El Covid impulsa un turismo deportivo más responsable

Gran parte de las actividades de estos viajes se realizan en el medio natural

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En un año en el que el volumen de viajes ha caído drásticamente, el turismo deportivo se postula como una opción para quienes quieran aumentar las pulsaciones a la vez que disfrutar del entorno a un ritmo más lento. Sobre ello se habló durante el Congreso Mundial de Turismo Deportivo 2021, celebrado por la Organización Mundial del Turismo (OMT) y la Generalitat de Cataluña esta semana en Lloret de Mar.

El turismo deportivo va más allá de entrenar en el lugar de destino, sugirió la directora general de Slow Adventure, Sara Mair Bellshaw, sino que es una forma de disfrutar del entorno de manera más completa, ya que suele tener una vinculación muy estrecha con el medio natural. Es por esto, que la pandemia ha disparado el atractivo de este tipo de viajes, según detalló Timothy O’Donoghue, fundador de Riverwind Foundation, en el parque natural de Yellowstone (EE UU), donde, a pesar de la ausencia de visitantes internacionales, han sumado récord tras récord de aventureros locales. “Los turistas quieren escapar a áreas de menor congestión, por eso las zonas abiertas han sido tan populares. Buscan recuperarse del estrés de los lugares confinados”, describió.

Una moda que contribuye a concienciar sobre el medio ambiente. “Cuando practico deporte voy siempre por los caminos trazados, procuro ir en silencio, sin molestar a los animales. Si viajas para algo así, realmente entras en contacto con estos espacios”, compartió el deportista Kilian Jornet, que participó en el congreso en forma de holograma. Esta mentalidad no solo ayuda a reducir el impacto en el ecosistema, sino que contribuye a la economía local de forma más sostenible. “Queremos que disfruten de estos lugares y que para ello contraten actividades con negocios de la zona, que prueben la gastronomía de manera lenta... Es una manera de impulsar a las empresas locales”, continuó Bellshaw.

Pero esto no surge por sí solo, sino que es necesario realizar una labor educativa y concienciar de que toda presencia humana tiene un impacto, por pequeño que sea: “No se trata solo de ir a un sitio porque se quiere ir, sin más reflexión, sino que queremos que la gente comprenda las necesidades de la comunidad. Queremos devolver algo en compensación”, prosiguió. Con esta filosofía fundó la asociación Slow Adventure, donde los clientes donan el 5% del precio de las actividades que contratan a proyectos de conservación. “Les gusta mucho porque, de alguna manera, se sienten como guardianes del lugar”, comenta la emprendedora.

Si no se hace de manera sostenible, sin embargo, esto podría tener una repercusión negativa. Es lo que ya ha observado O’Donoghue en Yellowstone: “El incremento de visitantes ha provocado un aumento en la demanda de transporte, así como una importante presión sobre las empresas de actividades y las fuerzas del orden”, alertó. Una cuestión que también ha afectado a los propios habitantes de la zona, pues el creciente interés por el parque ha derivado en una subida del precio de la vivienda. “Tenemos que ver cómo logramos un equilibrio entre los visitantes y los residentes para que haya alojamientos disponibles para todos”, comentó.

El turismo deportivo genera un impacto de 558 millones de euros anuales solo en Cataluña, pero esta cifra no se puede alcanzar solo con las pequeñas compañías locales, sino que también forman parte de la industria los maratones y las ferias. Por eso, Lisa Delpy Neirotti, profesora de la universidad de George Washington, hizo hincapié en que también los grandes eventos deben ponerse bajo la lupa de la sostenibilidad. “Cada vez más se busca tratar de reducir el impacto ecológico del evento. Si se va a construir un estadio, ¿qué se va a hacer después con él? Si se construye una línea de metro nueva, ¿realmente se necesita?”, planteó.

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