Objetivo en Ucrania: neutralizar un conflicto bélico de costes incalculables

Todas las decisiones deben encaminarse a evitarlo, sin que ello suponga que el nacionalismo ruso imponga condiciones adicionales sobre Ucrania

La crisis diplomática abierta en el este europeo por la presión rusa sobre Ucrania ha tomado protagonismo en la influencia sobre los mercados financieros y de materias primas, desplazando incluso el giro explícito de las políticas monetarias en Estados Unidos y Europa. El lunes amanecieron todas las plazas mundiales con fuertes pérdidas en la práctica totalidad de los activos cotizados por la escalada de declaraciones de un lado y otro del conflicto; las Bolsas descendieron en momentos determinados más del 3%, mientras que el gas o el petróleo reanudaban las subidas, y los cruces de operaciones de deuda soberana lanzaron las primas de riesgo de los países europeos del sur, colocando la española por encima de los cien puntos básicos por vez primera desde la primavera de 2020, en una búsqueda acelerada de refugio y seguridad en el bono alemán.

Pese a los intensos esfuerzos de los últimos días para bajar la temperatura del conflicto, a los que se unirá la ronda que el canciller alemán mantiene en la zona con encuentros con el presidente ucraniano y el martes con Vladímir Putin, determinadas decisiones de carácter militar unas (la amenaza rusa de disparar contra todo barco que penetre sin justificación en sus aguas jurisdiccionales) y comerciales otras (cancelación de vuelos por parte de algunas aerolíneas europeas y la recomendación casi generalizada de no viajar a Ucrania) alertan de que la escalada del conflicto se intensifica.

Rusia insistía el lunes, no obstante, en que era posible un acuerdo acerca de sus reivindicaciones de seguridad, que no son otras que impedir que Ucrania ejerza su soberana decisión de integrarse en la OTAN, a la vez que mantiene la presión en las zonas del país en las que gobiernan Administraciones prorrusas desde 2014. En paralelo, los ministros de Finanzas del G7 advertían de que pondrían en marcha medidas económicas contundentes contra Moscú si inicia acciones militares.

Más allá de la responsabilidad sobre los acontecimientos de las últimas semanas, todas las decisiones deben encaminarse a evitar el conflicto, sin que ello suponga que el nacionalismo ruso imponga condiciones adicionales sobre Ucrania como pretende. Un enfrentamiento bélico supondría un retroceso político de décadas, con unas pérdidas para las economías incalculables, especialmente para Europa por su excesiva dependencia energética de las fuentes rusas. La diplomacia debe seguir abriéndose camino, utilizando Europa las armas esgrimidas por el G7, que son las únicas ante las que pueden ceder los dirigentes rusos, e impedir por todos los medios que salte la chispa que encienda un conflicto que podría tardar meses en apagarse, y con costes incalculables de toda naturaleza.