Financiación

La banca se blinda del alza de las rentabilidades y acelera la venta de deuda soberana

Desde los máximos de 2020 se deshace de más de 27.000 millones de euros

Su peso sobre el total de la deuda cae al 13,17%, mínimo histórico

El estallido de la pandemia supuso un punto de inflexión. Las entidades que en los últimos años se habían afanado por reducir su exposición al riesgo soberano, volvieron a jugar un papel decisivo para garantizar la financiación del Estado. En cuestión de seis meses los bancos engordaron su cartera de deuda en 40.056 millones, hasta los 176.768 millones registrados en agosto de 2020, niveles que no se veían desde 2015.

Las medidas puestas en marcha por el BCE para contener el alza de las rentabilidades y apuntar la recuperación pronto tuvieron sus frutos. Con la financiación asegurada la banca ha ido poco a poco rebajando la tenencia de bonos patrios y en 12 meses han reducido su exposición en 27.064 millones, hasta los 149.704 millones registrados en agosto de este año, último dato disponible.

Aunque el esfuerzo de los bancos ha sido una constante a lo largo de 2021, las tenencias de deuda soberana continúan estando un 9,5% por encima a las registradas en febrero de 2020 (136.712 millones), antes de que la pandemia hiciera su incursión Europa. Lo que sí ha logrado recuperar niveles pre-Covid, e incluso marcar nuevos mínimos históricos es el peso de los bancos sobre el total de la deuda soberana española, que alcanza el 13,17%, inferior al 13,75% de hace 21 meses.

La venta de deuda pública española en manos de los bancos se ha visto acelerada en los últimos meses al calor del repunte de la inflación y el alza de las rentabilidades. Como muchos otros inversores, los bancos buscan blindarse de las pérdidas asociadas al repunte de los rendimientos en un contexto en el que los bancos centrales empiezan a preparar su retirada. Con la Reserva Federal reduciendo las compras de bonos a un ritmo de 15.000 millones de dólares al mes, el mercado ha empezado a poner en precio una subida de tipos para 2022. Aunque este horizonte está mucho más lejos en la eurozona, los inversores se preparan para el fin de las compras del programa antipandemia puesto en marcha por el BCE.

A las novedades en materia de política monetaria se une la rebaja de las previsiones de crecimiento para el Viejo Continente en general y para España en particular. En las últimas semanas organismo internacionales (Comisión Europea, el FMI) y nacionales (Banco de España, la Airef y Funcas) han puesto en cuestión las previsiones en la que se basa el Presupuesto de 2022.

Mientras la banca ha ido adelgazando su cartera de deuda, el BCE la ha ido elevando. Bajo el marco del programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP) puesto en marcha en marzo de 2020, el organismo que preside Christine Lagarde a través del Banco de España se ha hecho con bonos soberanos por valor de 147.200 millones, hasta los 359.917 millones de euros registrados a cierre del pasado mes de agosto, máximo histórico.

El 61% del total de deuda comprada por el BCE fue adquirido entre marzo y diciembre de 2020, coincidiendo con los meses más duros de la pandemia. La ayuda puesta en marcha por el BCE ha permitido a los estados mantener bajo control los costes de financiación en un momento de intensa actividad para los tesoros nacionales. Aunque el regulador no acude las subastas de deuda, su presencia en el mercado ha sido decisiva para que el coste de la deuda en circulación haya caído al 1,669%, mínimo histórico, y España lograra en diciembre de 2020 cobrar por su deuda a 10 años por primera vez en su historia, una hazaña que hasta el momento estaba reservada a Alemania, Francia, Suiza y Japón.

A pesar de la intensa actividad del BCE, los inversores extranjeros continúan siendo los principales acreedores. Su presencia en el mercado español se ha mantenido estable a lo largo de la pandemia y a cierre de agosto tenían en su poder bonos patrios por valor de 497.475 millones, ligeramente por debajo de los 500.444 millones registrados en febrero de 2020. Lo que sí ha sufrido una notable alteración es el peso de los no residentes sobre el total de la deuda soberana española que se sitúa en el 43,76%, el porcentaje más bajo desde 2014 y lejos del máximo de 50,33% que marcó antes del estallido de la crisis. Esta relativa pérdida de protagonismo ha coincidido con un notable aumento de la deuda en circulación que ha pasado de los 993.990 millones registrado en febrero de 2020 a los 1,13 billones que se marcaron en agosto, último mes del que se disponen datos.

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