El copiloto de Jeff Bezos y su furgoneta eléctrica

R. J. Scaringe es el fundador de Rivian, que ha logrado la mayor salida a Bolsa del año y tiene a Amazon como principal accionista

R. J. Scaringe, CEO y fundador de Rivian.
R. J. Scaringe, CEO y fundador de Rivian.

Es la nueva empresa estrella de los vehículos eléctricos. El fabricante de camionetas Rivian ha conseguido el mayor debut en Bolsa del año, y vale ya más que Ford –uno de sus accionistas–, y eso que solo ha entregado 156 automóviles. El apoyo de Amazon es clave para que la firma fundada y dirigida por Robert Joseph R. J. Scaringe (Rockledge, Florida, EE UU, 1983) supere incluso a Tesla en expectación, en términos relativos.

Rivian desarrolla y fabrica vehículos comerciales y de consumo, infraestructura de carga y tecnología energética. En particular, se ha especializado en las camionetas. El día 10 captó 13.500 millones de dólares en su colocación. Fijó un precio de salida a Bolsa de 78 dólares por acción, llegó a cotizar a casi 130, y ahora lo hace a 115. Su capitalización se eleva a 98.000 millones de dólares, por encima de los 80.000 millones de Ford. Sin embargo, su fundador posee solo un 2%, lo que equivale a una fortuna de 2.000 millones de dólares.

A Scaringe se le ha comparado con su rival Elon Musk, y es verdad que tienen cosas en común. El de Rivian es muy controlador, y sus empleados lo adoran hasta niveles infrecuentes. Suele vestir de azul y a veces de franela; en su cumpleaños, muchos empleados se visten de ese tejido. Es lo que denominan Día de vestir como R. J. Al igual que Tesla, Rivian vende parte de su tecnología a otras empresas para contribuir al desarrollo del sector. Se diferencian en que Musk ha optado por ir por libre, mientras que Scaringe ha buscado el apoyo de veteranos del motor, como Ford.

El fundador de Rivian está casado y tiene tres hijos pequeños. Calcula que dedica un 5% de su tiempo a su familia, que vive entre Irvine (California) y Bloomington-Normal (Illinois). Él creció en Rockledge, en la Costa Espacial de Florida. Hijo de un ingeniero, desde pequeño mostró un gran interés por los coches clásicos. Por ejemplo, ayudó a un vecino a reconstruir un Porsche 356 en su garaje. Le apasionan también la aventura, la bicicleta de montaña y “cualquier cosa que se mueva”. Admira y colabora con Alex Honnold, un alpinista que escaló sin equipo El Capitán, una pared vertical de 2.308 metros del parque nacional de Yosemite (California).

En el instituto ya se había propuesto construir su propia marca de coches. Se licenció en Ingeniería Mecánica en el Instituto Politécnico Rensselaer, en Nueva York, y se doctoró en el Sloan Automotive Lab del MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Regresó a Rockledge, y en 2009, en plena crisis, fundó Mainstream Motors. Su objetivo era crear una línea de vehículos muy atractivos y respetuosos con la naturaleza.

La familia y los amigos aportaron la financiación inicial, y tanto él como su padre pidieron segundas hipotecas para conseguir dinero. Un pequeño equipo trabajó durante dos años y medio para desarrollar un deportivo de bajo consumo, pero lo abandonaron en 2011. La empresa pasó a llamarse Averra, y luego Rivian (inspirado en el río Indian de Florida, que frecuentaba en un bote de remos cuando era adolescente).

Los empleados le siguieron en 2013, cuando la empresa se mudó a Michigan para estar más cerca de sus proveedores. Él, su por entonces todavía novia y varios trabajadores llegaron a compartir una casa en las afueras de Detroit. Hablaban de coches a todas horas. Cambió de rumbo, centrándose en crear un superdeportivo caro y, cuando volvió a fracasar, optó por una camioneta eficiente y robusta, apuesta que acabaría siendo la acertada. Sus vehículos pueden moverse a través de un metro de agua estancada. Un revestimiento balístico protege la batería.

Éxito, por fin

Tirando del prestigio y los contactos de MIT, Scaringe acabó llamando la atención de inversores saudíes. En 2012 captó por fin 5 millones de dólares. Luego llegaría el apoyo público en forma de créditos y deducciones fiscales por crear empleo. Dio a conocer sus dos primeros modelos en 2018: la camioneta semiautónoma R1T y el deportivo R1S, ambos construidos con una arquitectura que puede usarse como plataforma para una amplia variedad de vehículos. Aceleran de 0 a 100 km/h en 3-4,9 segundos, con autonomía de entre 370 y 660 kilómetros. En 2019, Rivian anunció la incorporación de la furgoneta de reparto de Amazon a su flota, después de que el gigante de Jeff Bezos invirtiera 700 millones de dólares, y prometiera comprarle 100.000 furgonetas eléctricas, aunque no está obligado a hacerlo. Ford aportó otros 500 millones.

Amazon posee el 19% de Rivian y controla el 17,3% de los derechos de voto. Otros accionistas importantes son la firma de inversión T. Rowe Price, Ford, una filial de la firma de servicios Cox Automotive, y la familia Abdul Latif Jameel, concesionaria de Toyota y Lexus en Arabia Saudí. Todos ellos, salvo la filial de Cox, tienen más capital y poder que Scaringe, que posee un 9,5% de los derechos de voto, gracias a que controla todas las acciones de clase B, que valen 10 veces más en las votaciones que las de clase A.

Rivian ha optado por una salida a Bolsa clásica en lugar de mediante una SPAC, como sí han hecho otras empresas del sector. La recaudación la convierte en la mayor OPV del año, y una de las mayores de la historia. Tesla captó 1.500 millones en 2010, y para entonces ya había entregado 1.650 vehículos.

El sector automovilístico en general se enfrenta a la escasez de suministros, en concreto de chips, aunque Tesla está superándola en buena medida, al tiempo que mejora sus márgenes. Otras empresas de la industria del vehículo eléctrico están viviendo grandes subidas en Bolsa: Lucid, por ejemplo, vio recientemente cómo su valoración casi se duplicaba cuando realizó sus primeras entregas. La competencia en el sector no deja de crecer.

Si Bezos está al volante, es Scaringe el que le va dando indicaciones para coger mejor las curvas. Rivian va en cabeza. ¿Llegará la primera a la meta?

La empresa

Rivian tiene instalaciones en California, Michigan, Illinois –una fábrica comprada a Mitsubishi en 2017– y Reino Unido.

Cuenta ya con más de 9.000 empleados. A cierre de 2020, disponía de 4.600 millones de dólares en activos, y un patrimonio neto negativo de 1.384 millones.