Álex Araujo: “España tiene suerte de importar el gas de Argelia y no de Rusia”

Administra 5.800 millones de euros en una estrategia de infraestructuras y otra de megatendencias

Álex Araujo, gestor de fondos en M&G Investments.
Álex Araujo, gestor de fondos en M&G Investments.

Álex Araujo (Toronto, Canadá, 1970) es el gestor principal de dos emblemáticas estrategias de la firma británica M&G Investments: su fondo de empresas cotizadas de infraestructuras y su fondo de megatendencias. El inversor, de origen portugués y residente en Londres, gestiona activos por 5.800 millones de euros.

¿Cómo afecta al fondo la situación de Ucrania?

Desgraciadamente, una situación como esta pone de relieve que hay mucha demanda de gas y su oferta está limitada. El precio va a seguir fluctuando, porque Rusia es uno de los grandes operadores de este mercado. España está en una buena situación, porque importa el gas de Argelia y no de Rusia. En este contexto, hemos optado por invertir en dos áreas: la de transporte y almacenamiento de gas y las firmas especializadas en licuado y regasificación.

¿Qué tipo de compañías eligen?

Buscamos cotizadas que tengan activos reales de infraestructuras. No tenemos promotoras, ni constructoras, ni compañías de cemento, solo empresas que tengan una certidumbre de los flujos de caja que van a tener a futuro.

Su fondo de infraestructuras suma unos 2.300 millones de euros de activos en menos de cinco años. ¿A qué se debe el éxito de la estrategia?

La clave ha sido que los inversores han entendido claramente la propuesta, porque en su día a día utilizan todas estas infraestructuras: las autopistas, la electricidad, el gas, el agua, internet, hospitales... La gente entiende en qué está invirtiendo. En los últimos años hemos visto entrar muchísimo dinero en fondos privados de infraestructuras, que solo son accesibles para los grandes inversores. Con nuestro fondo, hemos democratizado la inversión en esta temática.

¿Es distinta la gestión de un fondo privado de infraestructuras de un fondo de inversión normal?

Para empezar, las empresas de infraestructuras que cotizan en Bolsa tienen unos precios mucho más atractivos que las que no lo hacen. Hemos visto un claro ejemplo aquí en España, con el fondo de pensiones australiano IFM ofreciendo por un paquete de Naturgy un precio muy superior al de cotización. Ocurrió lo mismo cuando adquirió el aeropuerto de Sídney. Los inversores privados valoran mucho acceder a unos activos que les aportan unos ingresos recurrentes en cartera. Son activos reales, de alta calidad, atractivos para comprarlos y mantener la inversión. Una ventaja que tenemos es que nosotros tenemos más flexibilidad, más capacidad de reacción. Durante la crisis del Covid 19, por ejemplo, hemos añadido seis nuevos valores.

¿Qué nivel de rotación tienen?

Normalmente es muy bajo. Es verdad que con la crisis del Covid sí que hubo más movimiento, pero normalmente añadimos y sacamos pocos valores de la cartera.

¿Coincide su universo de inversión con los fondos privados?

En el caso de los activos privados es más difícil saber la dimensión del mercado, porque muchos no están en venta. En cuanto a las compañías de infraestructuras en Bolsa, hay entre 250 y 300 compañías que nosotros tenemos en el radar.

¿Tienen posiciones en España?

Estábamos invertidos en Naturgy, pero nos pareció atractiva la oferta de IFM y vendimos. También tenemos en cartera desde hace años a Ferrovial, cuyos principales activos son autopistas en Estados Unidos y Canadá, y la gestión del aeropuerto de Heathrow. También contamos con una exposición indirecta en Endesa, puesto que tenemos una posición en su matriz, la italiana Enel.

¿Y el negocio del transporte del gas o la electricidad?

Nos gusta, y creemos que va a crecer de forma sostenida gracias, en parte, a la transición energética, con más inversiones en renovables, va a necesitar un importante esfuerzo en el transporte de la energía. Estamos invirtiendo en Alemania, en Elia. Allí, el cierre de plantas nucleares va a obligar a acometer muchas inversiones en transporte.

¿Tienen también antenas repetidoras para telefonía?

Sí; miramos Cellnex, pero nos decantamos por Vantage Towers, una compañía alemana, que controla las antiguas torres de Vodafone, que tiene una red muy potente. Y también empresas similares en Italia y Estados Unidos. Esta última tiene ya más filiales en India que en América. El caso de Cellnex es un poco especial, porque ha emprendido una política de compras muy agresiva. Además, siempre buscamos empresas que tengan una consistencia de pago de dividendos crecientes. Nosotros teníamos dudas de que Cellnex fuera capaz de ofrecer esos pagos crecientes a los accionistas. Con todo, nos parece una gran compañía.

¿La política de bajos tipos de interés ha hecho más atractivo el fondo?

Sí que ha atraído a ciertos inversores interesados en conseguir unos retornos periódicos, con los dividendos, que ya no se podían lograr con la renta fija. Esos dividendos están generando entre un 3% y un 4% al año, a lo que se añade una revalorización del 5%-6% anual. Al final, es un 10% anual con una cartera muy defensiva. Pero ahora, con la inflación disparada, también es atractivo para no perder poder adquisitivo, al invertir en activos reales. Además, el fondo ha demostrado que en momentos de estrés de mercado cae menos que los índices.

¿Los fondos Next Generation serán un revulsivo para el fondo?

Ayudarán a la cotización de alguna de nuestras compañías, que están alineadas con la economía verde y la digitalización. Pero no es algo a lo que le demos mucha importancia al invertir, porque los proyectos públicos que surjan tardan muchos años en ejecutarse.

¿En España hay una correcta seguridad jurídica?

La decisión de recortar las subvenciones a las renovables, durante la crisis financiera de 2008, hizo huir a muchos inversores. Pero desde entonces se ha hecho mucho trabajo para recobrar la ­confianza. Con todo, somos conscientes de que este tipo de inversiones depende mucho de la regulación de cada país, y que es uno de los principales riesgos. Los cambios políticos, en cualquier país, acaban provocando cambios regulatorios. Ocurre incluso en mi país natal, Canadá, donde está habiendo graves problemas regulatorios en la región de Ontario por el intento de controlar los precios de la energía.

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