Los peajes que vienen

Una solución de pago por uso que permita la convivencia de diversas tecnologías parece la decisión más racional

Parece que nos ha llegado el momento de afrontar el modelo de financiación que requiere la red de infraestructuras de nuestro país. Los kilómetros de autopistas, autovías y carreteras del Estado tienen unos costes de mantenimiento y conservación asociados; año tras año toca mantenerlas y eso requiere de fondos. En España, a excepción de los poco más de 3.000 km de autopistas de peaje explícito que llegamos a tener al cierre de 2019 –hoy son apenas 2.000 km–, el resto de las vías de alta capacidad del Estado (unos 15.000 km) se sufragaban con el pago de los impuestos de todos los españoles.

Estas infraestructuras arrastran déficits en inversión y mantenimiento que obligan a repensar su modelo de financiación (fondos necesarios), o bien asumir que se seguirán degradando hasta hacerlas inservibles. Y, no hay muchas alternativas: o los aportamos todos con mayores impuestos o los aporta quien las utiliza que, al fin y al cabo, es el que se beneficia de ellas.

A nadie le gusta pagar. Sin embargo, si en 24 de los 27 países de la zona euro ya se paga por el uso de todas las infraestructuras de alta ocupación; por algo será. Y no creo que en España vayamos a ser diferentes. En realidad, ya hace tiempo que en Europa ya no se habla solo de pagar por usar, sino también de que el que contamina –con su vehículo– debe pagar por ello. Y lo recaudado, sea cual sea el método utilizado (la tasa/impuesto/viñeta o el peaje) deben tener un objetivo finalista.

Parece también que Europa le quiere poner fecha de caducidad al modelo viñeta porque es un mecanismo que dista mucho de otorgar rigor a ese doble principio de pagar por usar y de pagar por contaminar. Y, dado que supone un pago anticipado por un derecho de uso, parecería también que pudiera inducir al conductor que ya lo ha abonado a salir a recorrer el país a lo largo y ancho.

La alternativa a la trasnochada viñeta es el pago de un peaje en los desplazamientos que se realicen. Lo que no parece razonable en estos tiempos es invertir en casetas de peaje con esas largas colas de automóviles que todos tenemos en mente. Técnicamente, el tema está más que resuelto desde hace muchos años a través de unos pórticos o arcos instalados cada 40 km, equipados con dispositivos que permiten identificar el vehículo y cobrar el peaje sin necesidad de que éste se detenga (telepeaje free flow).

Lo que está claro también es que, si esto va de pagar por usar y pagar por contaminar, no somos solo los conductores españoles los que deberemos sufragar la factura de esos peajes: los cientos de miles de portugueses y franceses, que en primera instancia nos visitan y circulan por nuestras carreteras deberán arrimar el hombro, tal y como hacemos nosotros cuando circulamos por sus carreteras. También es razonable pensar que no todos los vehículos desgastan las infraestructuras ni contaminan por igual. Los camiones, por ejemplo, lo hacen en mucha mayor medida que los vehículos ligeros o las motocicletas.

Cuando uno piensa en qué tecnologías deben equipar los pórticos o arcos de telepeaje para identificar y cobrar al conductor, la respuesta parece fácil: ¡todas! Via-T, matrícula, satélite, incluso se han hecho pruebas con tecnología blackchain.

El Via-T es sin duda la solución tecnológica más robusta por lo que se refiera al pago de peajes en arcos free flow en Europa, permite la interoperabilidad entre conductores de distintos países y es de fácil uso por parte del conductor, pero no es la única. El Videotolling, o identificación por cámaras del vehículo que circula bajo el pórtico de peaje, capta el número de matrícula y espera identificarla en una base de datos donde están los datos bancarios del conductor para cargar el peaje. Esta es otra alternativa, no tiene grandes despliegues realizados en Europa porque es menos robusta que el Via-T y requiere de elevadas dotaciones de personal en back office para validar la lectura de las matrículas captadas.

Los conductores más digitales y familiarizados con el uso de los smartphones y las app móviles, que no vean un especial problema en la privacidad del rastreo de su móvil, es posible que adopten una solución basada en satélite.

Son muchas las dificultades de su implementación (zonas sin cobertura, teléfono sin batería, más de un móvil en el mismo coche, difícil adopción por la sociedad que no es digital...). Y, en realidad, no existe nada igual en el mundo.

El paso del tiempo hará que el parque actual de 26 millones de coches no conectados de España, y de antigüedad media de 13 años, se convierta en una flota mucho más conectada, donde será el propio automóvil, y no el smartphone, el que aporte esos datos de geolocalización satelital de manera anonimizada y encriptada para ser tarificado.

Por lo tanto, y para concluir, una solución de pago por uso, que permita la convivencia de diversas tecnologías, donde el cliente escoja, facilite la interoperabilidad con Europa y donde se permita que el paso del tiempo haga que unas tecnologías den paso a otras parece la decisión más solvente, racional y segura para el nuevo modelo de financiación de infraestructuras que prepara el Gobierno. Parece que antes de cerrar el 2024 esto debe estar en marcha, de modo que tenemos tiempo, pero no para perderlo.

Josep Jové es Director general de Bip&Drive