterOne está registrada en Luxemburgo, miembro de la UE, la entidad corporativa no es sancionada automáticamente por el hecho de que el dúo de empresarios tenga sus activos personales europeos congelados y sus movimientos restringidos. Fridman y Aven tampoco han sido sancionados en Gran Bretaña, donde poseen activos, ni han sido incluidos en la lista SDN de Estados Unidos. Otra miga de consuelo es que incluso En+ y Rusal fueron perdonadas al reducirse la participación de Deripaska cuando este fue incluido en la lista negra.

Pero han pasado muchas cosas desde entonces. En 2022, algunos bancos rusos han sido expulsados del sistema de pagos Swift. El cambio de divisas en las reservas del banco central y el fondo soberano de Rusia han sido bloqueados, e incluso el propio Putin se enfrenta a sanciones. Los activos rusos, especialmente los asociados a los oligarcas, están ahora bajo una nube.

Para Fridman y sus compañeros, la letra pequeña de sus sanciones ya no importa. Lo que sí importa es que los clientes e inversores se lo piensen dos veces antes de contratar con LetterOne, con Severstal, el grupo siderúrgico de Mordashov, de 14.000 millones de dólares, o con Metalloinvest (acero y minería), del oligarca recién sancionado Alisher Usmanov, que había querido valorar en 20.000 millones de dólares en una salida a Bolsa, según Bloomberg.

No es imposible que las sanciones británicas se endurezcan. De ser así, su terreno de juego en Londres también desaparecería.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías