Crisis en Ucrania: la carrera del oso y las tortugas

Pese al endeudamiento por la pandemia, el margen de maniobra financiera de la UE es amplio en comparación con los desafíos a medio plazo de Moscú

Una de las razones por las que el derretimiento del hielo es una amenaza tan grande para los osos polares es que, incluso en condiciones perfectas, ya son caminantes ineficientes y están constantemente en modo de crisis, ya que gastan demasiada energía deambulando por el Ártico en busca de focas para cazar. El mismo problema de conservación de energía puede aplicarse a Rusia si la tensión sobre Ucrania desencadenara una acumulación a largo plazo de la capacidad militar en la Unión Europea.

Sobre la base del comportamiento reciente del mercado del gas natural, una mayor escalada en la tensión de Rusia sobre Ucrania podría elevar fácilmente el coste total de la energía en la zona euro en más del 10%, lo que podría ser suficiente para reducir más del 1% del poder adquisitivo de los hogares, sujeto a las medidas de mitigación adoptadas por los Gobiernos para limitar la transmisión de los precios al por mayor a los precios al por menor. Junto con la caída genérica de la confianza económica provocada por la mayor incertidumbre geopolítica, tal escalada podría afectar gravemente a la recuperación europea.

Con todo, queremos centrarnos aquí en algunas tendencias subyacentes a medio plazo que podrían dar forma a la relación entre Rusia y la UE. Nuestro punto de vista es que la capacidad de la UE para ponerse al día en el gasto de defensa es significativa y que a Rusia le resultaría difícil participar en una carrera de rearme adecuada en Europa. Hoy en día, la discrepancia en el gasto de defensa parece espectacular expresada en porcentaje del PIB: ha estado entre el 3% y el 4% en Rusia desde el final de la Guerra Fría, mientras que cayó al 1,5% en la UE en 2017, para gran preocupación de Washington, frustrado por su contribución desproporcionada a la OTAN. Sin embargo, lo que importa estratégicamente es la cantidad absoluta de dinero gastado en defensa y, desde este punto de vista, la brecha es mucho menor, dado el tamaño económico limitado de Rusia. En 2020, su PIB en términos nominales se situó en menos del 40% del de Alemania y estuvo aproximadamente en línea con la suma de los Países Bajos y Bélgica. En miles de millones de euros, en 2019 (últimos datos comparables disponibles en el Banco Mundial), el gasto militar francés y polaco en conjunto coincidió con el de Rusia.

Si bien se necesitaría tiempo y dinero para volver a la vieja estrategia de la década de 1980, al menos existe la capacidad económica para hacerlo. El asunto de Crimea de 2014 ya fue una llamada de atención en la UE y es probable que la actual crisis de Ucrania, independientemente de su conclusión a corto plazo, desencadene una aceleración en la recuperación del gasto militar y las decisiones estratégicas que se habían retrasado durante años.

La mayoría de los países de la UE han reaccionado con lentitud ante la asertividad de Rusia, tratando de capturar los dividendos del final de la guerra fría y este replanteamiento de la defensa puede llevar tiempo para producir resultados tangibles, pero un ajuste al alza relativamente pequeño en la participación del gasto militar en el PIB permitiría competir bastante fácilmente con Rusia. Es cierto que la UE se enfrenta restricciones financieras, especialmente después del aumento adicional de la deuda contraída durante la pandemia. Pero, aun así, el margen de maniobra en la UE es amplio en comparación con los desafíos a medio plazo de Moscú.

La situación demográfica en Rusia es bastante preocupante. Su población alcanzó su máximo en 1992 con 148,5 millones. Según la ONU, se situó en 144 millones en 2020 y caerá por debajo de 140 millones a principios de la próxima década. El envejecimiento de la población inevitablemente constituirá una creciente de presión sobre las finanzas públicas, cuando el gasto militar ya absorbe más del 11% del total. Y más allá de eso, todo el modelo de crecimiento también es problemático. El país no ha podido diversificarse seriamente; las exportaciones de productos minerales siempre se han situado entre la mitad y dos tercios del total desde la disolución de la Unión Soviética.

Si bien por ahora esto está colocando a Rusia en una posición de fortaleza dado el nivel de precios, también será una fuente de vulnerabilidad a medida que las economías más desarrolladas reduzcan su demanda. Incluso si el gas funciona como un puente que se aleja del carbón durante la transición energética, el hecho mismo de que Moscú lo utilice para ejercer presión estratégica sobre la UE ya está haciendo que algunos Gobiernos europeos miren hacia otro lado, en particular hacia el gas licuado estadounidense, para su abastecimiento.

Podría ser la conciencia misma de Moscú de estos desafíos demográficos y económicos lo que puede explicar por qué Rusia está lista para ir bastante lejos ahora para proteger su influencia en Ucrania, considerada crucial para la profundidad estratégica que tradicionalmente ha sido un foco de la doctrina militar rusa. En pocas palabras, Moscú preferiría tener una confrontación indirecta con Occidente antes de que sus vulnerabilidades económicas comiencen a afectar nuevamente sus capacidades de defensa. Sin embargo, el Kremlin puede acelerar así una carrera de rearme que le será muy difícil ganar.

Gilles Moëc es Economista jefe de AXA Investment Managers