A Fondo

Naturgy, del gran sueño de las fusiones a la realidad de la escisión

La energética, que quiso controlar Endesa y se fusionó con Unión Fenosa, será desgajada en dos por acuerdo de sus principales accionistas

Oficinas de Naturgy en Madrid.
Oficinas de Naturgy en Madrid.

Septiembre de 2016 marcó el principio del fin de los sueños de grandeza de Gas Natural Fenosa (rebautizada como Naturgy dos años después, tras la llegada de Francisco Reynés a la presidencia), cuando se deshizo la histórica alianza entre La Caixa y Repsol, que durante 16 años conformaron el núcleo duro (durísimo) de la energética con más de un 60% del capital. En ese mes, CriteriaCaixa (con un 34% del capital) y la petrolera (con un 30%) cerraron la venta del 20% de la compañía (un 10%, respectivamente) al fondo estadounidense GIP, sociedad controlada por Global Infrastructure Management, por un importe de 3.803 millones de euros. El antiguo pacto parasocial para el reparto del consejo y la gestión entre los dos socios tradicionales se rehízo para compartirlo con el nuevo entrante.

Naturgy abría así la puerta a un desfile de fondos de inversión con objetivos de máxima rentabilidad: tras GIP, ya en 2018, entró CVC, que adquirió el 20% de Repsol, lo que supuso la salida definitiva de la gasística. Y, ya el año pasado, se incorporó, aunque con calzador, el fondo australiano IFM, tras una atropellada opa parcial que lanzó el 26 de enero por el 22,7% del capital. La operación se saldó en noviembre con la aceptación del 10,83%, una participación que la australiana ha ido engordando, con compras en el mercado, hasta algo más del 12%.

Muchos fueron los rumores sobre quién invitó a IFM a lanzar una oferta por Naturgy. Aunque algunos apuntaron a Criteria, lo cierto es que esta entidad (y el propio presidente) no se mostraron conformes con el nuevo inversor: la primera dio muestras de ello al adquirir acciones en Bolsa, con un elevado precio, en las últimas semanas de la opa, y Reynés, porque en el informe del consejo sobre la opa, este se mostró más preocupado por las consecuencas de la misma para el gobierno corporativo (esto es, de su propio futuro) que de las consecuencias para la propia compañía, los empleados o sus clientes.

La calma chicha que ha reinado desde finales del año pasado, sin que IFM (que contaba con el apoyo explícito de los otros dos fondos) diera ningún paso para solicitar el puesto que le correspondía en el consejo de administración, hacía sospechar que algo tramaban entre todos, incluida Criteria, que se había quedado aislada frente a tres accionistas financieros que superaban el 50% del capital. Una posible denuncia por parte del consejo de algún tipo de concertación que derivase en la obligación de lanzar una opa por el 100%, no resultaba muy plausible.

La división del gigante alemán Eon la hizo prácticamente desaparecer

La trama se desveló ayer por la tarde a través de un hecho relevante de Naturgy a la CNMV y de una rueda de prensa de Reynés que daban a conocer el Proyecto Géminis: un desdoblamiento de la compañía en dos (los negocios regulados de gas y luz, por un lado, y los liberalizados, por otro), que, en última instancia, la hará más fácil de vender. Un split de dos acciones por una, lo que dejará a los accionistas en ambos bandos, pero con el valor también dividido y en suspenso, pues se desconoce qué parte de los 13.000 millones de deuda se asignará a cada compañía, ahora con una capitalización conjunta de 27.000 millones. En el sector energético es sabido que el desdoblamiento de una compañía termina en su práctica desaparición: tal fue el caso del gigante alemán Eon.

Qué fue del crecimiento

La cuestión estaba en cómo vestir el muñeco, de manera que la entidad catalana y el máximo ejecutivo saliesen airosos en el anuncio de una operación de troceamiento (o “destrozo”, como lo califican fuentes empresariales) que no encaja con tradicional estrategia de crecimiento de Naturgy. Una compañía que en 2005 quiso controlar Endesa, tres veces más grande que ella, a través de una opa histórica y frustrada que duró dos años.

Tras el fracaso, optó por comprar la tercera eléctrica española, Unión Fenosa, con la que se fusionó. Aunque Criteria mantuvo durante unos años el equilibrio con GIP y CVC, la llegada de Reynés, y el cambio en la cultura empresarial y de gestión que introdujo, con un perfil más financiero y menos industrial para un negocio, como el energético, muy pegado al terreno, hizo sospechar que su objetivo último era rentabilizar al máximo la compañía, lo que podría implicar su troceamiento para facilitar su venta, e incluso excluirla de Bolsa.

Lo primero ya se ha cumplido, lo segundo, está por ver. Aunque Reynés ha prometido que ambas compañías, todavía por bautizar, cotizarán en Bolsa, los analistas, que tras los resultados de 2021 presentados el pasado viernes han recomendado no comprar, dudan que el valor de la géminis a la que se asignen los negocios liberalizados le permita cotizar, “le será más fácil venderla”. Las filales latinoamericanas del grupo no atraviesan sus mejores momentos, algunas con pérdidas, como Brasil, podrían ser objeto de alguna venta antes del fin del proceso de split. Francisco Reynés, artífice de un plan estratégico a 2023 poco claro, sin grandes desinversiones e inversiones y rezagada en renovables (“falta de escala”, según Crédit Suisse), aseguró ayer que ya “no se adecúa a los tiempos, lo que obliga “a nuevas directrices”.

Hay quien considera que el llamativo incremento de su retribución, del plan de pensiones y el de incentivos en 2021, que se conoció hace unos días, es un intento del ejecutivo de Naturgy y expresidente de Abertis “de atar una buena salida económica”. Queda por ver si, al final del proceso, continúa en la presidencia de alguna de las dos empresas producto de la división, u opta por el adiós.

Muy satisfecho se ha mostrado el vicepresidente de IFM, Jaime Siles, quien aplaudió ayer una operación que, según distintas fuentes, ha negociado con el resto de accionistas, aun sin estar en el consejo de administración. El fondo australiano, que ha logrado ya el sillón que le correspondía por ley, se comprometió, en su comunicado de la la opa, a no “promover la exclusión de Bolsa” de Naturgy. Y su representante en España, cuando la oferta estaba en el aire, amenazó con eliminar el dividendo de Naturgy, si eso beneficiaba a la compañía. Todo olvidado.

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