Chris Hohn, el activista que pasó de pensar en los niños a luchar por el clima

El fundador de The Children’s Investment Fund es accionista significativo de Cellnex, Aena y Ferrovial

El inversor activista Chris Hohn.
El inversor activista Chris Hohn.

Implacable en los consejos de administración, es el más famoso inversor activista por el clima, pero la causa que más le ha movido a lo largo de su carrera es la de los niños pobres. El multimillonario Sir Christopher Chris Anthony Hohn (Addlestone, Surrey, Inglaterra, 1966) acaba de incrementar su participación en Cellnex hasta el 5,005%. También es accionista significado de Ferrovial y de Aena.

The Children Investment Master Fund (TCI) y Children Investment Fund Foundation (CIFF), ambos vinculados a Hohn, han superado de forma conjunta el límite del 5% del capital de Cellnex. Eso lo sitúa como quinto accionista, igualado con Canada Pension Plan Investment Board, y por delante de Fidelity, Criteria y Norges Bank.

Pese a que tiene una fortuna de más de 5.000 millones de euros, según Forbes, lleva un estilo de vida “muy sencillo”; no come carne y practica yoga. El juez de su proceso de divorcio lo calificó de “estilo de vida Swatch”, en oposición al de la “jet set”. Sus inicios fueron humildes. Su padre, Paul, era un mecánico de coches de origen europeo nacido en Jamaica que se trasladó a Gran Bretaña en 1960, y su madre, Winifred, era una secretaria legal de East Sussex.

Chris sacaba excelentes notas en el instituto. Aunque se planteó estudiar medicina, para ayudar a los demás, hizo contabilidad y empresariales en la Universidad de South­ampton. “Un sueño sin recursos es solo eso. Yo quería ser filántropo igual que otros querían jugar al fútbol en el Chelsea”, explicó en los tribunales. Aceptó un trabajo en banca en Filipinas; allí le produjo una gran impresión ver niños rebuscando comida en un vertedero.

Hizo un MBA en Harvard y se graduó en 1993 como Baker Scholar (es decir, estaba entre el 5% con mejores notas). En una fiesta conoció a Jamie Cooper, estudiante de gestión pública nacida en Chicago. Al casarse, ambos adoptaron el apellido del otro para convertirse en Cooper-Hohn, aunque él siguió siendo conocido como Hohn. Tienen cuatro hijos, incluidos trillizos: Keiko (22 años), Joya, Alex e Indie (20).

Hohn empezó trabajando para el grupo de private equity Apax Partners. En 1996 pasó a hacerlo con Richard Perry en Perry Capital, hedge fund de Wall Street. En 1998 fue nombrado jefe de operaciones en Londres. En Perry ganó unos 88 millones de libras, gestionando 1.200 millones en activos.

Junto a su esposa, que había trabajado en varias organizaciones caritativas, ideó un hedge fund que donara parte de sus ganancias. En 2003 nació The Children’s Investment Fund, TCI –orientado a la inversión value a largo plazo– y la fundación correspondiente, dirigida por su mujer, y dedicada a proyectos de salud y educativos para niños de países pobres. La fórmula original incluía transferencias del 0,5% de los activos del fondo cada año, y un 0,5% adicional por cada ejercicio en el que obtuviera rendimientos superiores al 11%.

Jamie Cooper decía que a él le “apasionaba” ayudar, mientras que ella era más “pragmática”. Las donaciones, aseguraba, no eran para lavar la cara del fondo, sino un estímulo verdadero para Hohn. El hedge fund es propiedad de un holding registrado en las Islas Caimán.

Ganar dinero es para él una forma de demostrar que tiene razón. “Mi vida gira en torno a la caridad”, afirmó ante el juez. “Aprendí muy pronto que no puedes llevarte el dinero contigo. No te da la felicidad”. Ha tenido importantes conflictos, como con Werner Seifert, a quien consiguió destituir como jefe de Deutsche Borse. “Hohn es increíblemente arrogante y el típico ermitaño”, acusó. El inversor también fue clave para que Royal Bank of Scotland adquiriera ABN Amro en 2007; RBS acabaría siendo rescatado por el Estado.

En 2013 Hohn inició los trámites de divorcio, negándose a dar a su esposa la mitad de su fortuna: solo consideraba justo un 25%. Los tribunales fallaron que fuera el 36%, que entonces eran 460 millones de euros. Luego su exmujer ganó otro juicio, por el que recibió 320 millones de euros de la fundación. A resultas del proceso, el fondo y la fundación se separaron. El primero ya no dona a la segunda de forma contractual, aunque puede hacerlo de forma discrecional.

En la pandemia, Hohn ha aportado 2,7 millones de euros para comprar máquinas diagnósticas de Covid para hospitales británicos. Pero desde hace unos años, su verdadero foco de interés es el clima. La donación individual más importante de su fundación es para Extinction Rebellion, una organización global ambientalista que promueve la deso­bediencia civil no violenta. Les ha dado no menos de 230.000 euros, aunque el acuerdo estipula que son para hacer propaganda, no para actos controvertidos, asegura Extinction.

Empresas

En los consejos de sus participadas, Hohn presiona duramente para dar más importancia a los temas ambientales en la gestión y en los informes. Lo consiguió en Aena, en la que mantiene un 6,575% (tras desprenderse de casi un punto en primavera), y es el único accionista relevante aparte de la pública Enaire, que posee el 51%. También ha llevado su activismo a Ferrovial, dueña del aeropuerto de Heath­row, y de la que Hohn controla un 5,172%.

El último movimiento del multimillonario lo protagoniza la puja por la operadora ferroviaria norteamericana Kansas City Southern. TCI es accionista tanto de Canadian National como Canadian Pacific, las dos competidoras, y Hohn ha presionado para que la primera se retirara de la carrera.

Su hedge fund gestionaba hace un año unos 26.000 millones de euros en activos, mientras que la fundación posee unos 5.000 millones. Hohn tiene tiempo, dinero y ganas para seguir dando guerra.