¿Compartir vehículo para ir al trabajo? Una solución económica y sostenible

El desarrollo de la tecnología impulsa el transporte a demanda para estudiantes y empleados en coches, furgonetas y autobuses

BlaBlaCar
Dos usuarios del servicio BlaBlaCar Daily en Francia.

Dejar el vehículo particular en casa y subirse en otro coche, furgoneta o autobús para compartir el trayecto hacia el trabajo con otras personas es un gesto que, aunque aún es poco frecuente en España, empieza a abrirse paso gracias al impulso de la tecnología y a la aparición de nuevos actores que promueven este tipo de movilidad.

El transporte a demanda (DRT por sus siglas en inglés) es la tecnología que ha dado un fuerte empujón a esta forma de moverse. Mediante el uso de algoritmos de inteligencia artificial (IA) se pueden relacionar las necesidades de transporte de distintos usuarios, creando una ruta que satisfaga a todos y enviarla al conductor del vehículo que se vaya a usar para recogerlos. ¡Y todo ello en tiempo real!

Se consigue así una movilidad más dinámica, flexible, sostenible, económica y que se puede adaptar a una amplia variedad de colectivos, como estudiantes universitarios, trabajadores de un mismo polígono industrial o parque empresarial, residentes en una zona y que tengan el mismo destino, etc.

Falta de cultura, una normativa rígida y un gran número de coches particulares lastran su desarrollo en España

“La aplicación de la inteligencia artificial te proporciona un sistema flexible de transporte colectivo que es muy eficiente en zonas de densidad baja para atender la demanda en tiempo real”, expone Gerard Martret, CEO de Shotl, una startup que ha desarrollado una plataforma tecnológica de transporte colectivo a demanda que ya funciona en Barcelona y Valencia.

Iniciativas pioneras

La startup Hoop Carpool es un buen ejemplo de ello. Ha cerrado 2021 con 20.000 usuarios que utilizan su aplicación para ponerse en contacto y compartir coche. Estudiantes de varias universidades (Sevilla, Alicante, Jaén…) y trabajadores de empresas de Madrid o Valencia están entre sus clientes.

Cuentan con su propia tecnología que ofrecen a las diferentes entidades. “Cobramos a nuestros clientes un fijo mensual en base al número de alumnos o empleados” que la utilizan, explica Paloma Martín, CEO de la empresa. Los usuarios se pagan entre ellos a través de la aplicación. El promedio está en 10 céntimos el kilómetro.

Hoop Carpool está planificando ya el salto a vehículos con más capacidad, como furgonetas y autobuses. “Estamos preparando la tecnología para poder integrarlos”, avanza Martín. En este segmento se encontrará con otras dos compañías que ya dan este servicio.

En el primer caso se trata de Celering, que a través de su servicio de shuttle dinámico, dispone de minivanes de nueve plazas que operan por todo Madrid y que recogen a los usuarios que comparten su viaje con otros, reduciendo así costes y emisiones. “Estamos trabajando para cerrar acuerdos con más empresas”, comenta su CEO, José María Campos. Pero a la vez están buscando otras líneas de actuación, “como el acuerdo con mutuas para el traslado de pacientes”, aunque “el principal objetivo es la comercialización de la plataforma para empresas de transporte”, ya sean locales o regionales.

Celering minivan
Uno de los minivanes que usa la empresa Celering en Madrid.

Y en el segundo de BusUp, que transporta a más de 2.000 trabajadores al día y que tiene como objetivo alcanzar los 10.000 diarios en 2022 en España. El modelo de negocio es el mismo que los anteriores. La empresa interesada paga por la tecnología y el transporte se subcontrata a través de una compañía de autobuses. El precio que se paga está alrededor de los 2,5 euros por trayecto y día, 5 euros ida y vuelta. Esta cantidad se le cobra al trabajador como una retribución flexible. “Es una solución a la movilidad que le ofrece la compañía y es también una forma de retener el talento y contribuir a la sostenibilidad”, asegura Rui Stolffel, CEO de BusUp.

Un modelo con futuro 

La iniciativa de estas empresas empieza a impulsar un mercado formado por millones de personas y de desplazamientos, la mayoría de ellos realizados en vehículo particular. Según el último informe del Observatorio de la Movilidad Metropolitana (OMM), publicado en julio de 2021 por el Ministerio para la Transición Ecológica, y que recoge datos de 2019 y un avance de 2020, el 62% de los desplazamientos que las personas hacen en un día laborable es con el coche particular. Diversos estudios estiman la ocupación media de los coches en poco más de una persona.

Pero para que esta modalidad termine de explotar se necesitan cambios culturales, regulatorios y también el apoyo firme de las diferentes Administraciones y de las empresas.

Fernando Vizoso, director de estrategia para el sector del transporte y la movilidad de la consultora KPMG en España, apuesta por la puesta en marcha “de mecanismos que desincentiven el transporte en coche privado e incentiven” esta nueva forma de moverse. Entre los primeros señala “la creación de zonas de bajas emisiones en las ciudades, la eliminación de las plazas de parking en los centros de trabajo”, y entre los segundos, el apoyo en forma de subvenciones directas a las empresas y de deducciones fiscales” para los trabajadores.

Los expertos piden medidas que desincentiven el uso del automóvil y las empresas, subvenciones de la Administración

En Francia, por ejemplo, las regiones de Gran Ginebra, Países del Loira e Isla de Francia, que incluye París, subvencionan directamente el uso del coche compartido. Esta ayuda es una de las razones del éxito de BlaBlaCar Daily, el modelo que esta empresa de coche compartido ha lanzado en el país vecino.

Aquí en España, BlaBlaCar “ha hablado con muchas Administraciones locales y autonómicas y muchas han mostrado interés” en este tema, asegura Florent Bannwarth, director de operaciones de BlaBlaCar para España y Portugal. No obstante, el responsable de la sociedad cree que antes de cerrar un acuerdo “es necesario que exista previamente un marco homogéneo que debería articularse a nivel autonómico” para estimular estas plataformas de coche compartido.

Otras compañías como Uber están también pensando en este sistema: “Estamos estudiando poder ofrecer servicios de transporte colectivo bajo demanda, alineando las particularidades de la demanda con el sector corporativo. Actualmente, este servicio está disponible en EE UU”, expone Juan Galiardo, director general de Uber en España.

Cabify, por su parte, cuenta con el servicio llamado Rutas compartidas, “que permite enlazar desplazamientos con el mismo punto de origen y destino, facilitando que los empleados puedan compartir su ruta al centro de trabajo o de vuelta a casa”, señalan desde la empresa.

El CEO de Celering aboga también por “mejorar el esquema de ventajas fiscales” para romper “la mentalidad que hay en España en torno al vehículo privado”. Romper con esa cultura es lo más difícil, advierte Martín. “Cuesta mucho convencer a la gente para que cambie de hábitos. Están muy acostumbrados al coche”. Pero una vez “que hacen el clic y lo descubren, se quedan”, concluye.

La tecnología no es un obstáculo

Martín Herráiz, trabajador prejubilado de Telefónica, es el fundador de Dedocar, una aplicación para compartir coche que está aún en fase de pruebas y cuyo lanzamiento está previsto para dentro de dos meses. “Ya hay apuntadas 1.600 personas que quieren usarla”, asegura.

A Herráiz se le ocurrió la idea cuando la empresa trasladó su sede al barrio de Las Tablas en Madrid. “Vimos las ventajas que suponía compartir el coche para ir a trabajar: ahorras tiempo y combustible, reduces los atascos y la contaminación y evitas los problemas de aparcamiento”.

Ha desarrollado la tecnología usando MIT App Inventor, una herramienta creada en un principio por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y que posteriormente ha sido adoptada por Google para desarrollar aplicaciones de una manera sencilla para los dispositivos que cuentan con el sistema Android.

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